16 - Fin~

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El mundo de los demonios se deshacía lentamente con ríos de lava brotando de las grietas, el cielo oscuro parpadeaba como si la realidad estuviera rompiéndose, y allá, a lo lejos, el castillo había caído, pero al parecer, los planes de Arahabaki n...

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El mundo de los demonios se deshacía lentamente con ríos de lava brotando de las grietas, el cielo oscuro parpadeaba como si la realidad estuviera rompiéndose, y allá, a lo lejos, el castillo había caído, pero al parecer, los planes de Arahabaki no eran detenerse.

El paisaje se deshacía. Las paredes del acantilado estaban partidas en fragmentos flotantes, los ríos de lava se entrelazaban como si fueran las venas del mundo, y las construcciones caían como castillos de arena ante la voluntad del dios.

—¡CUIDADO, DAZAI! —Sigma lo empujó esquivando una gigantesca roca flotante. Habían intentado acercarse, pero la gravedad a su alrededor no los dejaba avanzar ni siquiera unos metros sin casi ser aplastados por escombros.

El cazador tenía una idea. Una que podía ser muy mala o muy buena dependiendo del resultado.

Mantenía la vista fija en la silueta de Chuuya que se perdía dentro de esa masa de gravedad y destrucción girando a su alrededor. Sentía que su pecho ardía más con cada segundo. No por el calor, sino por la angustia de verlo ahí.

Apretó los dientes mientras se sujetaba del borde de una roca para no ser arrastrado por la presión que todo lo empujaba.

El campo que rodeaba al dios no era un simple espacio físico, era una distorsión de la gravedad errática. Algunas piedras subían, otras se estrellaban contra el suelo una y otra vez, cada paso hacia él era como empujar contra un mar invisible que los devolvía con fuerza.

—Su campo se desvanece cuando ataca... —habló, analizando sus movimientos. —Hay que distraerlo. Haz que te vea, corre hacia él tanto como puedas y huye, yo me acercaré.

—¡¿Y cómo llegarás hasta allá arriba?!

—Usaré su gravedad. —Sigma lo miró con desconcierto, pero no lo detuvo. Entendía que era una locura y que tampoco tenían más opciones. Comenzó a gritar atrayendo la atención de Arahabaki, corriendo cerca, lo más cerca que podía sin que la gravedad lo aplastara. El dios giró su rostro al instante, con esos ojos vacíos encontrándose de manera aterradora.

Una ráfaga de gravedad estalló, barriendo con los restos de piedra a su paso. Sigma los esquivó a tan solo milímetros, pero su cometido estaba hecho, llamó la atención de Arahabaki.

Mientras tanto, Dazai, aprovechó el ataque que dejaba una brecha para saltar sobre los escombros y las rocas sin que la gravedad del campo gravitacional lo empujara de nuevo.

Se sujetó con fuerza, esperando a que ocurriera otro espacio para poder acercarse más. Solo un poco más, unos cuantos saltos y llegaría a Chuuya, al menos lo suficiente para tocar su tobillo.

Pero los segundos pasaron y desde ahí, orbitando en el aire, no podía ver observar si Sigma seguía distrayendo al dios o si al menos estaba bien, hasta que... —¡¿TÚ NO TE RINDES, CIERTO?!

Fyodor estaba de pie al borde del campo gravitacional de Arahabaki, sosteniendo en su mano el cuerpo de Sigma como si fuera un trapo viejo que en un instante desechó arrojándolo sin piedad.

Cazador || SoukokuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora