«¿Y si tu destino ya está escrito, pero tienes la oportunidad de reescribirlo a través del amor?»
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Emma Honley ha visto su vida últimamente desmoronarse y todo empeora tras la muerte de su abuelo, la única persona q...
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Estoy casi segura de que la vida es como un bucle que no termina nunca.
O al menos así es como la siento yo. Todo se repite una y otra vez, ya puedo adivinar qué va a pasar antes de que pase. Todos los días son iguales: me levanto, desayuno lo mismo de siempre, y voy a la escuela. Aburridísimo.
La verdad, desearía que pasara algo emocionante. Algo como... no sé, multiversos o animales que hablan o algo que no sea tan predecible. Me encanta la ciencia ficción porque me hace soñar con un mundo más divertido. Aunque no leo mucho, cuando lo hago, son libros de ciencia ficción. Me hacen pensar que la vida sería mucho más interesante si esas cosas existieran.
La gente siempre me dice que debería ser más positiva, que tengo solo dieciséis y que ni siquiera he vivido la mitad de mi vida. Pero, la verdad, ¿quién sabe? Todos vamos a morir, y no tengo ni idea de cuándo. Solo quiero que mi vida sea menos aburrida. No quiero irme sin haber hecho algo que valga la pena.
Y mi familia... bueno, son un desastre. Mi papá es un egocéntrico y homofóbico, mi mamá es guapísima pero parece que no le importa mucho lo que pase con nosotros, y mis hermanos, Will y Wend, son gemelos y tienen más personalidad que yo. Y luego estoy yo, Riley, la sombra invisible en esta familia rota.
Es irónico, ¿no? Mi papá es homofóbico, y sus hijos no son ni un poco heteros. Yo soy lesbiana, Will es un chico trans y bisexual, y Wend es pansexual.
Yo destaco poco porque soy la que menos sale de casa y la que menos quiere socializar. Mis hermanos son populares, tienen amigos y son geniales. Son como una versión mejor de mí. Físicamente, somos diferentes: ellos se parecen a mamá y yo a papá. Pero a pesar de todo, nos llevamos bien.
En fin, no quiero seguir hablando de mi vida aburrida. Quizá las cosas cambien porque mi papá quiere mudarnos a otra ciudad.
Ese mismo papá egocéntrico dice que nuestra ciudad es muy pequeña y pobre para los “Gander”, que es nuestro apellido. Como si eso importara. Ahora estoy empacando mis cosas, lista para lo que venga. Ojalá que esta mudanza traiga aunque sea un poco de emoción a mi vida.