MAS ALLA DEL POZO DE SOMBRAS
Silencio.
Era lo único que dominaba en esa región del espacio.
Ni estrellas, ni planetas, ni tiempo.
Solo una nada opaca que temblaba... como si respirara.
Aria pilotaba la nave manualmente. Las computadoras se negaban a proyectar coordenadas estables.
Targus, a su lado, meditaba en un trance profundo. Su conexión con el Vínculo era el único faro.
—¿Lo sientes? —preguntó ella sin mirarlo.
—Sí. Pero no es un lugar —respondió Targus, abriendo lentamente los ojos—. Es... un pensamiento abandonado. Como si el universo hubiera tratado de olvidar que aquí alguna vez existió algo.
Aria asintió. Sabía bien lo que eso significaba. Estaban cerca.
El eco del encierro
La trampa que contenía a Goryo no era una estructura física, sino una geometría imposible, un vórtice de tiempo espiralado sostenido por un patrón de energía que solo Estrella había sabido manipular.
Un agujero negro hecho de intenciones.
Diseñado para atrapar algo que no debía morir, pero tampoco ser libre.
Cuando llegaron, Aria descendió al núcleo en un traje de frecuencia adaptativa. Targus, fusionado parcialmente con el Vínculo, comenzó a decodificar la estructura del sello.
Allí, en el corazón del pozo gravitacional, una presencia colosal los observaba... sin ojos.
Una voz se derramó en sus conciencias:
—Han vuelto los nombres.
Han vuelto los traidores.
¿Ahora sí tienen miedo del fin?
Targus respiró con dificultad. El sello mental lo presionaba, como si cada pensamiento le costara existencia.
—Goryo... —dijo Aria—. No venimos a suplicarte. Venimos a liberarte.
—Mentira.
Quieren usarme.
Como hicieron antes.
Como hizo Estrella...
con su voz de luz que solo conocía la cárcel.
Aria bajó la cabeza. No lo negaba.
—Tal vez. Pero Romulus ha cambiado. Ya no quiere vencer... quiere borrar. Y tú, Goryo, tú eras lo único que él temía.
Un zumbido vibró en la estructura. El vórtice comenzó a deformarse.
Targus se incorporó, cubierto de sudor. Sus ojos brillaban con un blanco líquido, inhumano.
—Lo estoy viendo... —murmuró—. No es un ser. Es una raíz. Está plantado en muchas realidades. Si lo soltamos, no volverá a ser contenido.
—Correcto.
Pero si no me liberan...
todo lo demás morirá.
Aria miró a Targus.
—¿Lo hacemos?
Targus vaciló. Pero solo un instante.
—Estrella diseñó esta prisión. Solo alguien que entienda sus dudas... puede desactivarla. Y tú las entiendes.
Aria cerró los ojos. Extendió la palma.
Y habló una palabra.
Una sola.
Que nunca existió...
...hasta que Estrella la imaginó para cerrar a Goryo.
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Un Corto
RandomTravis se encuentra atrapado en un profundo dilema interior: superar el recuerdo de Estrella, una figura que marcó su vida incluso años después de su separación. Aunque el tiempo ha pasado, las emociones no han cicatrizado. Esta historia es el recor...
