«¿Y si tu destino ya está escrito, pero tienes la oportunidad de reescribirlo a través del amor?»
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Emma Honley ha visto su vida últimamente desmoronarse y todo empeora tras la muerte de su abuelo, la única persona q...
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—No, yo quiero estar contigo en esto. —Afirmé con un tono cálido, como si mis palabras pudieran calmar el caos en su cabeza... o en la mía.
Había dicho eso sin dudar, pero mi mente no cooperaba. Últimamente, las historias de ciencia ficción que había leído me tenían paranoica. ¿Y si esto no era un juego? Esa duda me atormentaba constantemente. Emma actuaba con tanta emoción, tan real, que empezaba a preguntarme si yo también me había dejado atrapar por este mundo sin darme cuenta.
Cuando le dije que quería estar con ella en esto, su rostro cambió. Confusión, ansiedad, y ese gesto suyo de siempre: morderse el labio. Al final, suspiró como quien trata de soltar el miedo de los hombros.
—¿Y esos cambios de humor, Gander? —preguntó alzando una ceja, entre juego y reto.
—¿Qué? Solo te dije que quiero estar contigo en esto. —Solté más rápido de lo que debía. ¿Muy intenso? Tal vez.
—Me confundes tanto que no sé si te caigo bien o mal. —murmuró, bajito, insegura.
—Me caes mal. —respondí con tono burlón. Pero se notaba el orgullo en mis palabras.
—Yo sé que me quieres. —soltó con esa mirada suya que me saca sonrisas aunque no quiera.
Puse los ojos en blanco, levanté las cejas con desdén.
—Te equivocas, rubia. No me caen bien las personas que deberían estar en un internado.
Y aunque seguíamos bromeando, el ambiente cambió cuando Emma habló de volver.
—Deberíamos regresar a tu casa y volver a intentarlo después. No encontramos nada útil, solo que viven por la zona millonaria. —dijo, como quien deja caer una piedra pesada.
Fruncí el ceño. Volver a casa era lo último que quería después de lo de mi papá.
—No. —La tomé del brazo—. Vamos a otro lado. No conozco la ciudad, pero si eres Emma Honley, deberías saber de tu propio ciudad, ¿no?