Entre a el mundo de la lectura a los once años.
Ahora resulta que soy una antagonista en el mundo de un libro que no conozco pero se la mayoría de cosas importantes por fanfinc.
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— ¿Cómo estás? — Dejo el vaso de agua a un lado de Christopher quien solo me mira con su cara de culo.
— ¿Cómo llegué aquí?
— Ya te lo dije. Te encontramos cuanto atacaron el hospital militar. — Muevo el la cuchara por el plato de sopa para comenzar a enfriarlo.
— No soy estúpido Arinka, me despertaron cuando estaba en el hospital, con Alex diciendo que me mandarían a Hong Kong. La única forma es que ustedes me tomarán de ahí. ¿Quién eres Arinka?
Mi sonrisa aparece para dejar la sopa en el buro con delicadeza. — Puedo ser lo que quiera ser. — Me burlo.
— No juegues conmigo. — Me toma de inmediato por el cuello y la puerta se abre de golpe.
— Suéltala. — La voz de Vladimir me hace maldecir.
— Se te dio una órden. — Adam el líder de las sombras también está ahí.
Escucho ambas armas ser cargadas. Christopher me mira y me suelta a regañadientes haciéndose para atrás en la cama dejándome tosiendo.
— Arinka ¿Estás bien? — Vladimir me habla desde la distancia.
— Lo estoy. — Me acomodo la ropa como si nada hubiera pasado. — No me iba a hacer nada.
— ¿Por qué estás tan segura? — Christopher me mira con irá y algo de burla.
— No saldrías vivo de aquí, era más probable que yo viviera a que lo hagas tú. — Me levanto — La casa tiene sensores especiales y tecnología hecha por mi. Mide mis signos vitales y me monitorea cuando nota anomalías en mi persona suelta mi droga en gas. Esa asesina al instante a excepción mía.
— Yo no veo nada. — Se gira y le hago una seña a ambos guardianes para que bajen sus armas. — Seguro no sirve.
— O no apretaste lo suficiente. Si así eres en el sexo ya entiendo porque no tienes novia. — Me alejo y tomo la banda que me ofrece Vlad para colocarla en mi hombro. — Me presento. Soy AC, puedes decirme Arinka.
— ¿Eres tú? ¿Cómo una cosa tan pequeña y come pasteles puede ser esa maldita persona que me causa problemas? Sabes que todos están detrás de ti.
— ¿Quién sospecharia de qué son yo? Cuando fuiste a mi casa cometiste el error de no leer las cartas con mis abuelos. Ahí estaba lo que buscabas pero te pareció una estupidez.
— ¿Qué mierda quieres? — Masculla.
— Apoyo mutuo Coronel. Yo te ayudo con información de los Mascherano y sus próximos golpes. A cambio ustedes me ayudarán si algo sale mal combatiendo contra los italianos.
— ¿Qué hay de la Bratva? Yo no me voy con mis enemigos.
— No me salgas con estupideces Christopher. Cuando eras joven te fuiste con la mafia italiana y por lo de su hermana fue que comenzaron con su guerra estúpida que dura más que un matrimonio.