CAPITULO VIII: Explicación

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ANTES DE LA CONFRONTACIÓN
Era ese momento previo en el que todo parecía tener sentido: Estrella finalmente aceptaba sus sentimientos por Travis. Todo debía encajar. Recibí una carta de la verdadera Estrella, pidiéndome que cuidara de Estrella (D). No había una comprensión más profunda que pudiera competir con esa petición desde el punto de vista del amor. Para Travis, era la única conclusión lógica.

En un rincón del subconsciente, fuera de la realidad, solo quedaban pensamientos dispersos. ¿Qué buscaba realmente Romulus? Targus, mientras exploraba las instalaciones que absorbían recuerdos, pensamientos y momentos, reflexionaba: ¿Se puede escudriñar la mente de un ser pensante como si fuese una película?

Todos estaban en busca de una verdad, entre secretos, mentiras y palabras jamás pronunciadas. Todo fue expuesto en esa sala: la parte más oscura y profunda de Travis, una parte que solo Romulus había podido ver.

Targus, con firmeza, declaró que había hallado lo que tanto se buscaba en aquella confrontación. Así ocurrió también con Estrella (D), y por último —aunque no menos importante— con Aria.

ARIA: UN PROCESO LENTO
La máquina se sumergió en sus memorias.
Cuando la astucia floreció en cada ser vivo de la galaxia, Aria emergió de un pensamiento convertido en espectro. Observaba y aprendía inocentemente, como un ente omnipresente. Así vivió hasta su muerte: mirando, sin intervenir, buscando la gran respuesta a una sola pregunta: ¿Por qué?

Esa búsqueda la llevó a observar un niño, en una galaxia altamente evolucionada pero condenada a la extinción. En un momento crucial, el niño cometió un acto desesperado por sobrevivir: asesinó a dos personas para arrebatarles su única vía de escape. El planeta cayó en el caos. Aquel niño creció viajando entre mundos, fortaleciendo su cuerpo y saciando su sed de conocimiento.

Aria observaba su evolución con fascinación. Ese niño dejó de serlo, y se convirtió en un hombre astuto como una serpiente, fuerte como un oso. Ella sintió una conexión, no por amor, sino por admiración. No estaba allí para enamorarse, sino para guiarlo hacia un propósito mayor. Aquel hombre alcanzó la inmortalidad al asesinar a uno de los pensantes y ocupar su lugar. Así apareció Goryo el Insensato, aquel que no tenía ese nombre, sino que lo robó. Los roles fueron cambiados, y nadie supo cómo. Esa parte fue borrada incluso de la memoria de Aria, como si todo hubiera sido calculado desde el inicio.

Romulus, desde una de sus instalaciones, trajo el agujero negro y lo colocó a años luz del planeta, intentando abrirlo, pero ni con toda su fuerza pudo romperlo.

EL SACRIFICIO DE UNA GALAXIA
Targus sabía la verdad: fue Estrella quien lo hizo. Eligió sacrificar una galaxia entera, Dori, para encerrar a un pensante. Cada alma se convirtió en una celda de energía; la prisión se mantendría intacta hasta que el último ser humano muriera de viejo. Solo entonces, cuando la estrella gigante de esa galaxia muriese, la prisión se abriría.

Targus estudió cada recuerdo de Estrella, pero todo estaba fragmentado. Solo la verdadera Estrella tenía la clave. Por ello, propuso a Romulus buscarla, para recuperar a Goryo...

LUGAR DE LUZ ABSOLUTA
En un rincón del cosmos, más allá de la galaxia Dori, en un momento exacto bajo las 12 constelaciones, se encontraba un planeta tan brillante que mirar su superficie podía quemar tus pupilas. Allí, en medio de la luz, Sato y Víctor luchaban en un torneo, enfrentándose como finalistas con un único deseo: probar su poder.

Víctor, un guerrero nato, dominaba cualquier arma, desde una simple hoja metálica hasta un blazer mental controlado por telepatía.
Sato, inventor creativo, había creado un exoesqueleto capaz de igualar la fuerza de Romulus a puño limpio. Fuerza y dedicación en su forma más pura.

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