12. ¿Es el mundo real?

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Jamás pensé que mi vida se saldría tanto de control por una chica que apareció de la nada

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Jamás pensé que mi vida se saldría tanto de control por una chica que apareció de la nada. Literalmente, de la nada.

Desde entonces, las cosas se han vuelto cada vez más confusas. Empecé a dudar de todo: de lo que sé, de la vida, del mundo… y hasta de mí misma. Siempre creí que estaba en la realidad, ¿pero lo estoy? ¿Y si no existo de verdad? ¿Y si todo lo que me rodea tampoco es real? No entiendo por qué tengo estas dudas existenciales, nunca me había pasado algo así.

Pensaba que ya había vivido cosas importantes, que sabía lo suficiente sobre la vida. Que eso de “te falta mucho por vivir” era solo una frase hecha. Pero entonces llegó ella.

Todo empezó cuando ese reloj raro que Hon traía empezó a vibrar. Las luces de sus botones parpadeaban con una fuerza extraña.

—¿Qué rayos? ¿Esto es normal? —pregunté, sintiendo cómo la ansiedad me iba ganando.

—No tengo ni idea —respondió Hon, dejando el reloj en el suelo con el ceño fruncido—. ¿Qué está pasando?

Su reacción me confundió. Si esto fuera parte de algún plan, ella no estaría tan sorprendida, ¿cierto? ¿Podría ser verdad todo lo que decía sobre viajes en el tiempo? Y si lo era... ¿acaso Emma Honley no estaba muerta?

El reloj se detuvo. La vibración, las luces, todo. Hon y yo nos quedamos mirándonos en silencio. Ninguna dijo nada, pero las dos sabíamos que algo importante acababa de pasar. De repente, el suelo empezó a temblar. No fue algo normal, ni había alertas ni noticias. Solo… pasó.

—Algo parecido ocurrió justo antes de que viajara en el tiempo… pero no fue igual —dijo Hon, recogiendo el reloj con cuidado—. No entiendo. Si no volví a mi presente, ¿por qué pasó esto? ¿O solo fue una coincidencia?

—Eh… supongo que fue eso… una coincidencia —dije, aunque ni yo me creía mis palabras.

—¿Un temblor justo después de que el reloj hiciera eso? No creo que sea una simple coincidencia —murmuró, mordiéndose una uña—. Debe ser una señal.

No supe qué decirle. En ese momento, Hon tomó mi mano. El gesto fue tan suave y repentino que me sonrojé un poco.

—Tenemos que encontrar a mi familia, ya —dijo con firmeza.

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