Cita en el museo (1ra parte)

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- ¡Que dolor de cabeza- 

Antes de levantarse de la cama, Kyojuro exclamo con fuerza aun recostado, el dolor punzante y migrañoso lo puso de sobre aviso y abrió los ojos.

Reconoció el espacio y ese cuarto no es su habitación, el aroma a mar y jazmines le decía que es la estancia de Tomioka, entonces los recuerdos de la noche golpean en su mente.

- ¡Por los dioses que hice!- Se levanto de un salto y arrastro las sabanas con el, suspiro de alivio al encontrarse solo.

El alcohol lo condujo a desinhibirse y ser sincero con Giyuu, de una forma de la que no se siente orgulloso, recuerda haberle confesado un gusto que apenas nace como un brote de frijol.

Con algo de pena, salió y se encamino hacia su propia pieza, intuía que Giyuu se encontraba dentro por los sollozos vespertinos de su hija.

Llamo a la puerta, espero la confirmación del niñero, esos segundos le causaron un micro infarto.

¿Con que cara lo miraría?

Quedo cabizbajo, hasta que Giyuu le hablo suavemente anunciando que entrara.

- Buen dia-

Un saludo típico y de rutina fue dicho por ambos a la vez, el pelinegro ladeaba el rostro con la niña en brazos a diferencia de Rengoku quien no dejaba de sujetar el mango de la puerta, pero tenia los ojos dorados fijos en el.

Aunque no digan mucho, sus corazones expresan con ruidos acelerados la tensión que existe en ese ambiente que solo les pertenece a ellos.

Sin detenerse a pensar mas al respecto, Giyuu no había notado cuando el rubio se le acerco para tomar a la niña y estrecharla entre sus fuertes y cálidos brazos paternales.

- Usted debe querer privacidad, los dejare a solas- El niñero intento sonar calmado y pretendió huir de su patrón, este quedo con una expresión de ligero desconcierto, no iba a permitir que su relación se estropeara por unas copas demás.

- Espera, Tomioka- Lo siguió hacia la salida, la niña tiraba de sus hebras doradas aprovechando que su padre andaba en las nubes por Giyuu- Tengo que ir al trabajo, pero cuando regrese...¿Podemos hablar?

El chico de ojos azules, parpadeo un par de veces, no volteo a verlo y solo afirmo en silencio, para luego abandonar el lugar en donde sentía que le faltaba la respiración, el tampoco olvida lo que pasaron, fuera del cuarto al terminar de recorrer el pasillo se apoya contra la pared, algo encorvado y con mucha vergüenza en sus mejillas.

- De seguro esta arrepentido- Murmuro con decepción, el mismo se jugaba en contra, le es demasiado increíble que un hombre como Rengoku se fije en alguien tan simple como se considera el.

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El sonido del claxon.

Kyojuro viste un terno de oficina, su cabello sujetado en una cola alta y su diestra lleva un portafolios, cierra la puerta y escucha a Tengen llamándole desde el auto.

A pesar de la fria ducha que tomo antes, esta no logro mitigar los rastros de calor que le provoca pensar en Giyuu; sin embargo tiene mucho en que pensar antes de tomar una decisión, cruza el camino de piedras de su jardín, pero nota algo extraño que toca su pie, un bulto de frazadas que encierra a alguien dentro.

- Akaza, ¿Qué haces en mi patio?- Cuestiona al divisar las hebras rosadas bajo las cobijas.

- Ehh, buen dia mi vida, no lo recuerdas anoche dijiste que podía vivir aquí-

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