11

707 99 33
                                        

Pasó un día entero sin señales de su presencia

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Pasó un día entero sin señales de su presencia. Luego, otro, y otro.

Dazai no era esa clase de hombre que esperaba mucho de las cosas que podría o no recibir, pero en esta ocasión era diferente, porque ahora... Con cada crujido de ramas fuera de la cabaña, cada sombra que se deslizaba entre la niebla del bosque, su corazón latía con fuerza, ilusionado, creyendo que podría ser él, pero cuando más días vinieron, también lo hizo el silencio que antes hizo un hueco en su pecho.

Ya no encendía la chimenea por las noches, ya no cocinaba pensando en compartir.
El guiso de zanahorias y jengibre que había preparado con torpeza se quedó frío sobre la mesa con su cuchara intacta.

Se había dicho a sí mismo que no lo necesitaba, que solo deseaba obtener respuestas, pero en lo más profundo, la verdad lo apuñalaba cada vez que cerraba los ojos; lo necesitaba de vuelta, aunque no fuera humano, aunque nunca supiera quién era realmente.

Y aún así... Él no volvió.

La mañana del sexto día amaneció gris, soplando con un viento peligroso que recorría la cabaña y sacudía las ventanas. Afuera, el jardín estaba cubierto de hojas muertas, y Dazai estaba agachado con la mirada apagada, recortando las ramas secas del arbusto de camelias en su jardín.

Sus manos temblaban ligeramente, no por frío, sino por el cansancio de no dormir bien desde que Arahabaki desapareció; corte tras corte, las flores marchitas caían al suelo como un pequeño manto de pétalos secos.

—No ha vuelto, ¿Verdad? —fue entonces cuando Ranpo apareció preguntando sin saludar, deteniéndose a su lado de brazos cruzados.

El cazador no alzó la vista, solo siguió cortando otra flor. —No. —su voz sonó apagada. —No desde hace casi una semana.

El azabache caminó lentamente hasta ponerse a su lado. Observó el montón de pétalos secos amontonados. —¿Estás seguro de que prometió volver?

Dazai dejó caer la tijera al suelo, levantándose. —Lo hizo, pero... Supongo que no debí confiar en la palabra de un demonio. —suspiró sacudiendo su ropa llena de tierra.

Ranpo lo observó con una mirada que mezclaba respeto, preocupación y algo más cercano a la compasión, pues por primera vez no parecía un joven genio buscando información, tan solo era solo un amigo viendo a otro venirse abajo por segunda vez.

—Dazai, si él no vuelve... —dijo con cautela. —¿Vas a seguir buscando respuestas?

Él asintió despacio. —Aunque no vuelva... Necesito saber qué era, o quién, porque si había algo de Chuuya en él, soy capaz de entrar en esa maldita grieta para traerlo de vuelta... Así que no puedo dejarlo pasar. No puedo.

El viento sopló más fuerte entonces, arrastrando consigo algunos pétalos de las camelias hacia el bosque, como si la tierra misma quisiera guiarlo.

Pero Dazai se quedó allí, de pie entre camelias muertas, solo esperando... Todavía esperando.

Cazador || SoukokuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora