|Extra|

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Cap largo.🫰🏻
⚠+18

...

¿Cómo alguien que murió, puede reubicarse en una vida que apenas recuerda?

No es sencillo. Especialmente si has regresado en una forma diferente, alguien nuevo que se adapta poco a poco, y a quién, en silencio, algunos aún temen.

Pero Chuuya lo ha sobrellevado bien; cuando la brisa fresca le golpea el rostro, cuando logra hacer que los niños se rían, cuando ayuda a los demás y el miedo a su presencia desaparece. Su vida mejora poco a poco, sintiéndose como si nunca se hubiera ido en realidad.

Aunque aún hay algo... En sus dedos siente aquella energía hormigueando en busca de una salida o un momento de debilidad para retomar el control. Es una sensación curiosa porque no le asusta, ni tampoco lo atormenta, al menos, no tanto como cuando desconocía lo que albergaba en su interior.

Arahabaki sigue ahí, escondido en algún rincón mientras duerme, observa o tal vez espera. Chuuya no puede saberlo, ¿Cómo podría? Después de todo, es un dios impredecible que no ha elegido ser un huésped en su cuerpo, y por eso, de vez en cuando, el pelirrojo lo busca en sus sueños, porque está seguro de haberlo visto; es una sombra que camina por su cabeza. No tiene una figura en específico, y no lo ha observado más de dos segundos como para poder darle una forma.

Le ha hablado tratando de comprender un poco más de sí mismo, pero él jamás responde. Tal vez nunca lo hará, y eso está bien, puede vivir con la duda mientras esté seguro de poder controlarlo.

Cómo ahora; Chuuya se toma su tiempo, desaparece de la vista de todos y camina por el bosque hasta llegar a un claro donde la malesa es corta y los árboles están lo suficientemente alejados como para dejarle ver el cielo despejado de nubes y el sol brillante a punto de alcanzar su límite donde comienza el atardecer.

A su alrededor tiene varias rocas, todas de diferente tamaño y peso. Las ha alineado para poder ir en orden desde la más pequeña hasta la más grande, levantándolas con gravedad una a una para colocarlas en una gigantesca pila, sin embargo, siempre tiene un problema al llegar a la última, y es que... No logra levantarla.

Puede sentir lo ligeras que son las demás cuando utiliza su habilidad. Puede darles vuelta con facilidad y manipularlas como si fueran una pluma, pero cuando intenta hacerlo con un objeto tan grande y abismalmente pesado, algo en su pecho se oprime, como si estuviera utilizando más fuerza de la que debería aunque no esté haciendo fuerza en absoluto. Es como si estuviera cruzando una línea entre Arahabaki y él, por eso, desarrolló un temor a sobrepasarse consigo mismo.

—¡MIERDA! ¡MIERDA! ¡MIERDA! —su puño golpeó la roca con frustración. Esta era la sexta vez que por poco sentía como en el intento perdía su control. Suspiró, recargando la frente en la superficie de la roca. Había pequeñas gotas de sudor resbalando por su cuello que realmente no se debían al esfuerzo físico, sino, a su cansancio mental de luchar contra ese monstruo. —¿Por qué no me dejas levantar esto? ¿Tanto te cuesta? ¡Si vas a seguir en mi cuerpo, al menos déjame ser útil! —a veces se sentía ridículo al hablarle a algo que seguramente ni siquiera lo escuchaba, o si lo hacía, prefería ignorarlo. —Carajo...

Una vez más, lo intentaría una vez más.

Colocó sus manos sobre la piedra, sintiendo la textura irregular y porosa. Inhaló profundamente, exhaló, y dejó que todo fluyera...

Comenzó a levantarla apenas unos centímetros del suelo. Su frente sudó frío porque esto siempre sucedía antes de que pudiera tocar ese límite, solo que, está vez, apretó los dientes y continuó en lugar de detenerse aún cuando sabía que podía descontrolarse; la piedra se alzó más, ahora con facilidad como si realmente no pesara nada, y... Las marcas en sus dedos aparecieron.

Cazador || SoukokuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora