E1: El veneno de Eohwa (actualizado)

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El palacio era un enigma, envuelto en misterios y oculto tras cortinas carmesí. La rutina diaria era inmutable: con el alba, la princesa se levantaba, preparaba, rendía visita a los reyes y luego se dedicaba a cumplir con las tareas asignadas. En esta ocasión, su única obligación, dictada por su padre, era asistir a sus lecciones habituales con el maestro. Sin embargo, la visita fue interrumpida por un joven desconocido para la princesa, quien irrumpió con noticias para la familia real:

- Su majestad, lamento la interrupción, pero he traído la información solicitada sobre el médico real que anoche fue visto sustrayendo medicamentos. Los guardias no lo impidieron ya que afirmó que eran para la familia real, sin embargo, hoy no se presentó en el palacio y al parecer lo que extrajo fue una flor, esta se llama Eohwa (flor crepuscular). Es muy poco común, muy difícil de encontrar y solo se almacenan en el palacio. Su uso esta estrictamente prohibido desde hace años y solo se permite en emergencias de vida o muerte de cualquier miembro de la familia real. Y por lo que veo, nadie enfermó en esta última semana, aquí puedo apreciar a la familia sana. -

Hablo el chico con una voz confiada y segura, su última frase resaltaba el tono sarcástico, pero a la vez dejo claros sus pensamientos.

- ¿Insinúas que está malversando los recursos del palacio para su beneficio en el pueblo? -

- Así es, Su Majestad. –

Afirmo confiado de sus suposiciones, sabiendo que algo extraño pasaba, y no era nada positivo para la familia real.

Este chico alto de cabello largo y oscuro, ojos negros radiantes de tanta alegría como de seriedad, vestuario azul de telas finas y una imponente catana entre manos con diseños tan complejos como su brillante mente, era un completo extraño ante los ojos de Lin Ae Young, cuyo escape fue detenido por su madre, quien quería que estuviese al tanto de esta conversación.

La reina tomo una decisión, sabía que no era lo más seguro, ni tampoco sería bien recibido por su hija, quien rechazaba la idea de salir del palacio. Aun así, consciente de que desaprobaría la idea, le encomendó a la princesa heredera acompañar al joven al pueblo para verificar que el médico no estuviera abusando de su posición. A regañadientes, ella accedió a ir después de su clase en el jardín. La reina conocía a su hija más que a ella misma, así que consciente de una posible escapada por parte de Ae Young, pidió que este hombre la escoltara. Durante el camino a la clase, entablaron un diálogo tenso y poco agradable.

- Su majestad, si me lo permite, ¿podría indagar en el por qué le desagrada tanto visitar el pueblo? Algún día será su reino... sería prudente familiarizarse con su gente.

- No necesito tratar con nadie para ser reina, de todas formas, siempre se me recomienda no salir por seguridad. ¿Qué sentido tiene socializar con aquellos que solo sueñan en cruzar las puertas del palacio? Y usted, ¿quién cree ser para cuestionar mi actitud?

Su voz firme cortaba cada lazo que el joven intentara formar, su corazón frio congelaba sus cálidas palabras, y su mirada penetrante hacía que sus manos sudaran y sus ojos se inquietaran.

- Quien soy yo no es relevante, pero puede estar segura de que soy un servidor de confianza.

- Servidor de confianza, claro. Nunca había oído hablar de usted en el palacio, creo que si fuera de tanta confianza esta no sería la primera vez que no vemos.

Tras escuchar esto el hombre le clavo la mirada sin pestañear con una sonrisa cálida y un par de ojos alegres que ella estaba segura ocultaban algo, no sabía si bueno o malo, pero ocultaba algo.

Quedaron en un incómodo e inquebrantable silencio el resto del camino. Una vez allá, los minutos pasaron y la tensión se mantuvo durante la lección, que irónicamente trataba sobre la importancia de la conexión con el pueblo. Aquel hombre observaba a la princesa con una sonrisa burlona, lo que la incomodaba y enfurecía. Al finalizar, partieron del palacio sin mediar palabra. La actitud informal que lo caracterizaba había generado un ambiente cargado entre ellos. A pesar de su malestar inicial y su aversión a abandonar el palacio, la princesa se sintió ligeramente aliviada cuando compartieron algo de comida, en su mayoría, platillos que rara vez disfrutaba en la corte.

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