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...

Las pilas de libros parecían no disminuir en absoluto.

Poe se sumergía entre las letras de cada uno de los libros a su alrededor hasta que se daba por vencido y cambiaba de página en página sin leer completamente en serio.

Tenía casi dos días encerrado dentro de su biblioteca junto a la doctora que constantemente debía salir por alguna emergencia, pues la gente del pueblo la necesitaba más de lo que pensaba.

Aún no lograban encontrar mucho sobre lo que el cazador había solicitado, pero cada vez tenían más pequeñas pistas, entre ellas, la aparicion de una leyenda escrita en uno de los libros viejos sacados del sótano, que hablaba sobre demonios con recuerdos humanos.

—¡Edgar! —entró de pronto el azabache, azotando la puerta. —¡Te traje comida! Yosano me dijo que... ¿Qué estás haciendo?

El castaño levantó la vista de sus libros, percatándose de la presencia de Ranpo frente a él. —Hola.

—... ¿Qué es todo esto? ¿Una nueva investigación?

—Algo así.

—¿Y sobre qué es?

Poe se estiró alcanzando su taza de té, que ahora estaba completamente fría. —Hmm, posesión de demonios o algo que se relacione.

Ranpo le dio una rápida leída a los títulos. Eran muy diferentes a los que Poe solía leer, así que, obviamente que no era una investigación que hubiera iniciado por su cuenta. —¿Para quién es?

—Dazai se lo ha pedido a Yosano, y yo estoy ayudando porque me parece interesante.

—¿Desde cuándo?

—No lo sé, pero mira, hay leyendas que hablan sobre demonios con habilidades extrañas... Me pregunto para qué necesita todo esto.

Los ojos verdes del azabache se incrustaron en las ojeras bajo los ojos de su amigo ¿Desde cuándo no dormía?

—Te ves horrible.

Poe lo miró con sus cansados ojos, dándole una bonita sonrisa. —Tú te ves lindo.

Las mejillas del azabache se pintaron de pronto con un tono de rosa que el castaño encontró adorable. Había esa clase de ocasiones en las que Poe decía cosas que salían sin timidez, y él ni siquiera se daba cuenta.

—Deberías dormir. Déjame a mi ayudar con eso. —señaló al libro que las manos del bibliotecario sostenían débilmente.

—Estoy bien, Dazai pidió esto cuánto antes, así que...

—¡Dazai, nada! Vete a dormir Allan. —le ordenó, ayudándole a levantarse de entre todos esos gigantescos libros.

—Bien, pero no porque tú me lo pidas. —obedeció caminando por los pasillos llenos de polvo.

Cazador || SoukokuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora