Capítulo 59: El perdón es el arma más poderosa y la más difícil de manejar

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{Narrador Omnisciente}
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-Autora: ¡madre mía, suegra de Omnisciente! ¡Este estudio de grabación es brutal!

-Omnisciente(llorando): Suegrita no sabes como te adoro. Todo queda perdonado. Las veces que en Nochebuena me tiró de las escaleras cuando el día de mi boda trajiste a un ex novio de Adelaida o las veces que hablabas bien de mi primo Alan sugiriendo que se casara con mi esposa...🥺

-Autora: Omni... creo que no hacía falta perdonar tanto😟

-Suegra de Omnisciente:  he visto que realmente te esfuerzas, no solo por el proyecto sino también por mi hija. Y aunque este nieto mío me saca más de quicio que mi difunto marido... es hora de aceptar que a lo mejor no eres la peor opción con la que mi hija se pudo casar...😮‍💨

-Omnisciente: ¡Gracias suegrita! 😭

-Autora: madre mía pero que arrastrado...😑 En fin... ¿Empezamos nuestra primera grabación... como equipo? Han sido unos meses muy duros, donde algunos llegaron a ocultar cosas-mira a Omnisciente- y otros nos desmoralizaban constantemente... -mira a la suegra- pero a pesar de todo... sois los únicos que habéis estado aquí.... después de perderlo todo. Así que no puedo estar más agradecida🥺

-Omnisciente: Autora, siempre estaremos aquí, puede que mi suegra menos (¡oye!) pero aquí estaremos.

-Autora: Mira, antes de que me ponga a llorar empecemos con el capítulo.

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Cuando Izaya le confesó que había manipulado a todos para traicionarla, Yumi le creyó. Sonaba a algo que él haría. Era... propio de él.

Y aun así, no pudo meterse a la cama.

Seguía con el trapo mojado en la mano, la ventana casi limpia, la luz de luna filtrándose en el silencio. Incapaz de calmarse. Incapaz de creer del todo.

Se llamó estúpida. Una parte de ella no quería aceptar que él fuera el causante… aunque sabía que él era capaz.

Yumi (en un susurro): Hay algo que no me cuadra…

Izaya era así, sí. Todos lo sabían. Pero… ¿por qué admitirlo? ¿Por burla? ¿Para deleitarse con sus reacciones? Suena lógico.

Si era cierto, entonces Kadota, Celty y las gemelas no la habían traicionado por voluntad propia. Sino por él.

Se pasó la mano por la frente y apoyó la otra en la ventana. La ciudad bañada en plata no ofrecía respuestas. No sabía a quién recurrir.

Hasta que… tocó su bolsillo. El ticket de las magdalenas de melocotón que le regaló Hisa hace una semana.

Hisa Hekima Yamada. La anciana del piso de abajo. Su amiga. Su casi madre. La única figura maternal que había tenido. Triste, sí. Pero también cálido.

Miró la hora. Dudó. Caminó hacia su puerta, con las piernas temblorosas. Vaciló al tocar el timbre.

¿Realmente crees que se despertará por ti? Todos te abandonaron. ¿Ella será distinta?

Respiró hondo. Tocó el timbre. Esperó.

Al no oír pasos, se dio vuelta, derrotada.

Yumi: Claro, Yumi. Una señora mayor no va a quedarse despierta para escuchar tus tonterías…

Pero el clic metálico la detuvo. La puerta se abrió. Hisa apareció con su bata lila, moño alto y zapatillas de casa.

Hisa: Oh, qué sorpresa. ¿Necesitas algo, hija?

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