capítulo 18

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–¿Señorita Freen? –los golpes en la puerta me asustan, por lo que instintivamente me tapo con las frazadas antes de que mhee entre y vea a mi amiguito despierto y rebecca chupandolo– ¿Puedo pasar?

Hecho un vistazo debajo de las tapas, las acomodo y le respondo:

–Si –grito, para que pueda oírme.

–¿Por qué aún no se ha levantado? – mhee camina rápidamente hasta mí.

–Es que me siento cansada –miento.

–¿Por qué las tapas están abultadas en esa zona? –apunta al área de mis piernas.

–Es que... es que tengo las rodillas en alto porque me dolían un poco –qué excusa tan mierda.

–¿Quiere que le haga un masaje? –mhee viene directo a quitar las mantas.

–¡No! –mi tono de voz la detiene–. Lo siento –le sonrío un poco–. Creo que solo necesito descansar.

–Mmm... –su mirada me indica que no está muy convencida de lo que digo–. Está bien, pero necesita comer, no quiero que descuide su alimentación.

–Lo sé. Te prometo que en un rato bajaré a desayunar.

–Bueno –me da una última inspección, para luego darse la vuelta en dirección a la puerta, pero se detiene–. Por cierto, ¿ha visto a la señorita?

–¿Qué señorita? –me hago la desentendida.

–Pues, la señorita Becky ¿Quién más?

–Es cierto –me río forzadamente–. No lo sé, debe estar en su habitación.

–No está, antes de venir aquí pasé a verla, pero no la encontré.

–¿Quizás en la ducha?

–No se oía la ducha.

–Pues no lo sé mhee, quizás fue donde su amiga.

–No lo creo, ayer dijo que hoy se quedaría en casa.

–Entonces no tengo idea.

–Debería tomarle más atención –ruedo los ojos ante sus palabras.

–No es una bebé, puede cuidarse sola.

–Pero son un matrimonio –se queda pensando durante un instante y por alguna razón, ya sé lo que dirá–. Quizás si le contará sobre ese tema podrían volverse más unidas.

–Opino que estamos bien de esta forma.

–No olvide que es su esposa, no importa si no la ama, usted hizo una promesa y debe cumplirla como se debe.

–Deberías irte, mhee –mi voz sale más dura de lo que planeaba–. Quiero descansar un poco más antes de ir a trabajar. Agradezco tu preocupación, pero quiero dormir.

–Entiendo –me da un asentimiento de cabeza y se va.

En cuanto cierra la puerta, el placer vuelve a invadir mi cuerpo.

–Ohhh, Rebecca –mis caderas se mueven lentamente–. Tu boca

Levanto las frazadas y veo a Becky entre mis piernas, con la boca abierta y su lengua afuera. Separa su cara de aquella zona y me da una mirada seria.

–No debiste ser tan dura con mhee

–Lo sé, no era mi intención –soy honesta.

–Quiero que después te disculpes con ella.

–Lo haré.

–Eso espero –vuelve a agachar la cabeza, pero se detiene. Levanta su mirada y sus ojos conectan con los míos–. Porque si no lo haces, jamás volveré a tocarte, ni dejaré que me toques, ¿te queda claro?

Solo es un contratoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora