Máscaras, maquillaje, sombras. Son los medios que solemos usar para ocultar nuestras heridas pero, ¿Realmente lo vale? Las máscaras se rompen con el uso, el maquillaje se corre con las lágrimas, y las sombras tarde o temprano serán iluminadas y desaparecerán. Una vez que quedamos expuestos al mundo real, las heridas que tanto nos esforzamos en esconder termina siendo más profunda y dolorosa de lo que recordábamos, porque detrás de la máscara, el maquillaje, o la oscuridad, no vemos la herida, olvidamos que esta. Pero no significa que desapareció, significa que cuando vuelvas a notarla será el doble de profunda, el doble de dolorosa, y esta vez no habrá nadie que no la note.
La historia del palacio es confusa e incomprensible. Existen rumores, mitos, historias escritas y otras borradas. Pero muchos no se atreven a indagar, pues las historias que el palacio suelen desaparecer del mundo por una razón, y pocos son lo suficientemente valientes como para afrontar las consecuencias de descubrir algo que no debían. Aun así, muchos aún se preguntan mucho sobre la princesa heredera y el día de su nacimiento:
¿Por qué mujer? ¿Por qué no un príncipe heredero como debía ser? ¿Por qué ella?
Si antes existió un príncipe heredero… ¿Qué ocurrió con él?
La respuestas a cada pregunta se esconden en los años más desesperados de la familia real, en el único pasado que el palacio se molesta en mantener oculto, o para ser más específicos, el rey.
Cuando nació la princesa heredera, se creyó que se trataría de otro varón, uno que apoyaría a su hermano, el principal heredero, y en caso de que a este le pasara algo, tomaría el mando. Pero a sorpresa de todos, este bebe resulto ser una hermosa niña. Su belleza por desgracia no la salvaría de lo que le esperaba. Por muchas décadas, la familia real siempre conto con una tradición, o más bien una ley. Jamás existiría un heredero cuyo género fuera femenino. Todas las mujeres entraban a la familia real a través del matrimonio. Aquellas que nacieran con sangre heredera seria ejecutada al instante.
Esto habría sido el destino de la indefensa bebe recién nacida. De no ser porque un hombre, quien supuestamente era la mano derecha del rey, tenía otros planes para ella.
Ese día, la luna estaba en su punto más alto, alumbrando los muros del palacio, observando el nacimiento de la futura princesa heredera. Y numerosos hombres de negro se colaban a través de laberintos que pocos conocían su existencia. Fue una noche tranquila, donde aquel hombre de confianza decidiría traicionar a su rey.
Un ataque ocurrió, muchos murieron, y el rey priorizo su propia seguridad escondiéndose en lugar de pelear.
Su esposa, la reina, fue inmovilizada con un veneno creado a partir de la flor Eohwa. En cantidades pequeñas para evitar la muerte. La bebe, extrañamente no sufrió ni un rasguño. Y para cuando el sol empezó a aparecer desde el horizonte todos habían desaparecido. Más de la mitad de los presentes en aquel sangriento escenario murieron, y una persona muy importante desapareció. El príncipe heredero, quien contaba con unos 7 años, había sido secuestrado.
Los guardias reales los siguieron por horas, pero los perdieron de vista en las montañas.
Paso toda la mañana y finalmente la reina había despertado. A pesar de sentirse débil, incapaz de caminar por su cuenta y necesitada de incontables medicamentos para poder recuperarse. Se aseguró de que su primera acción fuese saber si su hija seguía viva. Prácticamente se arrastró hasta donde ella estaba a llorar, en cada lágrima, liberar su preocupación.
La reina logro convencer a su esposo de mantener a la recién nacida con vida por el momento. Fue difícil lograrlo, pero el acepto eventualmente. El día termino rápido y la noche fue una pesadilla para cada sobreviviente.
La reina no dormía por velar que no le arrebatasen su hija, los guardias habían aumentado en seguridad, el rey se veía consumido en furia y desesperación por atrapar al traidor. Pero más que todos, una persona en específico estaba empezando a vivir un infierno. Un chico de apenas 5 años, su padre lo abandono para huir luego de participar en el ataque al palacio, ataque en el que su madre encontró el final de su vida.
La cálida alba acaricio la superficie de todo el frio y aterrorizado palacio. Y en sus interiores, una conversación que definiría el futuro del pueblo estaba siendo discutida entre ambos reyes.
– Una regla es una regla. No me importa que Lin Seong-Hwa haya sido secuestrado. Una princesa heredera jamás existirá mientras yo respire. – declaro el rey, con firmeza, sin siquiera pensarlo.
– Por favor mi Rey.- suplicaba la reina entre lágrimas, arrodillándose a los pies de su esposo. –Es solo una bebe, no le niegues el regalo de la vida.
– Las mujeres con sangre real son de mal augurio. Ese demonio lo único que hizo fue nacer y mira el desastre que ocurrió. Ni puedo ni imaginar lo que pasara si la dejamos crecer.- dijo el, revisando el filo de su catana.
– ¡Ya no puedo tener hijos!- grito la reina, dejando al rey perplejo. –Si por casualidad el príncipe heredero no aparece… nos quedaremos sin nadie que herede el trono. Debido a la flor Eohwa ahora soy infértil. No puedes matarla.- dijo ella, desesperada.
Luego de escuchar sus palabras, el rey guardo el filo de su arma y se retiró.
– 5 años.- dijo cuándo se detuvo en la puerta. –Si en ese tiempo el príncipe heredero no aparece… ella se queda. ¿Feliz? Ahora la vida de tu hija depende de la muerte de su hermano. Y me asegurare de que siempre lo tenga claro. A fin de cuentas, es el precio a pagar por la vida que su madre rogo tanto.
…
No muy lejos de la reina y la bebe Ae-Young, aquel pequeño abandonado por su padre se mantenía escondido, esperando que volviera una madre que ya había partido a otro mundo. Entre lágrimas, pensamientos y miedos sale corriendo, prometiéndose alejarse lo más posible del palacio. Cerca de la salida, a punto de escapar y enfrentarse a una vida callejera que no sabía cómo terminaría, el Consejero real y su hija Nam Ji-Min, lo encuentran, malherido, destrozado. Ese día lo acogieron y llevaron a una enorme casa en el pueblo, una grande, pero simple y humilde casa donde lo cuidarían. El chico era muy callado y no mediaba palabra, solo revelo su nombre y nada más. No apellido, no familia, no pasado. Era solamente un pequeño de 5 años, pero lo suficientemente inteligente como para saber que revelar la identidad de su padre, quien participo en el ataque, no sería conveniente.
Luego de días, semanas, meses. Nadie recordaba al heredero perdido. La reina se debatía entre el alivio y la tristeza, había desaparecido su hijo mayor, pero gracias a eso su pequeña Ae-Young seguía con vida, aunque su mera existencia aun colgaba de un hilo.
El pequeño hijo de un traidor fue bienvenido al núcleo de la casa del Consejero. Adoptando de apellido Nam de la familia.
Así cuatro años tocaron los muros del palacio desde lo ocurrido y cinco esperaban para entrar. La pequeña Lin Ae-Young era una niña alegre, muy energética y amigable. Solía caminar por los pasillos agradeciendo a los trabajadores del palacio por su arduo esfuerzo y visitaba el pueblo con frecuencia.
Solo faltaba una noche para cumplir cinco años. Finalmente su vida estaría asegurada, ya no tendría que escuchar las charlas de su padre sobre la historia de su nacimiento, Ya podría concentrarse en olvidarlo, y quedarse solo con la culpa de que su vida fue posible sobre una muerte. Pero no podía hacer nada, solo ser feliz, hacerla valer.
Nadie en el pueblo tenía conocimiento de ella, al igual que a su hermano, debían mantenerla en secreto hasta que cumpliera 10 años de edad. Por lo que cuando salía no llevaba con ella muchos guardias, y los que la acompañaban debían mantenerse a un gran radio de distancia y ser disimulados. Ni siquiera la mejor amiga de la princesa heredera, una pueblerina llamada Hwang Min-Jae sabía de su identidad.
Ese día Ae-Young decidió visitar a Min-Jae para pasar un buen rato con ella antes de su cumpleaños. Pero esa vez deseaba que el eunuco Jung, quien siempre la acompañaba, no estuviese presente. Por lo que escapo sin permiso alguno. Por lo general no tenía esa actitud, por lo que no nadie en el palacio prestaba mucha atención a si escapaba o no. Una vez del otro lado de las paredes del palacio se adentró al pueblo dirigiéndose a la casa de su amiga. En un callejón cerrado y apartado que se le hacía camino, un grito llamo su atención.
– ¡Cállense!- grito n niño entre lágrimas, parecía ser mucho mayor que Ae-Young.
– ¿Si no que? ¿Llamaras a tus padres? Adelante.- dijo un chico de más o menos la misma edad que el niño que lloraba. Eran un grupo de tres que lo estaban molestando.
– No le digas eso.- dijo el segundo chico. –No puede hacerlo ¿No vez como llora?- añadió entre carcajadas.
Empezaron a golpearlo hasta hacerlo sangrar, mientras el, sin fuerzas ni valor para enfrentarlos. Se quedaba en el suelo, cubriendo su rostro con los brazos, sintiendo cada patada como un infierno que hacia arder su piel.
La pequeña Lin Ae-Young, ante tal violenta escena, se propuso defenderlo.
– ¡Alto! ¡Es una orden!- dijo ella, parada frente a los tres chicos. Ellos empezaron a reír y uno se acercó a amenazarla.
– ¿Acaso eres de su familia? Imposible, este perdedor no tiene. Mejor lárgate. Si te quedas terminaras herida. No quieres eso ¿verdad?- el chico agacho su cabeza a la altura de ella, coloco su mano en el hombro de la niña y la empujo, haciéndola caer.
– No. Ustedes son unos cobardes. Si estuvieran solos no podrían ni contra su propia sombra.- respondió Ae-Young, levantándose y sacudiendo su vestuario como si nada.
En ese momento un hombre se acercó y ahuyento a los abusadores antes de que tomaran represarías contra Ae-Young.
– Eres valiente. Bien hecho.- dijo el, dándole a la chica una reverencia. Como si supiera quien era ella. –Y tu… para la próxima al menos intenta defenderte.- dijo al chico en el suelo ayudándolo a levantarse. –No solo permitas que te aplasten, joven Cheon.-
Al oír ese apellido el chico se desconcertó, espantado levanto la mirada y noto que el hombre se había marchado.
¿Cómo lo supo? No pudo evitar preguntarse.
Se detuvo a bajar la cabeza a agradecer a la niña que quiso ayudarlo.
– ¿Me prestas tu mano?- pregunto, y Ae-Young ascendió a pesar de no entender. –No tengo como agradecerte, pero espero que aceptes este regalo como prueba de mi gratitud.- puso una pulsera en su muñeca, esta tenía una pieza de madera con una flor de cerezo tallada.
– ¡Prometo cuidarla con mi vida!- exclamo la pequeña princesa, causando al joven un ataque de risa a pesar de sus insoportables dolores en el cuerpo.
Caminaron por el pueblo y al pasar el tiempo él le propuso a Ae-Young volver a su casa. Se hacía tarde. A lo que ella respondió desanimada y con un humor gris, muy diferente al que había tenido todo el tiempo.
– No te preocupes, volveré. Pero no hay prisa.- La mirada de ella estaba plantada en el suelo y sus dedos inquietos apretaban su vestido. –Volveré porque mi mama puede estar triste si no lo hago… pero papa seguro estará feliz si no estoy en casa. Quizás si desaparezco ellos no peleen más.
El chico se sintió de cierta forma identificado y simpatizo con el dolor de la pequeña por lo que le respondió;
– Ahí lo tienes… tu mama te debe de querer mucho. Así que no la pongas triste y acompáñala. Si pelea con tu papa consuélala.
La mejor amiga de Ae-Young apareció a lo lejos y la princesa se fue con ella. A la distancia ella volteo y grito un fuerte adiós a su nuevo amigo.
-¡Espero que volvamos a vernos! ¡Aun te debo una!-
Paso la noche y a la mañana siguiente una hermosa melodía levanto a Ae-Young. Era su madre, quien cantaba emocionada.
– Feliz cumpleaños, princesa heredera.- dijo la reina, colocando un suave beso en la frente de Ae-Young. -¿Quieres algún regalo especifico hoy?- pregunto sonriente acariciando la mejilla de su hija.
– Mama…- la voz de la niña era temerosa y suave. La reina asintió esperando el pedido de su hijita. –Quiero a alguien. ¿Podemos buscar a mi amigo?- su madre no entendía, pero acepto, curiosa de quien era la persona que la heredera deseaba tanto ver.
– Dime, ¿Cómo se llama?-
La princesa heredera se quedó en silencio, decepcionada porque no tenía un nombre, no conocía nada de él.
Salieron al pueblo la heredera y el eunuco Jung. Buscaron por cada rincón pero no lo encontraron. Así, el día paso y el cumpleaños de Ae-Young termino en una brusquedad fallida. Muy triste volvió al palacio con una pulsera que había hecho para obsequiársela al chico. La escoltaron hasta sus aposentos y ella, determinada y persistente como siempre, volvió a escapar, impulsada por su necesidad de hallarlo.
Cerca del jardín, Ae-Young escucha a unos guardias hablando en voz baja, susurrando. Su curiosidad insaciable la guio hasta unos arbustos donde se escondió a espiar.
– Es muy tarde joven Nam. El consejero no dejaba de preguntar por usted. ¿Dónde estaba?- dijo uno de los guardias a un chico, un joven cuyo rostro era conocido por la heredera.
Ella lo observo alejarse y lo siguió hasta un pasillo desierto y silencioso. Donde solo las estrellas atestiguarían la conversación.
– Hola.- Dice ella, tímida y temblorosa. –Te… te estuve buscando. ¿Dónde…dónde estabas?-
– Es usted, su majestad.- el chico hace una reverencia. -Perdón por no decirte antes, se supone que nadie sabe quién eres.- susurro –Debo irme.
El chico le mostro una gran sonrisa y corrió.
– ¡Joven Cheon!- grito ella al recordar el apellido con el que el hombre misterioso lo había llamado a él antes. Ella quería entregarle la pulsera. El niño se detuvo y volteo a hablarle desde la distancia.
– ¡Es Nam! ¡Nam Chin-Hae!
Esa noche, luego de gritar su nombre desapareció. Nunca más se volvieron a encontrar y la princesa heredera, esperanzada, guardo la pulsera, esperando quizás en el futuro, entregársela a su dueño.
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Amor de Palacio
Historical Fiction✮ Lin Ae-Young, una heredera al trono atada a un pasado sangriento escondido en los muros del palacio. ✮ Nam Chin-Hae, un plebeyo que heredó la traición de su padre y paga con lealtad. ✮ Dos personas, tan diferentes, pero unidos por el mismo miedo...
