La vida de las personas no solo depende de su personalidad. Depende de los factores externos que dan forma a su pasado. Pero cuando hablamos de decisiones, estas que difícilmente se reconocen como buenas o malas, ahí es donde el verdadero conflicto interviene.
Elegir un camino, es parte de un recorrido que cada ser humano debe tomar. Pero, algunas veces la diferencia entre lo que se puede ser, a través las intenciones y en lo que te conviertes debido a tus acciones. Es un hilo tan delgado que muchos se pierden en el peso de la elección. Pues todos somos humanos, somos presas de nuestros errores y depredadores de las heridas. No obstante, eso no nos exime de ser ángeles, o demonios, en la vida de quienes nos rodean.
Era una noche esclava del silencio, y extrañamente desierta. La princesa heredera volvía a sus aposentos luego de su larga plática con Chin-Hae.
Y el, como un lobo enamorado, sentado sobre un alto muro, bajo la luz de la luna, hablaba con su gran amigo. Aunque en su mente, solo estaba ella… y la palabra amor.
Ambos compañeros hablaban de sus vidas amorosas, lo común entre ellos. La de Chin-Hae, anteriormente la más aburrida, empezaba a volverse interesantes.
– Admito que desde pequeño nunca me intereso ninguna chica. Tenía demasiado drama en mi vida para pensar en eso.– susurro Chin-Hae, intentando no perturbar el silencio ni llamar la atención de los guardias.
-– ¿Estás seguro amigo? Bueno, no creí que tu vida realmente haya cambiado tanto en estos días. Yo pensé que te quedarías solo o casado con Ji-Min. Pero mírate, ahora estás enamorado.– Dijo su amigo, recostándose de la pared.
Al historiador Woong-Sik no parecía importarle mucho ser descubierto afuera a esas horas de la noche, pues su volumen no colaboraba.
– ¿Recuerdas a esa niña de mis dibujos? La que Ji-Min llama chica misterio.– Chin-Hae se inclinó y miro hacia abajo.
Woong-Sik levanto la mirada intrigado, y asintió.
–Pues es ella… al fin me recordó. Hasta llegue a pensar que me había olvidado. Era entendible, ella solo tenía cinco años.– Chin-Hae se quedó mirando las estrellas y su amigo intentando entender.
– Hasta donde yo entendí… estabas enamorado de Su Alteza, la princesa heredera.
Chin-Hae ignoro sus palabras, estaba tan sumido en sus pensamientos que no lo escucho. Y aun con los ojos anclados a la poca luz que daba el cielo, habló;
– Esta vez no me iré, no desapareceré. Me quedare a su lado, espero que no sea muy tarde para eso.– un pesado suspiro escapo de su pecho y tenso el ambiente, mientras, él se encontraba en total paz pensando en ella. – Me debo ir. Ya pasó el toque de queda hace mucho.
Se lanzó del muro y camino pacíficamente entre los pasillos sin importarle ser visto.
Cuando, entre la neblina y frio que abarcaba la oscuridad, una figura conocida en vestido corría hacia él.
– ¿Qué haces aquí?– preguntaron ambos simultáneamente.
– Hablaba con Woong-Sik. No se supone que deberías estar en tus aposentos. ¿Y tú guardaespaldas?– Chin-Hae no paraba de hablar y hacer preguntas, le impresionaba ver a la heredera a esas horas de la noche.
– Ah él, si… creo que lo deje atrás. Debo ir a mis aposentos rápido, si los guardias me ven mi padre y el eunuco Jung me encerraran y no podré volver a salir hasta que sea reina.
Ae-Young no dejaba de mirar atrás, temía ser vista. Se despidió y antes de marchar Chin-Hae la detuvo.
– Todavía estás algo lejos. Ve, yo me encargare de los guardias. De todas formas ya tengo mala reputación entre ellos.
La princesa heredera no entendía del todo, pero sin problema aceptó y continúo su carrera hasta sus aposentos.
Nam Chin-Hae quien tenía la mala fama de siempre merodear el palacio durante el toque de queda. Gritó a los guardias, llamando su atención y haciéndolos correr tras él. Toda la zona quedo desolada.
…
Llego la mañana siguiente y el palacio entro en pánico. Y más que todos lo estaba Nam Chin-Hae, quien recién recibía la noticia de que la princesa heredera y su guardaespaldas, habían desaparecido.
Por otro lado, muy lejos de los muros del palacio y las casas del pueblo. Ae-Young, quien había estado desmayada toda la noche, recién recobraba la consciencia. Despertó confundida, su cuerpo dolía de panera punzante, como si mil agujas atravesaran su pecho. La voz de alguien la alarmo;
– Despertaste. Espero que hayas dormido bien.– esa voz masculina provenía de un rincón oscuro, la heredera apenas podía ver su cuerpo, no tenía fuerzas para levantar más la mirada, ni suficiente luz para revelar su rostro. –te has convertido en un dolor de cabeza. Arruinas vidas sin siquiera enterarte, y aun así la tuya es todo un caso. Sería más fácil escapar del país que acercarse a ti.
Este hombre parecía tener mucho que decir, ella pudo notarlo. Generalmente estas personas no suelen decir mucho, evitan dejar ir información innecesaria. Pero a él parecía importarle más las palabras en su garganta, y Ae-Young solo escuchaba, mientras intentaba liberarse.
– Me pregunto si el mundo te olvidara y remplazara más rápido que a mí. Mochos te conocen… puede que tome más tiempo.
…
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Amor de Palacio
Historical Fiction✮ Lin Ae-Young, una heredera al trono atada a un pasado sangriento escondido en los muros del palacio. ✮ Nam Chin-Hae, un plebeyo que heredó la traición de su padre y paga con lealtad. ✮ Dos personas, tan diferentes, pero unidos por el mismo miedo...
