Como muestra de nuestro agradecimiento, comenzaremos un juego para los huéspedes del hotel.
Todo su cuerpo tembló, sintiéndose incapaz de moverse. Miró un punto fijo, sin poder creérselo.
¿La Playa es una arena de juego?
Nunca podría olvidar aquella conversación que tuvo junto a Aguni y Danma de crear ese lugar. La Playa. Aquel lugar que a Kinoko no le interesó en un principio, pero que después trajo alegría y risas a su vida. Aquel lugar en el que podía proteger a su gente, aquella gente que ella quería. Aquel lugar donde todos le confiaban su vida, donde le decían Noko, aquel apodo que tanto amaba y nunca admitiría. Donde se divirtió tanto, donde bailó, disfrutó, y vivió como si no hubiese un mañana. Donde apoyaba y la apoyaban para regresar de los juegos. Aquel lugar que provocó la muerte del Sombrerero. Aquel lugar que ya no era vivo.
Ese lugar, La Playa, es una arena de juego.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
ACT 01 / DEATH NINETEEN ten of hearts; a massacre
Nivel de dificultad: 10 ♥️
—¡Oh, joder! —exclamó ella, frustrada y volviendo en sí. Sin escuchar más, salió corriendo hacia el vestíbulo, queriendo comprobar por sus propios ojos si era verdad y no estaba soñando.
Ahora explicaremos las reglas del juego.
—¡Cállate! ¡C-Cállate! —gritó Kinoko, sin querer escuchar más esa molesta voz que le ponía los pelos de punta. Se tapó los oídos mientras seguía corriendo, sin importar si la veían o no.
Llegó al vestíbulo. Ya se empezaba a llenar. Personas desesperadas que se amontonaban para tomar un celular. No era una pesadilla. Estaba sucediendo en verdad.
Diez de Corazones. No sabía en lo que se transformaría La Playa.
Se apresuró en tomar un celular. No veía a Aguni por ningún lado, y eso la inquietaba. Pero vencería el Diez de Corazones. Era lo que más quería Takeru.
Cuando giró un poco su vista, pudo ver a Momoka con un cuchillo atravesando su pecho. Conocía los nombres de la mayoría de personas en La Playa. Era buena memorizando. Pero cuando la vio así, sintió la garganta seca.
—¡Momoka! ¿Qué te...? —gritó la mejor amiga de la chica, Asahi. El sentimiento en sus ojos hizo que Kinoko apretara los labios.
Todo era obra de los reyes del juego. Vencería el juego, los encontraría y los mataría con sus propias manos. Los odiaba.