En un mundo donde los demonios son temidos, poderosos y malvados, matan personas inocentes cuando tienen ganas y no hay muchas cosas que los puedan detener.
Por eso existen los cazadores, ellos son personas de corazón valiente que asesinan a estos...
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Sus párpados temblaron brevemente y sus ojos se abrieron. Arahabaki despertó con un estremecimiento, la frente perlada de sudor, el pecho alzándose con dificultad.
El olor a sangre flotaba en el aire y lo primero que sus ojos captaron fue una mancha carmesí extendiéndose por el suelo de piedra. Su alrededor estaba oscuro, el techo no era de madera como el de la cabaña, sino, más bien de piedra. Estaba helado, todo estaba húmedo.
Giró la cabeza lentamente y lo vio. —¿Cazador? —murmuró sentándose. —¿Dazai? —se levantó. Dio unos cuantos pasos desorientados hasta que lo notó...
La celda, las rejas, el cazador cayó al suelo, jadeando con la vista nublada, la sangre caliente goteando por su costado mientras luchaba por mantenerse en pie con la espada firme en su mano.
¿Qué estaba pasando? En un parpadeo vio a Fyodor abalanzándose contra Dazai. Aunque tampoco se veía mejor, al contrario, el demonio también sangraba, su frente se fruncía de furia y sus garras afiladas trataban desesperadamente de hacerle daño.
Contuvo el aire, algo dentro de él sintió rabia extendiéndose por todo su pecho al ver la escena, pero cuando sus ojos se encontraron con Sigma en el piso, inconsciente, con sangre rodeándolo, no se acobardó. Su mente se desconectó sin su permiso como si hubiese entrado en un trance.
¿Cómo pudo dormir sabiendo que esto sucedería? No lo pensó más. Sus manos sujetaron los barrotes doblándolos sin esfuerzo alguno, pues la gravedad los aplastó en cuanto los tocó.
Se acercó rápido, interponiéndose entre Fyodor y Dazai, más específicamente, cubriendo el cuerpo del cazador.
—¡¿Cómo te atreves a interponerte?! —gritó el demonio, molesto, sacando los dientes unos segundos.
—¡Alejate de él! —sus manos temblorosas no eran impedimento para mantenerse firme, pero si eran un recordatorio de que no estaba en las mejores condiciones para ser valiente.
—¡ES UN HUMANO!
—¡YO TAMBIÉN! —dijo mirándolo con una expresión amenazante, furiosa, que hizo a Fyodor quedarse quieto. —¡¿No es así?!... Ya no puedes negarlo, ¡Se que fui un humano!
El demonio permaneció en silencio, por un momento. Pareció estar acorralado por ser descubierto en su mentira, pero su expresión preocupada desapareció cuando bajó la mirada hacia los brazos del pelirrojo. Sonrió cínico, relajando su postura como si ya no le importara nada. —¿Un humano? —repitió burlesco. —Sí. Sin duda lo fuiste. —asintió, caminando suave de un lado a otro mientras hablaba. —¿No estás feliz por eso, cariño? Te ves mejor, eres más fuerte y sin duda, conmigo has estado mejor. —Dazai detrás de Arahabaki frunció el ceño, pero no pudo decir nada, pues él demonio se adelantó. —…Eres mío. —dijo con una sonrisa torcida. —Fuiste creado para eso, ¡¿LO HAS OLVIDADO?!
La expresión de Arahabaki no titubeó, aunque su cuerpo temblaba, su mirada era un fuego intenso que ardía no por su sangre demoníaca, sino por algo más humano, más real.