El Límite del Reencuentro
El cielo del planeta parecía agrietarse en tonos turquesa cuando Travis cruzó el umbral.
No lo hizo a través de una nave ni de un portal convencional. Fue algo distinto, más íntimo. Una fisura emocional. La flor en el planeta de los ecos le había ofrecido más que una visión: le había dado una coordenada emocional, un vector de deseo y memoria tan preciso que lo transportó a través del tejido cuántico de la realidad. No era magia. Era resonancia.
Aterrizó en el borde de una playa de agua luminosa, envuelta en brumas vivas. El mundo respiraba.
Estrella estaba allí.
Lo sentía en cada fibra de su ser.
Pero no estaba solo.
Desde el otro extremo del planeta, Targus y Romulus ya descendían.
—No entiendo cómo pudo hacer esto —decía Targus, abrumado por la intensidad del Vínculo—. ¡Saltó las leyes físicas! Ni siquiera entiendo qué rastreamos. Solo sé que nos guía... hacia ella.
Romulus no contestó. En sus ojos brillaba una certeza incómoda.
Sabía que Travis estaba más cerca de Estrella(D) de lo que jamás lo había estado él.
Y eso... lo corroía.
El cuerpo sin sueños
El viento se detuvo.
No por el clima. Porque dos fuerzas estaban a punto de colisionar.
Romulus se irguió como un monolito viviente. La tierra bajo sus pies crujía como si temiera contener su furia. Frente a él, Sato flotaba en su exoesqueleto de diseño orgánico, una criatura tecnológica en constante adaptación. A su lado, Víctor ya no parecía un hombre, sino la memoria encarnada de todas las guerras jamás olvidadas.
—Te ves más viejo, Romulus —provocó Víctor, estirando el cuello—. ¿O soy yo que me veo más joven cuando vuelo en combate?
—Tu arrogancia siempre fue más ruidosa que tu técnica —respondió Romulus, con voz de trueno.
No hubo advertencia. Solo el estallido.
La danza brutal
Víctor se movía como un espectro en llamas. Cada golpe era un lenguaje olvidado de mil estilos. Golpes de sombra, barridos letales, rodillazos tan certeros como cuchillas.
Romulus respondía con pura brutalidad. Cada impacto suyo era como el colapso de un planeta. Su cuerpo, densificado más allá de lo humano, absorbía los ataques con odio silencioso.
Mientras tanto, Sato construía. Placas se soldaban en el aire, drones giraban en órbitas caóticas, lanzaban haces de plasma, formaban cuchillas gravitatorias que buscaban el cuello de Romulus como si tuvieran voluntad propia.
La batalla duró minutos eternos.
Y entonces, Víctor lo logró. Un giro impecable, una patada invertida, un salto imposible... y su cuchilla táctil le arrancó una oreja a Romulus.
Un segundo de silencio.
Un segundo demasiado largo.
Romulus no gritó. No se enfureció. Solo se quebró en furia contenida.
—Creo que la paciencia llego a su limite. —fue todo lo que dijo.
El golpe no fue físico. Fue una vibración devastadora. Un pulso de energía pura, canalizada desde el núcleo mismo de Romulus. Víctor intentó bloquearla. No pudo.
Su torso explotó desde dentro.
Sus ojos, aún vivos, buscaron los de Sato. No dijo nada. No era necesario.
Sato, herido, cayó de su exoesqueleto humeante. Romulus lo dejó con vida por desprecio... o advertencia.
La verdad no soñada
Travis, temblando, ayudó a Estrella(D) a incorporarse. Las ondas de la pelea seguían resonando en la atmósfera, pero su mundo estaba solo en ellos dos.
—Estrella... —dijo, quebrado—. Tengo que decirte algo. Lo sé todo. Lo que eres. Eres una copia. Solo una manifestación de los sentimientos que la verdadera Estrella alguna vez tuvo por mí. Eso es lo que eres. Lo que tú eres... no eres tú.
Estrella(D) lo miró. Su rostro no tenía sorpresa. Solo ternura.
Se acercó, le dio un beso en la frente, y apoyó su frente contra la de él.
—Lo sabía —susurró—. Siempre lo supe. No sé por qué, pero estos sentimientos... eran demasiado tuyos. Como si tú mismo los hubieras sembrado dentro de mí. Sentía cosas que no entendía. Que me dolían. Que me quemaban. Siempre te buscaba en los sueños, pero no podía soñar. Y ahora lo entiendo.
Travis lloró. Ella también.
—No soy un alma. Soy una sombra. Una flor hecha de emociones de otra. Pero Travis... aún así... —ella lo miró con una dulzura aterradora— ...te amo.
—¿Por qué? —preguntó él.
—Porque me gusta lo que eres. Y eso es suficiente. Yo no necesito una razón, Travis. Tú me diste un propósito, aunque fuera prestado.
Y entonces, por primera vez en su existencia, ella soñó.
Allí, en sus brazos, mientras Sato se arrastraba herido y Romulus observaba en silencio su propia pérdida de humanidad, Estrella(D) soñó con Travis caminando entre estrellas.
No eran recuerdos.
No eran visiones.
Eran ella misma, eligiendo soñar.
El cierre
La batalla había terminado.
No con una victoria, sino con un vacío.
Con la muerte de un guerrero sin bando.
Con un creador casi destruido.
Con un beso que no pertenecía a este mundo.
Y con una copia... que decidió vivir como si fuera real.
Romulus se marchó sin decir una palabra.
Sato sobrevivió, pero algo dentro de él había muerto junto a Víctor.
Y Travis...
...Travis aún no sabía que la verdadera Estrella lo estaba sintiendo a través del tejido del universo.
Y sonreía.
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Un Corto
CasualeTravis se encuentra atrapado en un profundo dilema interior: superar el recuerdo de Estrella, una figura que marcó su vida incluso años después de su separación. Aunque el tiempo ha pasado, las emociones no han cicatrizado. Esta historia es el recor...
