En un mundo donde los demonios son temidos, poderosos y malvados, matan personas inocentes cuando tienen ganas y no hay muchas cosas que los puedan detener.
Por eso existen los cazadores, ellos son personas de corazón valiente que asesinan a estos...
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Caplargo.🫰🏻
...
Ranpo no era un persona que pudiera ponerse de mal humor con facilidad, pero si alguien llegaba a despertarlo a las cuatro y media de la mañana, por lo menos esperaba que fuera Poe.
Caminó con una lámpara de aceite en su mano derecha mientras se frotaba el rostro con la otra y abría la puerta bostezando, pero todo el sueño que tenía se desvaneció al instante en que vio a Dazai parado en la entrada, y detrás suyo...
—¡Mierda! —exclamó. No lo veía del todo bien por la falta de luz, pero al levantar un poco más la lámpara, casi da un paso atrás. —No esperaba que fuera tan... Parecido. —trató de hablar con calma, pero su curiosidad era inmensa ahora que lo tenía de frente. —¡Es igual a él! Ni siquiera puedo encontrar una diferencia que no sean esos cuernos o sus ojos.
—¿Podemos pasar? Alguien puede verlo.
—Aquí no. —dijo saliendo de la casa, cerrando la puerta tras él. —Akutagawa y Atsushi están durmiendo, pero ellos no son el problema, si mi padre lo ve... Mejor vayamos a la biblioteca.
Siendo lo más silenciosos posible, se dirigieron hacia la casa de Poe, aunque en el camino, Ranpo no dejaba de observar al demonio pelirrojo; llevaba una capa grande que le cubría gran parte del cuerpo, pero se notaban sus cuernos, y su estatura, su complexión, incluso su tono de voz al decirle, "Hola" sonaban iguales a Chuuya... Ahora lo entendía.
Dazai tenía todo el derecho de faltar a su palabra como cazador con solo verlo. No lo culpaba, después de todo, cualquiera que lo viera pensaría inmediatamente en Chuuya Nakahara, y para el castaño, seguramente fue una gran tortura irónica que fuera un demonio.
Al llegar a la biblioteca, todo estaba en penumbras como normalmente lo estaría a esas horas; los muros de piedra y madera crujían con el viento nocturno, pero en su interior aún quedaba una luz cálida al fondo del pasillo.
Ranpo empujó la puerta sin tocar, y caminaron hacia donde había algunas velas encendidas junto a una figura caminando de un lado a otro con libros entre sus manos. —¿Qué haces despierto a estas horas, Edgar? —preguntó asustandolo por su repentina voz interrumpiendo su silencio.
—¡Ranpo! —exclamó casi dejando caer lo que sostenía. —¿Qué haces tú aquí a esta hora? Pensé que... —pero se detuvo en seco al ver al par de figuras que lo acompañaban. —¿Dazai? —sus ojos se clavaron en la otra persona, hasta que... —¡¿Es él?! —Ranpo asintió sin más, y el bibliotecario retrocedió solo por precaución, aunque le impresionaba ver la viva imagen de Chuuya. —No puede ser.
—Claro que puede. Aquí está. —señaló obvio, acercándose a la pequeña mesa donde sus libros y anotaciones han estado abiertas durante días, pues le prohibió a Poe moverlas de su lugar. —Bueno, ahora que estás aquí. —dijo mirando al pelirrojo. —Cuéntanos sobre ti.