Era una luz muy intensa; mi propia imagen parecía desconcertarme. Me invadía una sensación abrumadora de cansancio, no físico, sino de un cuerpo que no está acostumbrado a permanecer erguido por mucho tiempo. Los brazos se volvían pesados, sin ganas siquiera de moverlos o de alzar la mano. Abrir los ojos me provocaba un dolor de cabeza incesante, como un latido que no dejaba de martillar en mi sien.
De pronto me encontré desnudo, sin fuerzas para pensar o caminar, reducido a realizar acciones que no requirieran planificación ni raciocinio. Solo había una gran angustia: después de tanto, me hallaba solo. Abrí los ojos esperando encontrar a alguien que realmente pudiera importarme, pero no apareció nadie; solo eran imaginaciones mías. ¿Es esto tristeza, decepción, depresión? No lo sé. Siempre he ido conmigo mismo, caminando en la nada, despreocupado, como si el mero hecho de existir me permitiera respirar y asumir algún lugar en este mundo misterioso. Y sin embargo, la realidad me golpea: este mundo parece diseñado para quienes piensan como yo. Estoy cansado de esta pesadez; nada me hace sentir verdaderamente vivo.
Aunque estuviera en la mejor situación posible, disfrutaría apenas de una felicidad pasajera; no sería lo mismo, no sería comparable a aquel instante contigo, a esa locura arraigada que sentí por ti. Sigo siendo esclavo de un amor que solo yo puedo sentir, aunque no estés y haya despertado de mi letargo, trayendo a la superficie mis pensamientos más vergonzosos.
Aún de pie en la vida real, la gente hace lo suyo como si no viviera, como si no les importara lo que tienen delante: ocupados con deudas, con fugaces alegrías, con amores o lo que queda de ellos. No siento que pueda comprender esas necesidades; no entiendo nada, ni siquiera lo que una vez llamé amor. Sigo anclado en mi trabajo; todavía no puedo descifrar este largo sueño que tuve. Quizá todo ocurrió en ocho horas de sueño en las que mi mente divagó y rompió fronteras, haciendo que la realidad que sentí fuera, por un instante, verdadera. Pero al despertar solo estaba en una habitación, con emociones que hubiera preferido experimentar aquí, en esta realidad. Espero con ansias volver a sentirme así en esta vida que me ha tocado vivir.
A lo lejos, antes de llegar al trabajo, escuché:
—Maria F.: Alex, ¿tienes listos los documentos que tenemos que presentar para hoy?
Sinceramente, mi mente estaba en otra parte y no la escuché.
—Maria F.: ¡Estoy hablando en serio, huevón! Los quiero para la noche.
Me reí, consciente de cómo es ella; solo me insulta porque no le doy la certeza de ser serio. ¿Entenderá qué tipo de persona soy? ¿O serán solo ideas mías? No podré preguntárselo.
DESDE MI PERSPECTIVA: ¿ESTO ES REAL?
Desperté con la certeza amarga de que todo lo vivido el día anterior —la luz, el cansancio, la soledad, la desesperación— no había sido más que un sueño. Un sueño largo, intenso, como esos que se adhieren a la piel y te acompañan durante las primeras horas de la mañana. Ahora no quedaba más que lo real: mi vida como arquitecto, la rutina del trabajo, los planos que debía entregar y las remodelaciones que debían avanzar.
Era lunes. La ciudad rugía con ese sonido que mezcla bocinas, pasos apurados y murmullos indiferentes. Yo solo pensaba en llegar a la oficina, dejarme sumergir en la avalancha de pendientes y, de alguna manera, silenciar lo que aún latía dentro de mí.
Ese día conocí a Maria F.. Una mujer de mirada firme, voz segura y una inteligencia que parecía atravesar cualquier argumento débil. Entró en la sala de juntas con el casco en la mano y el gesto de alguien que no se deja impresionar fácilmente. Era parte del equipo externo que supervisaría la remodelación de un edificio histórico del centro.
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Un Corto
De TodoTravis se encuentra atrapado en un profundo dilema interior: superar el recuerdo de Estrella, una figura que marcó su vida incluso años después de su separación. Aunque el tiempo ha pasado, las emociones no han cicatrizado. Esta historia es el recor...
