Una de las ventajas de ser una persona sin nombre es que sabes donde ir para seguir manteniendo el anonimato. Luego de la reunión con los abogados, se dirigió a una habitación de motel. Gracias a sus contactos por sus trabajos anteriores le dejaron la habitación más barata, aquella ubicada al lado de la panadería.
Tenía solo una cama con una ventana trizada. Pero era económica y el dueño no anotó nombres ni hizo preguntas. Y tenía entras eléctricas, con lo que podía mantener las baterías y actualizaciones que requería Zero, además de poder observar su situación navegando por la web.
Quizás por la cantidad de acontecimientos o emociones, había podido recordar varios eventos de su pasado y su anomia se había extinguido. Pero empezaron los dolores de cabeza. Cefaleas fuertes e invalidantes. Dada las circunstancias, no lo había comentado al doctor... ¿cómo podría examinarse evitando toda la seguridad? Era mucho trabajo. Además, aunque le dolía ser tan racional, su cuerpo reacondicionado no podía ser analizado como los de un humano común. Si tenía partes artificiales, ignoraba cómo podrían reaccionar antes diversos estímulos. No quería probar su suerte quemándose internamente por hacerse un scanner... aunque ya había tomado uno, pero allí era ignorante de esos riesgos.
-¿Puedo ayudar a la Masterkey?- escuchó la voz artificial de Zero desde audífono.
-No, gracias- contestó la rubia, echándose descuidadamente en la cama. Se podía dar el lujo de hacer eso luego de limpiar y cambiar las sabanas de esa habitación, luego de cerrar el trato con el dueño. -¿No hay novedades, verdad?-
-Nada en la prensa oficial. En los canales extraoficiales no he podido entrar. Han aumentado la seguridad y monitorean continuamente-
-Entiendo, gracias. Por favor hiberna, y procura realizar tus actualizaciones- Marjorine empezó a acurrucarse en la cama. El dolor de cabeza estaba amainando, pero aun era doloroso. Pero gracias a Zero podría descansar.
Escuchó un sonido de desvinculación con el audífono.
Volteó mirando al techo. Le dolía la cabeza y no quería intervenir a Zero buscándole medicinas o causas. Solo quería relajarse un poco. Nunca había probado el no hacer nada. De hecho, no podía estar completamente quieta debido a la necesidad de cargar la batería de Zero y de sus mismas partes incorporadas. Repasó mentalmente el giro dramático de acontecimientos.
¿Sería mejor ir a la policía a solicitar ayuda? Su madre lo había intentado y le fallaron, ¿por qué sería diferente en esta ocasión? Otra cosa que la preocupaba era su condición. Ya sabía el origen, sus recuerdos empezaban a llegar y la anomía se había resuelto, pero... ¿estaría bien? Es decir, ella era un hibrido humanoide con capacidades relacionadas a la electricidad y, gracias a su extensión con Zero, informática. ¿Podría seguir siendo humana? Dada su situación, aparentemente irreversible, ¿Qué tan humana seguía siendo? ¿sería mejor para la humanidad su desaparición? Aparentemente esa era la respuesta de su padre.
Su padre era un tópico complejo por si mismo. Pero lo que más le preocupaba era su hermano: Leopold estaba en algún lado indeterminado. ¿Si ella era el caso exitoso del experimento, que pasó con él?
Tantas preguntas. Ninguna respuesta. El dolor volvía
Marjorine tuvo que detener su hilo de pensamiento debido a un par de toques en su puerta. Con la agilidad de un gato asustado, se mantuvo cerca de la puerta sin hacer ningún ruido, su corazón estaba a mil. ¿No había dicho Zero que no había novedades?
-Parece que no hay nadie, hijo- escuchó al recepcionista de turno.
-¡Solo es tímida! ¿Margarita, podrías abrirme, corazón?-
Esa voz la reconocería en cualquier parte. Sorprendida giró la manija para ver a Kenny. Vestía unos vaqueros azules con una playera muy promedio, para nada lo que utilizaba de manera regular. Además de verse descuidado. Realmente pasaba totalmente desapercibido. Un trabajo digno de un detective.
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Bunny - Mi nombre es...
FanfictionUn extraño chico provoca la ira de una grupo de cuatro adinerados magnates de Denver. Este incidente sin importancia desatará la curiosidad pero... hay secretos que no deben aclarase.
