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Es una noche oscura y fría. El sol se ha puesto hace unas tres horas, así que se está haciendo de noche.
Caminas por la calle pegándote la chaqueta al cuerpo, con los hombros casi subidos hasta las orejas.
Es entonces cuando oyes pasos detrás de ti.
Lo primero que te resulta extraño es que se trata de una ruta que utilizabas a menudo para volver a casa y que, literalmente, nunca te has cruzado con nadie a estas horas de la noche, ya que todas las calles son secundarias.
Como persona normalmente ansiosa, piensas en lo que te han enseñado a hacer en esta situación, el truco más común. Giras tres veces seguidas a la derecha, sin perderte ya que conoces bien las carreteras. Sin embargo, incluso cuando vuelves al lugar donde oíste los primeros pasos detrás de ti, todavía puedes oírlos, y parece que se están acercando.
En ese momento, el pánico se apodera de ti y aceleras hasta casi correr. Los pasos son cada vez más rápidos y fuertes.
Giras bruscamente y entras en una tienda, pero el hombre te sigue. Al ver que la cajera parecer una adolescente que probablemente no será de mucha ayuda, decides dirigirte hacia el chico alto que está al fondo, cerca de las bebidas.
Al acercarte a él, le agarras de la manga, sobresaltándole. "¿Tuviste que esperar mucho?" Él luce completamente confundido. Tienes que apoyarte en los dedos de los pies todo lo posible para acercarte a su oreja porque es mucho más alto que tú. Lo haces y le explicas la situación en un susurro mientras el hombre entra en el pasillo detrás de ti.
Rápidamente se muestra preocupado y te toma de la mano, parece darse cuanta de que debe seguirte el juego. "No he esperado mucho, bonita."
Le sonríes, eternamente agradecida. Piensas que le debes una si vuelven a verse.
"¿Quieres algo para beber?" Pregunta él, que parce meterse de lleno en su papel de novio. Sin soltarte la mano, se aleja y te señala la zona de la nevera para que elijas.
"No tienes por qué hacerlo, babe." Dices, ruborizándote un poco.
"No, no, adelante. De verdad que deberías beber algo." Insiste. "Llevas un rato caminando, debes tener sed."
Ladeas la cabeza, sin saber su habla en serio o solo está interpretando bien el papel. Él asiente con la cabeza. Eliges una bebida que te gusta y él la toma para elegir también la suya. Camina hacia la entrada de la tienda sin soltarte de la mano.
Vuelve a mirar al hombre que te seguía y se da cuenta de que ya te está mirando, pero no hacer ningún movimiento para acercarse a ustedes dos.
Después de que el hombre se marcha, los dos salen de la tienda.
"¿Quieres que te acompañe a tu casa?" Pregunta. "Solo por seguridad."
Te quedaste pensativa un momento antes de asentir. "Vivo cerca de aquí, así que no está tan lejos. Muchas gracias por esto... y también por la bebida."
Los dos comenzaron a caminar en dirección a tu casa, todavía de la mano.
"Por supuesto," sonríe dulcemente. "Odio lo cuidadosas que tienen que ser las mujeres hoy en día... es una locura que te pueda pasar algo malo incluso en tu propio barrio."
Suspiras. "Ni que lo menciones. A mí solo me han seguido así un par de veces, pero he oído que les pasa a muchas chicas de mi edad."
Suspira. "Es ridículo. Por cierto, me llamo Jo."
Le sonríes. "Me gusta ese nombre, soy ____."
"Bonito nombre para una chica bonita."
Te encojes de risa. "Gracias por el cumplido, pero ha sido muy cursi."
Se ríe. "Lo sé, me di cuenta después de decirlo."
Ambos hablaron y rieron todo el camino hasta llegar a tu casa. Ni siquiera querías dejar que te acompañara todo el camino, le habrías parado al principio de la calle, pero te despistaste al estar tan distraída.
"Bueno, ya está." Te giras hacia él, soltándole por fin la mano. "De nuevo, muchas gracias. No sé que habría hecho si no me hubieras ayudado."
Sonríe tímidamente, con la cara sonrojada. "No hay problema. ¿Podrías darme tu número? Puedes mandarme un mensaje o llamarme la próxima vez que paso algo así. Vivo al final de la calle, así que iré corriendo."
Te sonrojas y coges su teléfono para añadirte como contacto. "Eres muy lindo. ¿Quizás podríamos salir alguna vez, sin hombres espeluznantes de por medio?"
Se ríe. "Sí, estaría bien."
Te despides. Él te observa hasta que llegas a la puerta para asegurarse de que entras bien antes de que lo veas salir por tu ventana.
Te sonrojas al pensar de nuevo en toda la interacción.