TRAVIS SUMERGIDO EN SUS PROPIOS PENSAMIENTOS, DENTRO DE LA MIASMA DE SUS MEMORIAS
Al abrir los ojos, veo con claridad en medio de tanta oscuridad. En este mundo ya he pagado el precio de mis propios pensamientos, y ahora avanzo lentamente. Mi mente ha hecho las paces con mi corazón, y es entonces cuando aparece una luz en medio de la miasma que consume todo. A lo lejos, el horizonte se dibuja ante mis ojos, y por primera vez en mucho tiempo, veo un punto final, una conclusión en la que saldo todas mis deudas.
En mi mente ya no hay conflictos, ni miedos, ni temores. Avanzo, aunque todavía algo adormecido, pues la costumbre es un enemigo poderoso. Mis pies finalmente tocan el suelo tras haber estado suspendido durante tanto tiempo.
Al final del túnel, veo una puerta blanca que brilla con luz propia. Sé que es el siguiente nivel para mí. Siento que al dirigirme hacia ella, podré proteger estas nuevas emociones, liberándome por completo. Pero el miedo me detiene, ataca con fuerza. La ira, impaciente, me espera al otro lado de la puerta. La lujuria, siempre interesada en capturar mi atención, se aproxima, aunque sé que no va dirigida hacia mí.
Esas sombras vuelven a rodearme como un prestamista descontento que viene a cobrar sus intereses. Mientras intento saldar cuentas con ellas, mi mente se mantiene firme. La batalla que se desarrolla no es física, no se trata de golpes ni puños. Es una lucha interna, mental, contra los demonios que yo mismo he creado. Son un recordatorio de lo que llevo conmigo, y aunque viaje de un lugar a otro, no podré deshacerme de ellos por completo. Pero sé que esta no es mi conclusión. Mi conclusión es liberarme de ellos. Y si no lucho ahora, seguirán arrastrándose conmigo. Tengo que vencer.
El miedo me lanza escenas del pasado, momentos en los que me paralizó: las palabras no dichas en una discusión, el incómodo silencio al ver a mi padre después de tanto tiempo. Sé que debo superar estos recuerdos. La ira se presenta como un hombre enorme y poderoso que me enfrenta, intimidándome hasta hacerme desviar la mirada. Pero piso fuerte y me preparo para enfrentarlo. La lujuria se posa sobre mis hombros, susurrando al oído y acariciándome suavemente... hasta que la detengo, diciéndole que no forma parte de mí, que no tiene el poder que ella cree tener sobre mí.
Al dar el último paso hacia la puerta, me encuentro con la vergüenza y la venganza, dos sombras que, como una cortina de humo, intentan ofrecerme falsas oportunidades, recuerdos de antiguas convicciones de grandeza vacía. Las observo por un momento y luego las dejo atrás. Las perdono, porque sé que yo mismo las creé.
Al cruzar la puerta, avanzo decidido y las sombras desaparecen. La luz y la oscuridad se mezclan, se perfeccionan.
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Un Corto
RastgeleTravis se encuentra atrapado en un profundo dilema interior: superar el recuerdo de Estrella, una figura que marcó su vida incluso años después de su separación. Aunque el tiempo ha pasado, las emociones no han cicatrizado. Esta historia es el recor...
