CAPITULO IV: Éxodo

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Olvido es como esa canción que solías amar, pero que, después de escucharla una y otra vez, se convierte en un ruido perturbador. Las palabras que antes revivían tus latidos, como un electroshock de emociones, ahora solo traen calma y descanso.

Olvido, los hechos se desvanecen; mis ojos, cansados y miopes, ya no te encuentran. No existes. Como una máquina sobrecargada de virus, solo queda reaccionar por instinto, con un reinicio triste y sin sentido que despoja al alma, ese disco duro de nuestra existencia.

Olvido, hola de nuevo. Regreso al bar de mis memorias, donde me recibes alegre. ¿Sigue ahí la soledad, esperándome con su sarcasmo eterno? Somos tres: los que dejé atrás en esta miasma podrida.

Olvido, ¿Qué hago aquí? No me sorprende verte, pero hoy pareces más amigable, como si supieras lo que me espera en esa fosa de pérdidas. Pero no has venido por mí.

¿Por qué me miras así, como si ya no desearas mi compañía? Desde la última vez que hablamos, pactamos nuestras reglas: tú me ayudas a olvidar, y yo te mantengo constante, como el simple acto de respirar.

Olvido, ¿Soledad me quiere ver? Si no, ¿por qué no está aquí? Me sigo preguntando si aún le resulto interesante, aunque esa palabra no le hace justicia. En mi desesperación, no la encuentro. Quizá no es de la manera en que quiere verme, pero siento que es tu culpa.

Olvido, sírveme una copa mientras espero a Soledad. Mientras tanto, me sumerjo en mis pensamientos, buscando una solución que parece cada vez más lejana.

De repente, un hombre serio, con anteojos y peinado impecable, aparece. Es Dolor, menos perceptible, pero siempre presente. No físico, no. Este es un dolor emocional, invisible, pero el cuerpo lo manifiesta de formas involuntarias. Dolor, ¿Quién te invitó?

Dolor, ¿quieres que te reprima? No necesitas aparecer. ¿Es por mi debilidad o por mi apariencia? No me mires como si no hubiera una lección que aprender aquí.

Dolor, ya no me afectas como antes. He creado mil formas de bloquearte, y no quiero volver a ese ciclo. No te propagues. Necesito mantener la estabilidad, después de la tormenta.

Al paso de esta batalla interna, aparece ella: Soledad. No necesita presentación. Su cabello corto brilla en la penumbra, y su presencia me da el equilibrio que siempre busco. Me mira en silencio, y eso basta.

Olvido, sírveme otra copa para Soledad. Puedo embellecer este momento, aunque sea breve. Tal vez lo explique mejor después.

El miasma se expande mientras los demás tocan a la puerta. Los buenos, los malos... todos quieren entrar.

Olvido, Soledad y Dolor. Este último solo está aquí para hablar. Hoy, hago las paces con él. Hoy, olvido mi soledad y me reconcilio con el dolor.

El miasma, como un bar de los años 70 u 80, donde Olvido es el cantinero que lo controla todo, y Soledad es la chica que canta como Ella Fitzgerald, con una voz que enternece hasta el alma. Mis dos únicas compañeras cuando todo se desmoronó.

La última vez, hice un escándalo como un borracho problemático, pero el cantinero, Olvido, me ayudó como siempre.

Miasma, aún nos quedan unos minutos antes de desaparecer. Hemos crecido, comprendido, traspasado fronteras. Nos entendemos, aunque no del todo. Dolor, deja de tocarme. Hemos madurado, pero el final está bien. Nos hemos vuelto más sabios. Es hora de abrir las puertas y aceptar el dolor, sin causar más daño.

Despedida.

Olvido, quédate ahí. Soledad, sigue cantando. Dolor, extiéndete.

El miasma está atrapado tras puertas cerradas, con los demás golpeando para entrar, como una puerta vieja a punto de colapsar. Esperamos el momento.

Voy a liberar todo. Voy a esperar mi redención. Voy a vivir. Voy a liberar el miasma. Voy a caminar de nuevo. Voy a enfrentar las pruebas que vendrán. Voy a hacer las paces con todos ustedes. Voy a dejar atrás el complot de nuestras mentes. Voy. Es mi manera de pisar el primer escalón hacia mi propio miasma.

Un CortoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora