¿Megan?

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-¡Léeme otro cuento, por favor!- solicitaba una pequeña niña castaña con una sonrisa enorme.

-Por supuesto, señorita- contestaba, rauda abría una página del libro de cuentos infantiles-¿quieres que te lea el de Blanca Nieves?-

-No quiero ese- le respondió agitando su cabeza. Con decisión agarró un grueso tomo de "Harry Potter"-¿Puede ser este?-

-Pequeña, es muy grande- contestó la rubia de ojos celestes-¿Te gustaría el del patito feo? Este lo leeremos en otra ocasión, ¿esta bien?-

-Bueno- contestó desganada, pero se consoló de que su niñera siempre cumplía su palabra, así que seguramente pronto iba a poder avanzar en la historia de magos. Esta noche iba a conformarse con la historia del patito.

La habitación se llenó de una voz dulce. Esa voz neutra que utilizaba para el narrador. Luego, en los diálogos modificaba un poco, para poder interpretar a los personajes. Desde el marco de la habitación se encontraba el hermano mayor de la pequeña. Kenneth llegaba siempre muy tarde del trabajo, por ello eran muy pocas ocasiones en las que podía observar escenas tan tiernas como aquella: su hermana acurrucándose cada vez más en la cama, mientras los rápidos ojos de la lectora observaban las reacciones de la pequeña, empezando a bajar cada vez más su voz. Hasta dejar la narración inconclusa, pues la pequeña oyente caía siempre dormida. Con suavidad acomodaba el libro de cuentos en su lugar y cubría el brazo de la pequeña durmiente.

Esa era la señal de Kenny para retirarse al salón. La primera vez que vio este tipo de escenas simplemente se acercó a la chica suavemente por la espalda, ocasionándole un susto de muerte. Gracias a sus reflejos rápidos para taparle la boca, amortiguando el grito que hubiese despertado a Karen.

En otra ocasión la asustó escondiéndose tras el sillón y saltando sorpresivamente. Jamás hubiese pensado que esa chica tan delgada tuviese un gancho izquierdo tan potente. Tuvo que llamar a Stan para que le revisara la nariz, le colocará los puntos e intentará calmar a la rubia que estaba disculpándose por todo eso.

-¡Lo siento tanto!- decía mientras se frotaba los nudillos

-¿Eres de verdad una chica?- consultó Stan. La rubia asintió. Kenny observaba que en ningún momento pareció ofenderse con la pregunta-¿cómo puede ser que tengas tanta fuerza? Le rompiste la nariz-

-De veras lo siento tanto...- seguía diciendo-Y con lo bueno que es... eh...- en esa parte de las oraciones empezaba a intentarlo. Stan se enternecía con la extraña chica.

-Kenny- la ayudaba a completar.

-Kenny es muy bueno conmigo y yo lo lastimé...- decía apenada-yo entiendo si no me quiere más en su casa. Solo me despediré de... de... la pequeña y... tomaré mis cosas. Tengo muy pocas, así que lo hare de inmediato-

-¿Piensas que por algo como esto te voy a echar?- consultó el rubio. La chica asintió -La única solución es que me cuides-

-¿Confía en mi?- le consultó la mujer, recibiendo una extraña sonrisa, debido a la hinchazón de la nariz-¿No tiene miedo?-

-Sólo procuraré no asustarte...-

-Ni hacerla enojar- completó Stan-Yo también procuraré no hacerlo-

Con ayuda de los abogados Eric C. y Kyle B. lograron redactar un contrato para la desconocida, el día después de conocerse. Trataron de sonsacarle algún nombre que sirviera para firmar el documento... Sin éxito. La rubia mal vestida jamás completaba un nombre, ni algún antecedente útil. Solo respondió apenada "no recuerdo".

Le repitieron miles de veces sus nombres, pero no podía retenerlos. Era un caso extraño, así que decidieron darle algún nombre, que sonara bien. Lo único que pidió la chica fue que empezara con la letra M. Al consultarle el motivo, señaló una pulsera metálica en su muñeca izquierda, la cual tenía grabada esa letra junto con unas decoraciones de líneas y puntos. "Quizás tiene algo que ver con mi nombre" concluyó.

Bunny - Mi nombre es...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora