E13: Trampas de Equitacion. (actualizado)

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El amor, la vida, la riqueza. Tan bellos y efímeros. Susceptibles y fácilmente transformados en odio, muerte, y pobreza. Cambian con la misma facilidad en la que una pluma es sacudida con el viento. Están en los polos opuestos de nuestra existencia, y aun asi, un suspiro basta para afectar nuestro destino. Un error, una decisión, una circunstancia que no podemos evitar. Hay tantos factores que nos pueden llevar a la ruina, que el simple hecho de pensarlo nos pone en riesgo. }


Nuestro destino esta sujeto a nuestras acciones. Nos creemos titiriteros, pero cada hilo que movemos es bajo la influencia de nuestras emociones, porque somos débiles ante ellas, y porque son nuestra única fuerza. La vida es imprescindible, cada elección que hagamos conllevara a un futuro resultado que desconocemos. No debemos poner la confianza en nuestras armas, ya que hasta las más poderosas herramientas pueden desaparecer en un chasquido. No lo veamos como un lado oscuro del mundo. Veámoslo como una oportunidad, como un punto intermedio entre la luz y las sombras, un chance para elegir hacia qué lado correr, un aliento para pelear.


Era de noche y la luna se escondió por primera vez en todo el mes, parecía no querer ser testigo de lo que ocurriría. Unas pocas luces iluminaban los pasillos del palacio y una figura ominosa se escabullía bajo órdenes de la reina madre al establo de caballos.


- Busca el caballo del joven Nam. Estará en el establo de los nobles. Es el único caballo Halla en todo el lugar. Su caballo es adorado por el pueblo por su majestuoso y raro aspecto. El joven Nam tuvo la osadía de montarlo en cada uno de sus viajes por todo el país y también en su estadía en China. Por lo que no puedes lastimar el caballo, sería un escándalo que pagaras con tu vida. Solo cambia la cincha, seguramente la guardan cerca de la bestia.


Estas fueron las palabras de la reina, las que el misterioso hombre siguió al pie de la letra. Vestido como mozo de cuadra, se infiltro al establo. Un fuerte olor a heno dominaba el ambiente y sus pisadas quedaban marcadas en la tierra. Al final se encontró con el corcel.


Era un caballo que definitivamente merecía su gran reputación. Era de un negro azabache, tan oscuro que casi se camuflaba en la oscuridad, de no ser por esas llamativas luces que se reflejaban en su sedoso pelaje. Su melena, una cascada de hilos plateados que colgaban de su cuello, al igual que la cola, tan larga que rozaba el suelo, tan elegante que hipnotizaba. Sus patas, fuertes e imponentes, envueltas en un gris acerado y pesuñas blancas. Parecía tener una armadura lista para los miles de viajes y caminatas que realizaba.


Junto a él, una montura que aclamaba atención, pero no tanta como el animal que la llevaría. El hombre saco una cincha vieja y gastada, al borde del colapso, y la intercambio con la que tenía anteriormente. Y así, como si hubiese sido una simple hoja traída por el viento, desapareció.


Amor de PalacioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora