En un mundo donde los demonios son temidos, poderosos y malvados, matan personas inocentes cuando tienen ganas y no hay muchas cosas que los puedan detener.
Por eso existen los cazadores, ellos son personas de corazón valiente que asesinan a estos...
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...
Era medio día, aún no había comido nada y la despensa estaba vacía.
Dazai no quería salir, pero solo le quedaba un trozo de pan duro que Atsushi le había llevado un día antes, así que se levantó, tomó dinero, y dispuesto a salir, abrió la puerta, pero antes, su vista se fijó en el sombrero colgado en el perchero junto a la puerta... Suspiró amargamente, colocándolo sobre su cabeza.
Al bajar por la colina, las miradas de todos se pasaron en él, no solo porque se veía demacrado, sino, porque durante meses no lo habían visto por ahí, ¿Desde cuándo se había vuelto tan extraño ver al cazador del pueblo? Esa era otra de las razones por las que Dazai se resistía tanto en salir, las personas lo miraban con lastima disfrazada de amabilidad.
Kenji fue el primero en saludarlo mientras terminaba de cargar algunos leños, aunque, claro, Kenji nunca podría ser descortés con nadie y en realidad todas sus sonrisas siempre eran sinceras, por lo qué al verlo pasar, no perdió tiempo en gritarle, "¡Muy buenas tardes, Dazai!" Con esa radiante y dulce sonrisa.
El cazador le contestó tan amable como pudo, e intentando que su sonrisa fuera igual de sincera sin que se viera forzada por lo incómodo que se sentía al ser observado. El siguiente en saludarlo fue Kunikida, quien a pesar de fingir odiarlo, se había preocupado todo ese tiempo por su bienestar.
La gente lo fue saludando conforme pasaba como si se tratara de alguien famoso, hasta que al fin, logró llegar a la tienda de Fukuzawa. Empujó la puerta, haciendo sonar la campanita que le avisaba al dueño por algún cliente, y de inmediato la mirada verdosa de Rampo se fijó en él con un gesto de alegría.
—¿Lo ves? Te dije que vendría hoy. —señaló el azabache al cazador parado en medio de la tienda.
—No solo porqué lo hayas visto regando sus flores quiere decir que tenías razón. —lo corrigió el mayor, apareciendo de pronto con una toalla en sus manos, limpiando los restos de harina entre sus dedos. —Hola, Dazai. —saludó acercándose con la mano extendida.
—Hola señor. —saludó de regreso. —El lugar huele delicioso.
—Atsushi es quien se encarga de eso. —Ranpo gritó el nombre del niño haciéndolo aparecer de inmediato en la puerta con la carita llena de harina.
Sus ojos bicolor brillaron al ver al cazador cómo si hubiera visto a su superhéroe favorito, se emocionó tanto que incluso dió saltitos en su lugar.
—¡Señor Dazai! —exclamó alegre.
—Pequeño, ¿Creciste tanto en pocos meses? —con suavidad revolvió los cabellos blancos del niño que inclinó la cabeza con diversión.
—¡Le voy a contar a Ryu! —le informó al azabache, quitándose el pequeño delantal hecho a su medida.
—¡No te tardes! —gritó Ranpo, pero fue inútil, el niño ni siquiera lo escuchó porque ya había salido a toda prisa de la tienda. —Ahg... Como sea. —suspiró. —Desde que ambos son amigos pasan todo el tiempo juntos y no se separan nunca.