E2: Refugio de Sentimientos (actualizado)

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     La vida, tan frágil para mantener y tan fácil de extinguir, un regalo que se desvanece con el tiempo. Un regalo, cuya esencia al perderse, arrastra consigo la alegría de todos aquellos que la valoran. La heredera enfrentó tiempos tempestuosos y su felicidad se tornó esquiva. La muerte, antes un evento impactante, se convirtió en una constante indiferente. Se vio obligada a aprender a distanciarse, a no formar lazos, creyendo que así el dolor sería un extraño en su vida, pero por desgracia, a pesar de los incontables esfuerzos, continúo siendo un extraño cuyo rostro se encontraba frente a ella cada mañana y cada noche, obligándola a ser alguien que cada segundo de sus días se apegó al frio y la lejanía. Sin embargo, conociendo su propio pasado, nunca imaginó que la muerte de un desconocido la afectaría tan profundamente, al punto de querer huir, de querer lanzarse al suelo y llorar a cántanos. La princesa heredera no sabía el por qué, pero algo le dejo un vacío en el corazón, un hueco insaciable, necesitado de un apoyo jamás recibido, y un sentimiento desconocido que jamás deseó, pues era de esto de lo que tanto se escondía en barreras invisibles, pero tan efectivas como si fueran reales. Aquel cuerpo sin alma no era uno más del millón que había presenciado a lo largo de su vida, este despertó un dolor desconocido para ella, una sensación que llevaba años sin sentir, una emoción que todos llaman tristeza.

Al entrar en la casa, el aroma a sangre que había pasado la noche al descubierto era abrumador. El caos reinaba, con objetos dispersos y un montículo de tierra en el jardín que marcaba la tumba de la esposa del médico. No había nadie más entre esas cuatro paredes, nuevamente el medico no estaba presente, un silencio inquietante hacia temblar las firmes manos de Lin Ae Young. La tensión era palpable, y la princesa, con la mirada clavada en el suelo, luchaba por contener las lágrimas, mostrando una fortaleza que no sentía. Chin Hae, percibiendo su angustia, se acercó con delicadeza y le preguntó si estaba bien, su voz era reconfortante y cálida, tanto que fue capaz de alivianar un enorme peso que Ae Young, aun paralitica, sentía en su pecho.

- Estoy bien, es solo que el olor adentro es sofocante. Aquí afuera no esta tan mal, pero...no puedo esperar para volver al palacio y darme un baño. –

Mientras Ae Young hablaba, el solo la veía sentado a su lado. Examinando la belleza que esta contemplaba. Su sobrio y delicado vestido hecho por las mejores manos con las mejores telas, su piel radiante cual sol que se reflejaba en ella, y delicadas manos como la superficie de un pétalo. Ojos grandes, pero con parpados caídos y serios, acompañados de hermosas pero tristes pestañas. Sus cabellos sueltos y relucientes que reposaban sobre sus rígidos hombros y solo el aire, cual criminal embustero, tenía la osadía de tocar.

"No ha cambiado nada" "Como una mujer tan hermosa puede verse tan triste?" pensó Chin Hae, preocupado por la heredera, deseando ayudarla, pero con manos atadas y nada que decir.

Nam Chin Hae le propuso ir al pueblo a preguntar a los alrededores. Era importante cuestionar a otros en caso de haber visto algo sospechoso, sin embargo, esta no eran sus verdaderas intenciones, el deseaba ayudarla a sentirse mejor haciéndola caminar por el pueblo, así estaría lejos de la escena y se sentiría menos presionada.

Ella asintió y camino con el en completo silencio. Ni una palabra salió de los labios de ninguno. Aun asi, con cada paso, con cada mirada, cada acción, el frio que hacía temblar a Ae Young se fue alejando, el dolor que sentía fue desvaneciendo, el vacío que la consumía empezó a llenarse. Poco a poco en su rostro se dibujo una sonrisa, tan genuina como la de Nam Chin Hae.

Por desgracia, no ocurría lo mismo con las preguntas, estas no desvanecían, aumentaban. Pues en el pueblo nadie parecía conocer la situación. La distancia entre ellos se acortaba, pero el camino a las respuestas parecía cada vez más largo.

La brutalidad del asesinato era evidente, no había sido envenenada como las víctimas anteriores, sino asesinada con una katana. Su cuerpo fue enterrado de nuevo en un mejor lugar, tal y como correspondía. Mientras tanto, la princesa Ae Young y Chin Hae interrogaban a los aldeanos sobre el médico real, desaparecido desde varios días. Las respuestas eran evasivas; nadie parecía conocerlo o, los que lo conocían, desconocían su paradero. La suerte no parecía estar de su lado hasta que, cerca del palacio, vieron desde la distancia a un hombre que parecía ansioso por hablar con la heredera. Los guardias lo detenían, pero este insistía en entrar al lugar. Solo se detuvo cuando noto a la princesa heredera a lo lejos, observándolo con ojos suspicaces.

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