#O59: cincuenta y nueve.

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𝐬𝐭𝐚𝐫𝐬. 𝐧𝐚𝐤𝐚𝐤𝐢𝐭𝐚 𝐲𝐮𝐦𝐚.

( 🌸 )

Tiraste el teléfono a un lado mientras te dejabas caer boca abajo en la cama

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Tiraste el teléfono a un lado mientras te dejabas caer boca abajo en la cama. Suspiraste en cuanto tu cuerpo golpeó el colchón. En cualquier día normal, te dormirías enseguida después de un día tan ajetreado como este, pero tenías planes con tu novio, yuma. Querías negarte, pero no podías porque sabías que él encontraría la manera de animarte. Siempre lo hacía.

Te levantaste de la cama, tomaste las llaves y saliste de casa. El aire de la noche te daba escalofríos y te abrazabas más a tu abrigo, pero no te servía de nada. Justo cuando estabas a punto de llegar a casa de yuma, tu teléfono empezó a sonar.

"___ ¿Dónde estás? ya estoy aquí", escuchaste la voz de yuma a través del altavoz de tu teléfono.

"diossss, ten un poco de paciencia yuma. Ya casi he llegado."

"Apúrate, estoy esperándote." Colgaste y abriste la aplicación de la cámara de tu teléfono para arreglarte el pelo.

"___", exclamó Yuma tras verte, "¿Por qué has tardado tanto?"

"¿Por qué quieres jugar basquetbol con este tiempo?", le preguntaste.

"Es divertido", Yuma sonrió y te cogió de la mano, "Vamos."

Yuma y tú jugaron un rato en la cancha de basket que había cerca de su casa, fallabas todos y cada uno de los tiros, lo que provocaba que Yuma se riera de ti. Esa era la mejor parte, oír su risa. Era tan terapéutico. No importaba lo agotada que estuvieras, su risa nunca dejaba de hacerte sonreír.

"Eres tan mala en esto", se rio después de que fallaras otro tiro.

"No, no lo soy. Es que estoy muy cansada", protestaste.

"Deja de poner excusas y admite que eres malísima", dijo mientras te pasaba la pelota.

Apuntas de nuevo y vuelves a fallar.

Llegados a este punto, tu cuerpo ya no tenía energía y te dejaste caer al suelo: "Dios, ya no puedo más."

Yuma se dejó caer a tu lado y se tumbó en el suelo, "Las estrellas están bonitas esta noche", dijo mientras suspiraba.

"¿Por qué te tumbas en el suelo?, ni siquiera está limpio."

"Mira el cielo. Es precioso, ¿verdad?", dijo.

"Sí, lo es."

Después de tumbarte junto a Yuma en un cómodo silencio, ya sentías que la mayor parte de tu cansancio abandonaba tu cuerpo. De repente levantó una de sus manos en el aire y empezó a contar las estrellas.

"Una...dos...tres...cuatro...", entonces te señaló, "y cinco. Todas las estrellas se ven tan bonitas esta noche."

Tú sonreíste, "En realidad hay seis."

Señalaste a cada una de las estrellas del cielo, a ti misma y luego a Yuma.

"Tienes razón, todas se ven tan bonitas esta noche", admitiste.

Yuma se sonrojó al oír eso y se acercó más a ti. Te cogió de la mano y te preguntó: "¿Has tenido un mal día?"

"Sí. El colegio me está matando y tengo tres redacciones pendientes y me está costando aunque es mi mejor asignatura."

Suspiraste, "Pero me siento mejor ahora que estoy contigo."

Depositó un suave beso en tu sien, "Creía que odiabas el basquetbol."

"Sí, lo odio. Pero es divertido cuando juego contigo."

"Aww, ¿me amas?", dijo con una sonrisa.

"", respondiste con una sonrisa en la cara.

"Yo te amo más", dijo mientras trazaba tus rasgos con los dedos. Tus ojos se cerraron cuando sus dedos tocaron tu cara. Te besó la comisura de los labios y te abrazó.

"Hace frío, ¿verdad?", dijo al cabo de un rato.

"Fue idea tuya salir fuera", dijiste.

"Vamos, te acompaño a casa", dijo.

"¡Okei!", respondiste, pero no te moviste, y él tampoco. Ambos se quedaron tumbados en el suelo abrazados, admirando las estrellas.







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