El pasado, tanto que decir sobre esto. Es nuestro tesoro más preciado, aunque no defina quiénes somos ni quiénes seremos. No está para alejarnos del mundo, sino para atesorarlo. No lo protegemos como un objeto frágil, sino como una joya que apreciamos cada día. Del futuro anhelamos, en el presente vivimos, pero del pasado aprendemos. A veces, ese aprendizaje es doloroso. Los recuerdos de las personas viven en nosotros, y recordar es volver a vivir. Revivimos momentos de desesperación que pueden torturar nuestro corazón hasta el punto de estallar. Todos tenemos recuerdos que quisiéramos olvidar. A veces, esos momentos quedan perdidos en algún rincón de nuestra mente, hasta que alguien entrelazado con ese pasado aparece. Entonces, comenzamos a recordar, a revivir y a luchar una batalla en la que creíamos que no debíamos intervenir.
Finalmente, el guardaespaldas logró descubrir el paradero de Nam Chin Hae. Sabiendo que Lin Ae Young estaba desesperada por encontrarlo, la llevó consigo para que pudiera ver a su amigo lo más pronto posible. Cuando llegaron, se encontraron en una cueva en el corazón del bosque. Allí, Chin Hae estaba atado y su cuerpo bañado en sangre. Aunque permanecían escondidos, podían ver toda la escena. El guardaespaldas le pidió a Ae Young que se quedara donde estaba mientras él buscaba una forma de deshacerse de los secuestradores. Se adentró en la oscuridad, en busca de algo que pudiera serle útil. Mientras tanto, ella observaba la horrorosa escena frente a sus ojos. Los secuestradores interrogaban a Chin Hae sobre su paradero la noche en que se enfermó. Él parecía negarse a dar esa información, pero cada vez que guardaba silencio, recibía golpes brutales.
Ae Young, de repente, comenzó a tener flashbacks. Su mente se llenó de recuerdos confusos e incompletos de su niñez. Recordaba un día en el que vio a alguien sufrir, y como consecuencia, ella también se vio afectada. No entendía completamente lo que estaba pasando, pero los deseos de llorar se apoderaron de su corazón. A pesar de ello, resistió. Un pequeño error los delató. Los secuestradores escucharon que había alguien más presente. Se asomaron para ver quién era, y en ese momento, el guardaespaldas los atacó por sorpresa. La lucha fue intensa, y Ae Young notó algo extraño: la forma en que él peleaba era muy similar a la del atacante. Esto la hizo sospechar, ya que nunca había visto al atacante y al guardaespaldas juntos. Por que nuca los vio juntos? Por que siempre que el atacante actuaba el guardaespaldas desaparecía por completo? Aunque decidió ignorar sus sospechas por el momento, Ae Young estaría más alerta.
Mientras el guardaespaldas luchaba contra los secuestradores, una flecha dañó la manga de su ropa, dejando su brazo al descubierto. A pesar de la herida, continuó hasta deshacerse de ellos. Ae Young, preocupada, revisó su brazo para ver si estaba malherido. Para su sorpresa, encontró un vendaje que se había dañado y una herida recién cosida. El guardaespaldas le explicó que unos asaltantes lo habían atacado y herido mientras intentaba defenderse. Ae Young dejó pasar el asunto, ya que su mayor preocupación en ese momento era Nam Chin Hae. El amigo estaba inconsciente debido a los maltratos sufridos. Ae Young corrió hacia él para desatarlo lo más rápido posible. Chin Hae comenzó a reaccionar una vez que lo ayudaron a levantarse del suelo. Sin embargo, algo en la esquina de la cueva llamó la atención de Ae Young. Era un pequeño colgante de madera tallado con el símbolo de una flor, similar al que estaba grabado en la katana del atacante. Recordando las palabras de su abuela, Ae Young comenzó a sospechar que el atacante podría estar relacionado con ese extraño amuleto.
Al volver con el guardaespaldas, este, preocupado por la situación, notó el colgante en la mano de Ae Young. Aunque ella parecía inmersa en sus pensamientos, él también pareció extrañamente intrigado por el objeto. Mientras ayudaba a Chin Hae con sus heridas, el guardaespaldas observó el colgante varias veces, lo que hizo a Ae Young sentirse incomoda así que se lo puso para que el se concentrara en ayudar con Nam Chin Hae.
En el palacio, el rey se encontraba sumido en preocupación y angustia. De manera repentina, decidió convocar al Consejero para discutir sobre la Reina Madre, quien había desaparecido la noche anterior. Las horas transcurrieron y finalmente Ae-Young regresó, acompañada de su guardaespaldas y de Chin Hae, quien aún se encontraba gravemente herido. Sin demora, se dirigieron hacia el médico real para que atendiera sus heridas.
Nam Ji-min, al enterarse de la desgracia que había caído sobre su hermano, corrió desesperado hacia el lugar donde se encontraba. Al llegar, se topó con la Princesa Heredera, quien estaba cuidando de Nam Chin Hae. Él yacía débil y con heridas profundas. La visión de la princesa alimentando a su hermano llenó los ojos de Ji-min de un odio insoportable. Interrumpió la escena de inmediato, arrebatando la cena de las manos de Lin Ae-Young y enfatizando que ella era la hermana del herido y que sería más apropiado que ella lo alimentara. Ae-Young, molesta por las palabras de Ji-min pero incapaz de replicar, optó por retirarse para evitar la incomodidad. Mientras Nam Ji-min alimentaba a su hermano, intentó aprovechar el momento de recuperación de Chin Hae para indagar sobre lo sucedido después de que él saliera apresuradamente de su casa en busca de la pulsera, pero Chin Hae se negó a pronunciar palabra alguna.
La vista de Ae Young estaba velada por la confusión y la ira, una tormenta provocada por la actuación de Ji Min. La sola idea de que Ji Min y Chin Hae estuvieran juntos y solos avivaba su furia. Ansiando un respiro de sus tumultuosas emociones, Ae Young se precipitó hacia el puente del palacio, donde un lago sereno y un majestuoso árbol de cerezo ofrecían un consuelo silencioso. Allí, se sumergió en la contemplación de las aguas claras y poco profundas, hasta que la voz desesperada de Han Suk Hyun la sacó de su trance. Él, portador de un mensaje de su padre, traía noticias que sembrarían el terror en los corazones de todos en el palacio. En la fatídica noche de la desaparición de Chin Hae, la Reina Madre había sido asesinada, su cuerpo devuelto a sus aposentos por un atacante cuyo corazón era tan oscuro como la noche, dejando tras de sí un lecho de flores blancas y venenosas, un macabro indicio del perpetrador.
Días más tarde, con Chin Hae ya recuperándose y listo para abandonar el lecho de convalecencia, fue recibido por la presencia inesperada de Lin Ae Young. Su semblante serio y abatido era un reflejo de su dolor interno. Sin mediar palabra, Chin Hae la tomó del brazo y la guió fuera del palacio, hacia el lago secreto de su hogar. Allí, la abrazó con fuerza y le ofreció consuelo: "Si necesitas llorar, hazlo. Aquí no hay juicios, y te prometo que siempre que lo necesites, puedes ser tú misma conmigo. Si el mundo exterior te pesa, mi hombro está aquí para ti." Las palabras de Chin Hae derritieron la armadura de Ae Young, quien se permitió ser vulnerable en sus brazos, sollozando y suplicándole que nunca la dejara sola ante los desafíos venideros.
Al caer la noche, ambos se sentaron junto al lago, disfrutando de la tranquilidad del lugar. Una flor de cerezo cayó delicadamente sobre ellos, y Chin Hae, en un intento de aligerar el ambiente, se la ofreció a Ae Young, disculpándose por la pérdida de la pulsera. Fue entonces cuando Ae Young, recordando que guardaba algo precioso para él, extrajo la pulsera de un pañuelo y, en un gesto simbólico, la intercambió por la flor, asegurándole que, al igual que su afecto, la pulsera siempre estaría segura con él. En ese instante, Chin Hae, llevado por la emoción del momento, confesó sus sentimientos con dos palabras que impactaron el corazón de Ae Young como la flecha que ella siempre trato de evadir: "Me gustas". Ante la revelación, Ae Young se vio enfrentada a una encrucijada entre sus deseos y sus deberes como princesa heredera. Dejando caer la flor, huyó sin dar respuesta, sumida en un torbellino de alegría y nerviosismo. Incapaz de dormir, pasó la noche en vela, debatiéndose entre el amor y la lealtad, entre el cariño y el deber.
La llegada del alba trajo consigo una brisa fresca que se colaba entre las ramas del jardín real, un santuario de verdor y fragancias florales. Ae Young, buscando un respiro de sus pensamientos tumultuosos, acompañó a su madre en un paseo matutino por este oasis de calma. La reina, con su mirada perspicaz, percibió un velo de melancolía en los ojos de su hija, que recientemente habían mostrado destellos de una alegría cautelosa. Suponiendo que la tristeza de Ae Young podría deberse a la reciente pérdida de la Reina Madre, le aseguró con voz suave pero firme que la justicia estaba en marcha para hallar al responsable de los recientes acontecimientos. Ae Young, sintiendo el peso de sus secretos como una losa sobre su pecho, se atrevió a preguntar a su madre si su matrimonio con su padre había sido una unión de amor. La pregunta pareció llevarse la luz del sol por un momento, y el rostro de la reina se ensombreció con una seriedad melancólica. "Cuando conocí a tu padre," comenzó, su voz un susurro de hojas caídas, "yo amaba a otro. Un hombre que, aunque poseía un corazón noble, no tenía lugar en el mundo de la realeza. Mi familia nunca lo aceptaría, especialmente mi madre. Así que me presentaron a tu padre y se encargaron de alejar al hombre que amaba, ofreciéndole una fortuna para que me abandonara. Y él aceptó. En ese momento comprendí que mientras mi familia mantuviera su poder, sería imposible para mí encontrar a alguien que me amara por quien soy. Así que dejé de lado mis sentimientos y me casé con un hombre al que no amaba. Con el tiempo, le tomé cariño, pero no, no es lo mismo."
Las palabras resonaron en Ae Young, quien sintió una oleada de compasión por su madre y un temor reflejado en su propio futuro. ¿Podría ella también ser empujada hacia un destino similar si se permitía explorar lo que sentía por Chin Hae? Sus emociones aún eran un mar en tormenta, sin puerto seguro a la vista.
La reina, reflexionando sobre la inusual pregunta de su hija, le aseguró que no tenía que preocuparse por su padre. Si Ae Young no deseaba casarse con Han Suk Hyun, ella movería cielo y tierra para convencer al rey de cancelar tal compromiso. Además, había notado la chispa en los ojos de su hija cuando estaba cerca de Chin Hae. Ae Young intentó negarlo, pero su madre, con una risa que recordaba los días más felices, le reveló que era evidente para todos que había una atracción mutua entre ellos, una que había estado creciendo desde hace mucho tiempo, aunque ninguno de los dos parecía darse cuenta aún.
Con la mente en un torbellino de emociones pero con la determinación de mantener la serenidad, Ae Young tomó la decisión de confrontar a Nam Chin Hae para disipar las nubes de duda que oscurecían su corazón antes de la ceremonia funeraria de la Reina Madre. Sin embargo, Chin Hae parecía haberse desvanecido en el aire, su presencia era tan esquiva como la brisa matinal. Una intuición, sutil como el aleteo de una mariposa, guió a Ae Young a la casa de Chin Hae, hacia el lago donde tantas veces habían compartido silencios y miradas.
Y allí estaba él, la personificación de la paz, dormido bajo la sombra protectora de un árbol, con la flor entre sus dedos, símbolo de una noche consumida por la preocupación y la incertidumbre. Ae Young se acercó con pasos temblorosos y se sentó a su lado, su mano se extendió casi involuntariamente hacia la flor, pero en ese instante, Chin Hae, aún sumido en el mundo de los sueños, capturó su mano con un agarre suave. Murmuró su nombre con una tristeza que desgarraba el alma, y en ese momento, Ae Young sintió cómo su corazón, que había estado encerrado en una jaula de dudas, comenzaba a batir sus alas con fuerza, listo para emprender el vuelo. La revelación la inundó como la luz del amanecer: estaba irremediablemente enamorada.
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Amor de Palacio
Ficção Histórica✮ Lin Ae-Young, una heredera al trono atada a un pasado sangriento escondido en los muros del palacio. ✮ Nam Chin-Hae, un plebeyo que heredó la traición de su padre y paga con lealtad. ✮ Dos personas, tan diferentes, pero unidos por el mismo miedo...
