En la boca del lobo

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Los sonidos de cargas e instalaciones en la computadora de celular del moreno mantenían a Stan interesado en los cambios que podía observar las pantallas, que repentinamente cambiaban de color azul a negro. Le sorprendía ver como las manos de Martha danzaban veloces por los teclados, insertando letras y números. Según recordaba ella no había utilizado ningún objeto tecnológico hasta que Kenny le regalo un celular antes de su viaje de negocios. No tenía sentido.

-Martha- llamó a la chica, quien solo respondió con un ligero "ah?"- ¿Qué estás haciendo?-

-Estoy utilizando el servidor como reservorio principal y estoy dividiendo partes similares en su computadora y celular, solo en caso de emergencia- respondió tranquilamente, sin dejar de escribir ni mirara la pantalla.

-Ya veo...- respondió. Sinceramente no entendía nada de lo que le fue explicado, pero no parecía que iba a obtener más información en ese momento. Al poco tiempo, la chica se levantó y le entregó un dispositivo pequeño -¿y esto...?-

-Doctor, aunque no sea seguro, será necesario que escuche todo esto para entender lo que ha pasado...- dijo la chica, mientras acomodaba su mochila -Ese es un audífono, póngaselo y haga todas las preguntas que necesite. Yo iré a las duchas. Si la voz dice algo importante, por favor búsqueme lo antes posible-

-¿No sería mejor que me expliques tú lo que esta pasando?-

-Lamentablemente... si se lo digo yo, me va a internar- contesto la chica sin detener su caminata -la prueba de que esto es real es lo que va a escuchar y, tal vez, observe en las pantallas-

Luego de escuchar la puerta cerrarse, estaba solo en la habitación del servidor principal. Pese a utilizar solo programas básicos y de estudios, el hospital contaba con un gran espacio para informática, principalmente como soporte en caso de bajas de voltaje y para resguardar archivos de los pacientes, con el objetivo de dar cumplimiento a la normativa sanitaria local. Pudo llevar a Martha fácilmente allí porque el encargado solo se presentaba cuando había que hacer mantenimiento y/o había algún desperfecto, de allí en más todo se hacía con sistema de teletrabajo.

Desorientado, en esa extraña sala con pantallas azules que mostraban letras sin significado para él, posicionó el audífono y procedió a escuchar una voz artificial. Los sentidos de Stanley Marsh fueron abrumados por la cantidad de información que le fue compartida: sobre unos experimentos que explicaban el origen de las extraordinarias habilidades de Marjorine. Porque esa era el nombre real de la extraña de ojos claros. La voz que se identificó como Zero, le explicó sobre el verdadero motivo de la invasión de militares en la ciudad, sobre la situación actual de la chica: ya había sido descubierta por sus persecutores y estaban cerrando cada vez más su círculo.

-¿Por qué no se han ido, entonces?-consultó el psiquiatra.

-Principalmente porque han investigado los datos de tránsito- respondió Zero- en este instante están entrevistando a los dueños de automóviles similares al que manejó Marjorine –

Eso explicaba la situación, la pequeña no iba a dejar a Kenny a merced de los militares. Pese a lo podrida de la situación, se sintió aliviado al confirmar que las intenciones de la chica efectivamente no eran malvadas. Estaba tan inmerso en la conversación con Zero, que no notó cuando Marjorine había regresado. Tenía el cabello ligeramente húmedo, con un color castaño oscuro.

-¿Teñiste tu cabello?- se sorprendió el hombre. Ella asintió.

-Cuál es la situación, Zero- consultó la chica. La respuesta imposiblemente rápida volvió a impresionar al galeno, quien observaba como al terminó de la frase, todas las pantallas derivaban información de diversos medios: prensa local internacional, fotografías, grabaciones que mostraban al personal militar moviéndose por la zona y mapas actualizándose en tiempo real. Los ojos de la chica se movían veloces a través de esos caracteres, enfocándose solo en los importantes -...o no- se lamentó.

Bunny - Mi nombre es...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora