Capítulo 54: La humana que dudó de convertirse en un perro

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La brisa refrescante de la noche acariciaba su cabello negro revuelto. La motorista vestida de negro soltó un chillido y aceleró repentinamemte la moto. Como respuesta el informante se aferró más fuerte a la conductora. Aquella brisa se convirtió en un fuerte viento que le sacudía.
-Izaya: ¿Qué ocurre, Celty?

Volteó la vista y vio a lo lejos una moto patrulla de la policía.
-Izaya pensamiento: Ah... ya comprendo.
-Izaya: Tranquila, están persiguiendo a otra persona. Se acaban de detener en frente de un coche.

Por más que intentaba tranquilizarla ella se ponía incluso más tensa que antes, por no decir que estaba empezando a temblar.
-Izaya: ¿Tanto les temes?

La jinete sin cabeza asintió.
-Izaya: Déjame aquí, volveré solo a mi apartamento. Si me llevas a casa y luego vuelves a la tuya sola Shinra me mataría pensando de que te he metido en algo muy turbio. Mejor regresa a casa y déjame aquí.

La motorista dudó de si hacerlo o no.
-Izaya: Sé como volver.

La motorista se detuvo en frente de una banca en un parque de Ikebukuro. El informante se bajó de la moto.
-Celty: [¿Estás seguro de que puedes volver desde aquí? ]
-Izaya: ¡Shinra se pondría celoso de ver que te estás preocupando por mí! —dijo burlonamente —Conozco Ikebukuro como la palma de mi mano

Sin decir nada más la motorista se subió a la moto y se retiró hacia el lado contrario. Por su lado el pelinegro la seguía con la mirada hasta que la perdió de vista. Realmente a él no le importaba si ella estaba nerviosa o no... más bien se preocupaba por si, por sus nervios, Celty se desconcentrara tanto que provocaría un siniestro. Si iba a morir de alguna forma, quería que no fuese tan ridícula.
-Izaya pensamiento: Morir...

Escuchar esa palabra le sobrecogía. Para cualquier persona normal a la que le preguntes la palabra muerte es sinónimo de miedo, y el informante no era la excepción. Solo que él sabía que su trabajo como informante tenía como efecto secundario el riesgo a morir joven.

No era la primera vez que se encontraba entre la vida y la muerte, muchas veces experimentaba esa sensación de estar a nada de morir en muchas de sus infiltraciones para conseguir información, a veces hasta dudaba de si regresaría a casa y tenía miedo... pero no miedo de que él fuera a desaparecer de la faz de la tierra, si no más bien miedo de lo que eso alegraría a la gente.
Si había algo que le diera más miedo que morir era el hecho de saber que nadie extrañaría su partida. A veces, sentía que su vida no valía nada... que hacía más feliz muerto que vivo.

Sabía que los humanos eran traidores y crueles por naturaleza. Eso le fascinaba pero a su vez, como él solía decir le "inquietaba". En el fondo era consciente de que tenía el corazón más débil de todos y que si se encariñaba con alguien y le traicionaba saldría muy lastimado. Para protegerse prefirió crear una barrera entre las personas y él, y desde una distancia prudente jugar con ellas, utilizarlas para que no le utilicen a él. Amarlos a todos por igual y no dejarse amar por nadie. Si se rompía esa barrera con alguien dejaría al descubierto toda su debilidad, y eso no se puede suceder, no de nuevo, nunca.

¿Tan solito te sientes, Orihara-kun?

El precio de informante, la muerte; el precio de ser él, la soledad.

Ni siquiera muerto alguien te echará de menos...

Era consciente de que nadie, ni siquiera sus hermanas, le extrañarían.
Por eso no quería morir de forma tan ridícula, si moriría de todos modos y nadie le echaría de menos que al menos sea una muerte digna para él.

Simplemente tu vida no vale nada.

Pensó en las personas que quizás le echen un poquito de menos: Shinra quizás, pero se le pasaría rápido con cualquier consuelo de Celty, sus hermanas... que va, hasta lo agradecerían... especialmente Mairu, Celty no, Shizuo haría una fiesta, Shizuka no, Namie no, Kadota... no, Shiki se conseguiría rápido otro informante...

SakuraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora