«¿Y si tu destino ya está escrito, pero tienes la oportunidad de reescribirlo a través del amor?»
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Emma Honley ha visto su vida últimamente desmoronarse y todo empeora tras la muerte de su abuelo, la única persona q...
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Podré ser tan tonta como para creer en cosas imposibles, en lo que no existe. Pero eso no significa que acepto que me obliguen a creer en algo tan absurdo. Incluso para mí, que muchas veces me siento como una idiota.
Admito que Hon empieza a caerme un poco bien, pero eso no quiere decir que me voy a dejar ver la cara. Y seamos sinceras: ¿qué harían ustedes si una desconocida aparece de la nada y les dice que es una persona que ya murió? Seguramente pensarían que es una broma pesada, ¿no?
Ese es justamente mi punto: es imposible. Aunque... la forma en la que ella lo dice, tan segura, hace que me cuestione si realmente está mintiendo. Y su apariencia. Tiene el mismo cabello rubio alborotado, los mismos ojos verdes que brillan como en las fotos que vi cuando pasó todo.
Y como si fuera poco, trae con ella el reloj de Damian Laine. Me acuerdo de él porque salió en una clase de historia. Casi nunca pongo atención, pero ese día estaba tan aburrida que terminé escuchando. Damian era un prodigio, un científico importante, y también el abuelo de Emma Honley.
El reloj que trae Hon es igualito al que vimos en clase, el mismo del museo. Solo lo vi en fotos, claro, pero no parece una réplica cualquiera.
—Hon, incluso si de verdad hubieras viajado en el tiempo, nadie te va a creer. Solo un loco se tragaría algo así.
Hon suspira, y por un segundo pienso que va a admitir que todo era mentira. Pero no.
—Lo sé, suena muy estúpido —dice, bajito. Yo suelto un suspiro de frustración—. Pero no te lo diría si no estuviera desesperada. Además, si quisiera fingir ser Emma Honley solo porque me parezco... preferiría morirme.
—Hon, te pareces demasiado a ella. Pero esto no es una historia inventada. No puedes llegar y decirme algo así esperando que lo crea.
Me paso las manos por las sienes, harta de repetir lo mismo.
—Es imposible que seas alguien que ya murió.
Ella no dice nada. Se muerde el labio y baja la mirada. Sé que la hice sentir mal, y eso me incomoda más de lo que quiero admitir. Suspiro de nuevo.