MIENTRAS TANTO...
Un tiempo después de la fuga en el Memoru, Romulus recorría planeta tras planeta, buscando a la verdadera Estrella como un cazador obstinado. Pero por más que intentaba, no encontraba ni una sola pista. No había rastro, no había indicio, ni siquiera un rumor que le diera un punto de partida. Los meses pasaban como si fueran segundos para él, segundos que simplemente se desvanecían en el vacío.
Solo una persona podría encontrarla: Travis. Solo a él se dejaría encontrar. Ella sabía lo que se ocultaba tras esa aparente trivialidad que eran los sentimientos entre ellos. Así, Romulus puso rumbo a las instalaciones donde los había dejado a todos.
Al llegar, encontró a Targus en un estado cercano a la desesperación. No lograba comprender qué estaba ocurriendo. Sentado en posición zen, intentaba conectar con Travis a través de la habilidad Vínculo, pero no conseguía nada. Había activado una de las cámaras del Memoru para registrar cualquier señal, por mínima que fuera, que diera sentido a esta historia.
Romulus, con su habitual seriedad, dijo:
—Solo necesitamos saber dónde está.
Pero Targus negó con la cabeza.
—No puedo contactar con él... ni siquiera sentirlo. Es como si su conciencia hubiese desaparecido. Quizás... esté muerto.
Fue entonces cuando una idea se encendió en la mente de Targus...
EN UNA ESTACIÓN SEMEJANTE A UNA UTOPÍA, COLMADA DE NATURALEZA SALVAJE Y VIRGEN, UN MUNDO TOTALMENTE DISTINTO...
Un paraíso cubierto en un 70% por agua pura, con una fauna evolucionada que resonaba con la energía vital de Aria. Allí, en una cama improvisada, yacía el cuerpo inconsciente de Estrella(D). Fue el primer momento en que Aria pudo respirar en paz y recuperar fuerzas. Había agotado todo su poder, y ese planeta, tan lleno de vida, le ofrecía su esencia para sanar.
Mientras descansaba, alguien llamó a la puerta. Con la sensación de estar en casa, Aria abrió sin temor. Frente a ella estaba un hombre con el rostro parcialmente cubierto. Lo reconoció al instante: Rigo.
Ese hombre de mediana edad tenía una presencia calmada y enigmática. Esbozó una leve sonrisa antes de hablar.
—Nada de lo que planeamos funcionó —dijo Aria, cansada.
Él respondió con tono despreocupado:
—Ya es hora de dejar de actuar desde las sombras. Estoy listo para mostrar mi verdadero propósito.
Su mirada se volvió más aguda, más intensa.
—Necesito a Travis. Solo él puede ayudarme a ejecutar este escurridizo plan. Solo quiero algo que sea mío, no una obra más de ese corpulento y genocida llamado Romulus.
Entonces, Rigo prosiguió, con voz casi filosófica:
—¿Sabes, Aria? Este planeta alguna vez albergó una de las razas más versátiles de la galaxia. Cuando Romulus llegó, era nuevo, ingenuo... incapaz de comprenderlos. Esa raza se creía dioses, superiores. Prosperaron durante siglos, pero nunca conocieron el vínculo, la hermandad. Vivían para sí mismos. Romulus los consideró una especie corrupta. Así que descendió entre ellos, adoptó su forma, vivió su cultura... y cuando lo comprendió todo, los destruyó. Los redujo a polvo.
Sus ojos proyectaban el recuerdo como una herida aún abierta. Aria presenció esa memoria y, estremecida, susurró con determinación:
—Entonces tenemos aún más razones para exterminarlo.
EL CAMINO HACIA LOS PISOS PROFUNDOS (FRAGMENTOS DES)
Travis había descifrado apenas un fragmento: un eco perdido entre registros corroídos por el tiempo. No era mucho, solo una coordenada imprecisa, un nombre velado y la sensación —esa punzada casi física en el pecho— de que allí, en ese rincón olvidado, algo suyo aún vivía. Un lugar donde él y Estrella —la verdadera— habían estado alguna vez, aunque su memoria se deshacía como niebla ante el intento de recordarlo.
Aun así, su instinto lo guiaba. Preciso. Silencioso. Férreo.
Sabía que debía ir allí.
ESTÁS LEYENDO
Un Corto
AcakTravis se encuentra atrapado en un profundo dilema interior: superar el recuerdo de Estrella, una figura que marcó su vida incluso años después de su separación. Aunque el tiempo ha pasado, las emociones no han cicatrizado. Esta historia es el recor...
