Visitamos el emporio de gnomos de la Tía Eme

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Andy 

Es bueno saber que hay dioses griegos allá afuera. ¡Porque así tienes a alguien a quien culpar cuando las cosas salen mal!

Por ejemplo, cuando te alejas de un bus que recién ha sido atacado por un trio de abuelas del demonio, destruido por un relámpago, y está lloviendo encima de todo lo demás. La mayoría de la gente podría pensar que es solo realmente mala suerte, pero cuando eres un mestizo, tienes por entendido que alguna maldita fuerza divina realmente intenta arruinar todo tu día.

Así estábamos, Percy, Annabeth, Grover y yo, pasando en medio del bosque a lo largo de la rivera de New Jersey, el resplandor de la ciudad de Nueva York poniendo amarillo el cielo de noche detrás de nosotros, y el olor del rio Hudson apestando en nuestras narices.

Grover estaba temblando y rebuznando, sus grandes ojos de cabra se volvieron rendijas de pupila y llenos de terror.

-Tres Benévolas. Las tres de una vez-murmuro aturdido.

No podía culparlo, tanto mi gemelo y yo estábamos aturdidos. Todavía podía escuchar las ventanas del bus explotando en mis oídos, pero Annabeth nos arrastró diciendo:

-Hay que seguir. Mientras más lejos estemos mejor.

-Todo nuestro dinero estaba allí-recordé de repente que no teníamos nuestras mochilas-Nuestra comida y nuestras ropas. Todo.

-Bueno si ustedes dos no hubieran decidido jugar a los héroes....

- ¡¿Nos están culpando?! -dijimos Percy y yo furiosos.

-Si hubieran escapado no habríamos perdido nuestras provisiones.

- ¿Y qué querías que hiciéramos? -protesto Percy- ¿Dejar que los mataran?

-No necesitan protegernos. Hubiéramos estado bien.

-Rebanados como panes-agrego Grover-pero bien.

-Cállate, niño cabra-lo silencio Annie.

- ¡Suficiente! -grité, acaba de intentar conducir un bus, enfrentar tres Furias y ver una explosión a gran escala. Ahora mis compañeros estaban pelando como perros y gatos, solo quería un momento de silencio.

-No es momento de culparnos-dijo Percy con calma-O de pelear e insultarnos. Annabeth tiene razón tenemos que alejarnos lo más rápido posible.

-Y no quiero oír ni una sola pelea más durante el camino-agregue irritada.

Annabeth y Grover nos miraron sorprendidos, pero los dos asistieron en silencio. Percy y yo nos paramos uno junto al otro y todos retomamos el camino por el bosque.

Caminamos haciendo ruido a lo largo de tierra blanda, a través de desagradables árboles torcidos que olían a agria lavandería, parecía el bosque de Blancanieves.

Luego de algunos minutos, Annabeth se adelantó y se caminó a mi lado.

-Miren yo...-su voz vacilo-Aprecio que regresaran por nosotros. Eso fue muy valiente.

-Somos un equipo, ¿no? -dijo Percy. Sonreí, me alegraba que Annabeth finamente se tragara su orgullo. Además, sí, éramos un equipo, el cuarteto de los héroes.

Ella guardo silencio por algunos pasos más.

-Es solo que si alguno de los dos muere.... aparte del hecho de que eso sería horrible y triste, para alguno de los dos. La misión se acabaría. Esta puede ser mi única oportunidad de ver el mundo real.

La tormenta eléctrica finalmente se había aplacado. El resplandor de la ciudad se desvaneció detrás de nosotros, dejándonos en casi total oscuridad. Si chocaba con un árbol o algo así, culparía a los dioses.

Los Gemelos Jackson y el ladrón del rayoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora