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Ambos chicos se encontraban en el restaurante. Han observaba cómo la mesera traía una gran cantidad de comida. Quería ser agradecido, pero la simple presencia de Minho le incomodaba.

—¿Puedes comer de todo? —preguntó Minho, mirando a Han con curiosidad.

—Por supuesto, ¿por qué no podría? —respondió Han, con un tono un tanto defensivo.

Dicho esto, Han tomó el plato con la carne, listo para echarla en la sopa y cocinarla, pero Minho le quitó el plato con delicadeza.

—La carne se pone cuando estás a punto de comer —dijo Minho, con una sonrisa—. No me digas que nunca has estado en un restaurante de este tipo.

—He... visto a personas comiendo en mi barrio —admitió Han, un poco avergonzado.

—El chico rico de la gran ciudad tiene una vida dura lejos de casa —bromeó Minho, aunque con un tono amistoso.

—Mejor deja de hablar y dime cómo se come —replicó Han, deseando cambiar de tema.

—Te mostraré —dijo Minho, con calma—. Primero, colocas las verduras y tapas la olla. Mientras tanto, mezclas la carne y luego la cocinas, una por una. Pero no la cocines demasiado tiempo o la carne se pondrá dura.

Minho sacó sus palillos de la sopa, con un trozo de carne listo para comer. Se lo acercó a Han, quien lo miró en silencio.

—El buen chico no es exigente con la comida —dijo Minho, sonriendo.

Sin objeciones, Han comió la carne que Minho le ofreció, mientras este lo miraba con una sonrisa satisfecha en el rostro.

—¿Sabroso? —preguntó Minho, divertido.

—No está mal —respondió Han, intentando no mostrar mucho entusiasmo.

...

Después de la comida, ambos se encontraban en el estacionamiento frente a la moto de Minho. Han sacó su billetera y le ofreció dinero a Minho, pero este lo rechazó.

—Los hyungs no aceptamos dinero de los dongsaengs —dijo Minho, con un tono firme.

—Gracias, hyung, pero deberías aceptar este dinero y cuidar mejor de ti mismo. Tus tenis están viejos —comentó Han, señalando los zapatos desgastados de Minho.

Ambos miraron los tenis de Minho, que en efecto, estaban bastante rotos.

—Oye, es mi estilo —respondió Minho, medio en broma, medio en serio.

—Entiendo, tu estilo —repitió Han, asintiendo.

—Te llevo. Súbete antes de que cambie de opinión —dijo Minho, señalando su moto.

Finalmente, llegaron al departamento. Minho acompañó a Han hasta la puerta. Cuando estaba seguro de que Han estaba por entrar, comenzó a alejarse, pero Han lo detuvo.

—¿Por qué no vas al dormitorio de Ploy? —preguntó Han, sin poder evitar la curiosidad.

—Ploy no estará aquí esta noche, así que voy a descansar en mi casa —respondió Minho, encogiéndose de hombros.

—Entonces, ¿solo me acompañaste hasta aquí? —insistió Han, buscando una explicación.

Al escuchar eso, Minho se acercó a Han, demasiado cerca, tanto que parecía que se iban a besar, aunque era evidente que eso no pasaría.

—Bueno, a menos que quieras que vea una serie contigo —sugirió Minho, con una sonrisa traviesa.

Han solo podía fijar su mirada en los labios de Minho, perdido en la tentación de volver a probarlos. Pero solo le tomó unos segundos decidirse y cerrar la puerta en la cara de Minho, evitando así cualquier posibilidad de ceder a sus deseos.

Mecánica del amor /ADAPTACION/Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora