{Narrador Omnisciente}
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La noche se había sentido menos fría que las anteriores. Los rayos del sol que se colaban en las ventanas, alumbraban la cama de la mujer de cabello de cobre... Pero no sentía menos frío por eso. Lo sentía menos frío porque se había quitado el peso del rencor con las gemelas y su corazón y se notaba más ligera, has conectado con la manta que la envolvía, y por consiguiente, más cálida. Aun así, bestia con colores claros en todas sus ropas, buscando la frescura para despertarse de ese sueño tan arrollador.
Pero en el otro extremo del apartamento de lujo, Izaya sentía las cosas más frías que antes. Durante toda su vida sintió frío, sin excepción. Desde el frío de un niño en una cama demasiado grande para él, hasta el frío de un hombre que se negaba a reconocer haber perdido el único vestigio de calidez que tenía... quizás porque tenía miedo de admitirlo y sentir que lo había perdido, o a lo mejor porque como nunca había sentido calidez lo suficiente y no sabía diferenciarla aún del frío.
Pero sentía más frío en las noches.
No era como si antes no sintiera frío; siempre ha sido un hombre friolento, de ahí que llevara un abrigo que lo resguarde. Y quizás inconscientemente por eso llevaba ropa oscura, ya que la oscuridad absorbe el calor. Pero ahora temblaba y hasta pensaba que iba a resfriarse.
Y esas personas tan diferentes vivían en la misma casa y se levantaban casi a la misma hora, solo que mientras uno ignoraba, el otro anhelaba su cercanía, pero volvía a su actitud fría, sarcástica y arrogante de siempre para mantener una fachada de villano. Fachada que siempre ponía.
Aún cansado, especialmente cansado hoy que otras veces, salió de su cuarto y vio a Yumi en saliendo del suyo. Parecía tranquila, las ojeras que tenía casi habían desaparecido y el sol aún se filtraba por la rendija de su puerta. Quiso romper el hielo con una broma, pero él picor en su garganta le obligó a tragar saliva antes.
-Izaya: Parece que alguien se ha levantado con el pie derecho~
Yumi le ignoró y se metió al baño, e Izaya lo sintió como un puñal, pero solo soltó una risita baja cuya intención era que Yumi escuchara.
-Izaya: No. Parece que se ha vuelto a levantar con el izquierdo.
Ironizó, ignorando el sentimiento de soledad que afloraba en su pecho, un gran conocido suyo... pero ahora lo sentía más presente. Yumi al salir, ya aseada, bajó a la cocina con un ritmo mecánico.
Su frialdad, pocas palabras y solo las necesarias, su indiferencia... eran idénticas a su antigua secretaria.
-Izaya pensamiento: Casi igual que Namie-chan...
O incluso peor, porque al menos con Namie podía divertirse burlándose de ella o respondía con sarcasmo y abiertamente se odiaban, pero con Yumi la soledad era tal que se sentía invisible en su propia casa. Sería mentira si dijera que la odiaba, al contrario, ¡era su humana favorita!, pero estaba claro que ella sí le odiaba a él.
Yumi preparó el desayuno de Izaya con la misma rapidez de siempre (es decir, de hace ocho días exactamente). Café y una fruta cortada.
Antes al menos le preparaba una tostada... Pero la comida le daba igual, ¡Total! Comía poco por costumbre en la mañana. Lo que hacía que Izaya divagara en tomar un trozo de la fruta era la ausencia de la voz de su secretaria.
Pero era lo que buscaba.
Su plan fue echarse la culpa de todo lo ocurrido, las traiciones, la soledad, todo... para que ella conservará esa bondad inquebrantable que tenía, su extraña y fascinante capacidad de perdonar, de creer, de cuidar. Nunca había conocido a una humana tan altruista. En la ciudad que tanto amaba todos los seres humanos se mueven por conveniencia pero Yumi no solo cuidaba de todos más que a sí misma sino que inspiraba a hacerlo. Y no quería que eso se perdiera.
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Sakura
FanficLa vida de Izaya da un giro de 180°grados cuando recibe una amenaza de un anónimo que le exige verse para ajustar cuentas en el puente «Yotsuya Mitsuke ».Allí conoce a Yumi, una joven de 21 años a la cual el pasado atormenta desde su tierna infanc...
