Las pruebas de la vida son arduas, de eso no cabe duda. Son flechas que debemos esquivar, golpes que debemos afrontar, heridas que debemos sanar. Las pruebas no son nada más ni nada menos que consecuencias de nuestras previas decisiones. Son un tiempo de duelo que nos hace dudar de si realmente vamos por el camino correcto. Pero no son eternas. La flecha no te persigue, los golpes duelen, pero no matan, las heridas cicatrizan, no sangran de por vida. Pero somos nosotros mismos, aquellos que tomamos las decisiones, quienes debemos levantar la cabeza, y aceptar lo que la vida, nuestros fallos, y nuestras hazañas, nos dan, o nos quitan.
Pasaron algunos días, y Chin-Hae finalmente se recuperó. Ae-Young lo ayudo a alistarse e irse del lugar. Su primer plan fue visitar a su amigo, el historiados Kim Woong-Sik. Le preocupaba el hecho de que este no lo había visitado anteriormente. Al pedirle de favor a Ae-Young verlo, ella lo toma de las manos con ojos cristalinos y todo el dolor del mundo.
- No te lo dije antes porque temía que salieras corriendo a buscarlo estando herido. Pero Woong-Sik… ya no está entre nosotros. Perdón, debí decirte antes.
El shock paralizo a Chin-Hae y se lanzó al suelo a llorar. Sentía como su pecho se comprimía y quedaba sin aire, aun así, no le importo. Solo grito, maldijo, se odio, se culpó. Fue como si hubiese perdido una parte muy importante de él y ni siquiera lo sabía. Fue como si la falta de una despedida apropiada le hiciera creer que no era verdad. Fue como si lo aplastara todo lo que en ese momento pasaba por su cabeza.
Ese día en el incendio, tanto Ae-Young, como Chin-Hae, y Ji-Min, perdieron personas muy importantes para ellos. Murió la reina, aquella amiga de su hija, la heredera. Murió el rey, aquel que, a pesar de haber sido el mayor enemigo escondido tras los pecados de su hijo, seguía siendo el padre de Ae-Young. Murieron los tres consejeros, incluyendo al Primer Ministro, padre de Nam-Ji-Min, y quien cuido a Chin-Hae dándole su apellido. Murió el padre de Chin-Hae, aquel que en busca de su hijo, se había escabullido a los interiores del palacio.
La despedida de tantas víctimas fue una ceremonia tardía, triste y sin color. Sería un día que todo el pueblo de Joseon recordaría como catastrófico, trágico.
Luego una ceremonia mas fue organizada. El nombramiento de Lin Ae-Young como nueva reina. Durante aquel evento, justo después de ser nombrada reina, ella dio n discurso que nadie podria haber imaginado.
- Sé que este ataque que sufrimos recientemente nos ha causado muchas pérdidas, y estoy al tanto de que muchos no me consideran capaz de encargarme de este puesto como lo hicieron mis padres. Yo tampoco lo creo.- Al decir esto, el bullicio de todos aquellos que escuchaban la interrumpió. – Este es un gran deber del cual no merezco ser responsable. Hace años tuve un hermano que luego de ser secuestrado, mi familia se encargo de hacer desaparecer también de los recuerdos de este pueblo. El era el merecedor principal de la corona, pero ahora no podrá tomar este cargo por ser la causa de muchas muertes. Así que tome una decisión que espero todos puedan comprender y aceptar; renuncio a esta gran responsabilidad y se la paso a alguien que sé que será capaz de hacer de este un país más armonioso; a partir de hoy, declaro que su rey será Han Suk-Hyun, hijo de los mejores terratenientes de Seonghyeon, conocidos por su basta riqueza y su influencia en la región. Yo no seré capaz de guiarlos como corresponde. Quisiera que den la oportunidad de demostrar que el sí puede-
Luego de este discurso, las puertas del lugar se abrieron y Suk-Hyun entro con una sonrisa en su rostro, asegurándole a Ae-Young, que daría lo mejor de el para que Seonghyeon, el pueblo donde viviría a partir de ese día como rey, y todos los alrededores, gozaran de la paz que sabía ella deseaba para Joseon.
Lin Seong-Hwa fue encerrado en una celda, pero por sus acciones tan violentas y su ataque a la corte, perdonarle la vida estaba fuera del alcanze de cualquiera. El merecía un mayor castigo ya que fue responsable de muchas muertes. Ese día ella lo fue a visitar, y Seong Hwa le explico que el fuego había sido accidental y que sus hombres habían empezado el ataque antes de lo planeado, por esa razón no llegaron a tiempo para evitarlo.
- Estaba cegado por la sed de venganza, pero eso no excusa mis actos. Ustedes perdieron mucho por mi culpa y se cuál es la consecuencia por mis actos. La voy a acatar sin ningún problema. Solo quiero que quede claro que, de haber tenido la oportunidad de conocerte antes de tomar esa horrible decisión… jamás habría hecho nada que pudiera lastimarte. Espero que, a pesar de todo el daño, algún día puedas pensar en mi como un hermano y no un asesino.
Llego el dia en que Lin Seong-Hwa, el príncipe perdido, el guardaespaldas de la heredera, el atacante de Eohwa, recibiria con brazos abiertos lo que merecía por cada uno de sus crimenes: la muerte.
Todos estaban listos, el verdugo tenía su espada lista, y el pueblo esperaba ver la ejecución del creiminal. Pero habia algo sucediendo cerca de aquella celda que lo aprisionaba 1ue nadie habria podido predecir.
Ae-Young y su mejor amiga, Min-Jae, se aproccimaban a Seong-Hwa con un sigilo inigualable y algo de ayuda del nuevo rey, Han Suk-Hyun, a donde yacia el que pronto vería su fin.
La que antes era la princesa heredera abrio la puerta y tomo de las manos a su hermano.
– Sígueme. Te sacaremos de aquí.– susurro.
El hombre solto sus manos y se sentó, negándose a huir de su destino.
– Es mi deber pagar por las atrocidades que cometí. El joven Nam… casi muere por mi.– Su mirada decaída delataba el dolor y arrepentimiento que cargaba. Apretó sus puños y Ae-Young se agacho junto a el.
– Justo por eso no puedo permitir que te maten. Chin-Hae casi muere. No lo hizo porque tu le salvaste la vida. Eres la única familia que me queda. ¿No es suficiente castigo tener ese rencor hacia ti mismo?
Lin Ae-Young lo ayudo a levantarse y junto con Min-Jae escaparon.
Muy lejos, en una cabaña en las profundidades del bosque, cerca de un pequeño pueblo distante de la sociedad, había una pequeña casita donde Seong-Hwa se escondería. Solo Chin-Hae, Ae-Young, y Min-Jae sabrían de su paradero.
Era una casa simple, nada extravagante. Colores sobrios y decoración sencilla. Aun así, la calidez y cariño que quedaron plasmados en cada pared era tan notable como el aroma de las flores en el frente de la casita. Seong-Hwa, el hombre que paso mas de 20 años preso por la ira, finalmente fue liberado. Ae-Young no lo libero de una simple celda donde su destino era trágico, también rompió las cadenas que lo ataban al pasado. Finalmente, podía sentir alivio, y valorar a la única familia que le quedaba, la única que jamás lo lastimo, y que por el contrario, lo protegió.
Años pasaron, Ae-Young comenzó a vivir en el pueblo con Chin Hae, quien ahora era su esposo, Ji Min y Ji-Ho vivían no muy lejos de ahí y tenían su propia biblioteca. Seong-Hwa se esforzó en trabajar apenas salió de prisión y muy a menudo visitaba a su hermana, aunque esta insistiera en que se mantuviera lejos de la capital.
Ae-Young y Chin-Hae visitaron por primera vez en un largo tiempo el lago secreto donde su amor floreció. Allí, junto a un árbol de pino que la pareja había plantado, había un pincel, uno que Woong-Sik solía amar.
– Amigo mío, hace tiempo no hablábamos. Lamento nuevamente no haberte despedido correctamente cuando marchaste. –Dijo Chin-Hae recordando los bellos momentos que paso con el historiador. – Han pasado cinco años desde que te perdí, y creo que finalmente estoy listo.– una última lagrima salió sin permiso y recorrió la mejilla del chico. –Se que no estuve a tu lado en tus últimos momentos, ni siquiera en tu último día. Pero siempre me acompañarás y te acompañaré. Nos escabulliremos en el palacio, no respetaremos el toque de queda, hablaremos de nuestros amores. Seremos nuestros confidentes.– seco su lagrima y se levanto. – Al menos eso deseaba antes. Pero… no quiero que mis lagrimas sigan anclados a este mundo, hoy te dejaré ir. No te retendré. Mi gran amigo, fuiste el mejor.
Chin-Hae levanto la mirada y vio a Ae-Young sentada junto al lago. Un atardecer pintaba el paisaje y las flores de cerezo reposaba sobre la serenidad del agua. Y ahí se sentó el, junto a su amada, sosteniendo su mano con amor, y con el dolor de haber dejado ir finalmente a su amigo.
El palacio era un enigma, envuelto en misterios y oculto tras cortinas carmesí. Ahora, siendo un lugar ajeno a lo extraño, lo que antes parecía inaccesible ahora era hogar, y lo que alguna vez era oscuridad, ahora resplandece en cada pasillo con la luz de lo conocido y lo vivido, lo que llevo al palacio a dejar de ser un misterio y convertirse en un refugio de felicidad, gracias a aquel verdadero Amor de Palacio.
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Amor de Palacio
Fiction Historique✮ Lin Ae-Young, una heredera al trono atada a un pasado sangriento escondido en los muros del palacio. ✮ Nam Chin-Hae, un plebeyo que heredó la traición de su padre y paga con lealtad. ✮ Dos personas, tan diferentes, pero unidos por el mismo miedo...
