De noche, Travis suele ser presa del miedo, atrapado en los sueños que lo atormentan. Para él, la noche es el reino de las visiones, donde los pensamientos y vivencias del día se entrelazan en extrañas fantasías. Su mente, guiada por el hipotálamo, explora infinitas posibilidades, como si buscara desesperadamente una versión de la realidad en la que pudiera, al fin, hallar la felicidad.
Cada noche, apenas después de recostarse, Travis se sumerge de nuevo en sueños recurrentes. En ellos, siempre encuentra a alguien con quien parece compartir una vida, pero el final es invariable: su corazón, roto. Es un ciclo eterno que se repite sin tregua. Paradójicamente, en su vida despierta, la aventura y la emoción prevalecen, uniendo su corazón y su razón. Sin embargo, en sus sueños, cualquier intento de cambiar el destino se diluye, desperdiciado.
UNA NOCHE ELEGANTE, UNA CENA CON LOS DOCE PENSANTES:
Se presenta a Romulus, el fuerte; Estrella, la entusiasta; Ocre, el sensible; Sato, el competitivo; Rigo, el osado; Genita, la expresiva; Targus, el paciente; Anam, el codicioso; Goryo, el insensato; Víctor, el sobrio; Aria, la astuta; y Travis, el silencioso. Son los jueces, los pensantes, y cada uno encarna una faceta única. Una reunión que solo ocurre cada milenio, como una familia disfuncional, donde se revisan sus actos y se asegura que todo permanezca en equilibrio.
En el salón, mientras el amanecer se aproxima, Goryo comenta que alguien ha ingresado al Miasma, la región de los mortales. Señala que es un territorio peligroso para su círculo, ya que convierte a los inmortales en simples humanos. Con una sonrisa indiferente, añade que conoce bien el destino que aguarda a quien se atreva a aventurarse allí.
Al final de la cena, Estrella se acerca a Travis. Con una sonrisa amistosa, le dice que sabe de su interés por el Miasma. Travis, fingiendo desinterés, le sugiere que se preocupe por su propio dominio, ya que le parece que hay cosas más urgentes que atender. La respuesta, fría y cortante, deja a Estrella sorprendida, mirándolo como si fuera un extraño. "No somos así", murmura, incrédula.
Con la mirada fija al frente, Travis atraviesa un portal, regresando abruptamente a la reunión. Interrumpe la velada, se coloca en el centro, y con voz firme declara:
—He vivido tanto tiempo en la belleza de ser un pensante. He vivido tanto que ya no sé cómo mirar a los demás, aquellos que cruzan las grietas del tiempo. He vivido tanto que no puedo quedarme quieto. Solo avanzo, sin importar las consecuencias que se ramifican a lo largo del camino. Quiero soñar. Quiero sentir lo que los demás llaman amor, aunque solo sea a través de recuerdos buenos o malos. Quiero volver al Miasma de los recuerdos, donde siento, revivo y muero, pero, sobre todo, gozo. Anhelo los días en los que mis pupilas brillaban cuando estaba en casa, cuando era un ser normal, sin vagar sin rumbo. Quiero saber qué hay más allá, después de todo esto. Deseo ser como los demás, tener la libertad de hacer más que simplemente observar, de huir o ignorar. Eso es lo único que hacemos, y no podemos ser como ellos. He visto el Miasma y sé que es lo más cercano a la libertad que existe en nuestra eternidad.
Todos estallaron en carcajadas, menos Estrella. Mientras las risas resonaban en el salón, cada uno se levantó, intentando abalanzarse sobre Travis. Pero él, sin perder un segundo, cruzó otra grieta y regresó al lugar donde todo había comenzado: la salida, tras la velada del milenio.
AL MISMO TIEMPO...
Desde la distancia, una mirada burlona y una sonrisa enigmática observaban todo, como si estuvieran al tanto del caos que se desataba. Entre las sombras, una figura aguardaba pacientemente. "Sigue así", murmuró, "yo te ayudaré a volverte mortal".
Una voz femenina irrumpió, suave pero firme, acercándose al misterioso observador: "Hubo un salto temporal, imperceptible para todos, pero no para mí. Uno no registrado. Hemos pasado siglos buscándolo, y siempre estuvo entre nosotros. Sabíamos que podíamos descubrirlo, pero nunca supimos por qué hasta ahora. ¿Por qué en este preciso momento? No podemos ver lo que hizo, pero sabemos quién es. Ha llegado el momento de elegir bandos."
Romulus, el primero en la línea, la cabeza imponente. Su presencia es un delicado equilibrio entre la creación y la destrucción, una fuerza que moldea todo a su paso sin excepción. Desde los albores del tiempo, Romulus ha asumido el rol de constructor y destructor, y esta dualidad lo define en cada aspecto del universo.
Su rostro, joven pero marcado por una sabiduría milenaria, refleja la huella de incontables eras vividas. Con un cuerpo robusto y colosal, imponente como una montaña, su mera presencia inspira tanto respeto como temor. A pesar de su apariencia casi divina, su misión ha sido siempre clara: mantener el equilibrio entre los pensantes, protegiéndolos y guiándolos como un guardián, manteniéndolos unidos como si de una familia disfuncional se tratase. Romulus, el fuerte, es el vigilante de los destinos, siempre alerta, siempre observador, cuyas decisiones, inquebrantables como el tiempo, son temidas y respetadas por igual.
Desde la ventana, Romulus observaba a Travis a lo lejos, su expresión seria y analítica. Fijándose en quiénes lo rodeaban y contemplando la posibilidad de perseguirlo, murmuró para sí mismo: "Debo ser paciente", y con una risa irónica añadió: "Mejor se lo dejo a Targus, él es más hábil en eso".
Mientras la velada llegaba a su fin, Romulus cerró el encuentro con una calma solemne, dejando todo en orden con la ayuda de Genita. Despidieron a los presentes, y discretamente, una nota apareció en los bolsillos de cada uno: "La roca se desmorona, pero nunca pierde su esencia. Los quiero".
Aquella fue la noche más larga de todas, y desde entonces, el sol no volvió a ser visto.
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Un Corto
RandomTravis se encuentra atrapado en un profundo dilema interior: superar el recuerdo de Estrella, una figura que marcó su vida incluso años después de su separación. Aunque el tiempo ha pasado, las emociones no han cicatrizado. Esta historia es el recor...
