Annabeth's temper

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Percy Jackson 

La siguiente mañana, Annabeth me contó con voz temblorosa lo que pasó en su sueño. Cuando la escuché gritando anoche, fui tan rápido como pude. Pensar en ella molesta o con dolor me asustó. —Annabeth, solo es un sueño —le aseguré tranquilamente.

—L-los sueños de u-un semidiós n-nunca son sólo sueños —ella dijo llorando, aún agitada.

Instantáneamente, yo repliqué —Pero lo que tu soñaste nunca podría pasar, nunca. ¿Me escuchas? Algo como eso es impensable.

Annabeth paró y me miró con sus asombrosos y tormentosos ojos grises. Luego ella arrojó sus brazos sobre mi y me tiró en la cama, donde permanecimos varios minutos.

—Está bien —dije levantándome —Hora del desayuno, creo. Tu deberías, er, componerte antes de ver a los otros —Annabeth asintió y me besó antes de entrar dentro del baño.

Nunca antes había visto a Annabeth con sus emociones tan fuera de control. Usualmente ella era tan estable y sensata. Pero podía ver como un sueño como ese podía estresarla. Perdernos el uno al otro aplastaría nuestros mundos.

—Buenos días Percy —dijo Leo en cuanto salí de la habitación de Annabeth.

—Woah, Perce, ¿qué estabas haciendo allí? —preguntó él sonriendo. Antes de que pudiera inventar una excusa, me di cuenta de lo que Leo estaba usando. Su cabello estaba despeinado y mojado y alrededor de su cintura sólo había una toalla de baño.

—¿Dónde está tu ropa? —contrarresté, confuso.

—Oh, solo pensé que necesitaba un descanso....

—Leo, tu ropa, por favor —él sonrió y agitó su mano con desdén.

—Bien, bien, bien —y él volvió a su habitación. Tomé lo usual en el desayuno. Parecía que Piper también había tenido una noche agitada, Jason se sentó junto a ella, con sus brazos envueltos a su alrededor. Nico se desplomó en el asiento a mi lado.

—¿Dormiste bien? —pegunté. Él gruñó en repuesta. Leo y Clarisse lo siguieron y se sentaron con nosotros.

—Gracias por ponerte pantalones, Leo —dije con la boca llena de waffles. Todos nos miraron con curiosidad y Leo sonrió.

—No preguntaré —Jason suspiró. —¿Alguien ha oído algo del campamento? —todos sacudimos nuestras cabezas. Quirón no ha llamado de nuevo. ¿Pero quizá es porque confía en nosotros?

—¡Annabeth! Te ves...¿cansada? —dijo Leo. Annabeth se sentó tranquilamente a mi otro lado y su mano se deslizó dentro de la mía bajo la mesa.

—Mala noche, ¡Olvidé encender la calefacción! —ella se fue. Le lancé una mirada a Leo para que no mencionara que yo había salido de su habitación.

—Oh, okay. Bueno chicos, ¡el segundo día de escuela empieza ahora! Sobrevivimos ayer, apenas. ¡Así que ahora será mucho mejor! —dijo Leo alentadoramente.

—Nos tenemos que ir en diez minutos —dijo Clarisse. Otro repugnante viaje en el ascensor y volveríamos a la furgoneta de Argus. Minutos más tarde estábamos de vuelta en la escuela y el timbre sonó justo a tiempo. Todos comparamos nuestras clases. Yo tenía inglés con Jason, Leo y Clarisse. Annabeth tenía Álgebra, Piper tenía Música y Nico educación física. Antes de que Annabeth se fuera tomé su muñeca, atrayendola hacía mi y dándole un beso en los labios.

—Estarás bien —prometí. Ella sonrió y asintió. Recé a los dioses para no tener que ver la cara de Bridgette de nuevo. Supongo que hoy ellos no estaban muy cooperativos. En cuanto entré la vi. Ella agarró a sus amigas, cuales empezaron a susurrar, lo que honestamente me intimidaba. Leo también se dio cuenta.

Percabeth en GoodeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora