#O48: cuarenta y ocho.

915 51 0
                                        

𝐜𝐨𝐦𝐟𝐨𝐫𝐭 𝐡𝐨𝐮𝐫𝐬. 𝐛𝐲𝐮𝐧 𝐞𝐮𝐢𝐣𝐨𝐨.

( 🌸 )

La pena golpea en los momentos más extraños, quitándote el aliento de los pulmones y los pensamientos lógicos de la cabeza

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

La pena golpea en los momentos más extraños, quitándote el aliento de los pulmones y los pensamientos lógicos de la cabeza.

La pena era una vieja amiga. La pena era una vieja amiga tóxica, manipuladora y peligrosa a la que desearías poder dejar ir.

Era temprano por la mañana. Se suponía que tenías que estar dormida junto a Euijoo, acurrucada a su lado. Pero no era así. Estabas sentada sobre las frías baldosas del suelo del baño, con la cabeza metida entre las rodillas y la espalda apoyada contra en duro mármol. Sola.

Las pesadillas eran algo habitual. Te despertaban casi todas las noches, cubierta de sudor frío y jadeando. Euijoo te ayudaba a salir de ellas, siempre. Sabía qué decir, qué hacer y cómo hacerte volver a la realidad.

Pero esta vez no estaba allí.

La verdad te golpeó como una pila de ladrillos sobre tí.

Habían discutido. Fue una tontería, una estupidez, innecesaria. Pero fue terrible. Al final se había marchado furioso a pasar el resto de la noche en casa de uno de los chicos. Cómo deseabas que no lo hubiera hecho. Cómo deseabas que estuviera aquí.

No supiste cuánto tiempo pasaste intentando calmar tu respiración, pero los rayos del sol acabaron filtrándose por la pequeña ventana, y con ellos llegó EJ.

No escuchaste su auto estacionarse afuera, ni las llaves girar en la cerradura. Tu corazón golpeaba contra tus costillas, intentando escaparse.

El pobre chico por fin había conseguido que Nicho le hiciera entrar en razón. Quería disculparse, pero no te encontraba, y sintió que su ansiedad iba en aumento, no estabas en la cocina, no estabas en tu cama, no estabas en la terraza.

No tardó mucho en sumar dos más dos y, antes de que te dieras cuenta de que estaba en casa, EJ estaba abriendo de golpe la puerta del baño.

Te sobresaltaste y te hiciste más pequeña en tu lugar, empujando tu cuerpo aún más hacia la pared, con los ojos muy abiertos clavados en los de tu novio preocupado.

"___"

La forma en que dijo tu nombre: la ternura, el acento, la suavidad de sus ojos. Te derritió el corazón.

Tu cuerpo actuó antes que tu mente, y te levantaste en un instante corriendo hacia su cálido abrazo, las lágrimas que tanto habías intentado contener finalmente cayeron.

Él te esperaba con los brazos abiertos. Siempre lo hacía. Te atrapó, literal y metafóricamente.

"Euijoo."

"Estoy aquí, ángel. Te tengo."

Fue simple. No exigió explicaciones. Sabía que lo necesitabas y estaba más que dispuesto a estar ahí mientras te levantaba con cuidado, tus piernas se envolvieron alrededor de su torso mientras te llevaba al dormitorio que compartían.

Las sábanas estaban frías, pero Euijoo era cálido. Era reconfortante. Él era tu hogar.

"Juju, lo siento mucho-"

"No."

"Pero-"

"No."

Sus suaves manos te apartaron el pelo de los ojos, secándose suavemente las lágrimas y subiendo la manta hasta tu barbilla.

"No fue culpa tuya." Dijiste.

"Tampoco fue tuya." Te aseguró, envolviendo tus temblorosas manos entre las suyas más grandes.

"Tenía tanto miedo de que no volvieras. Pensé que te habías ido. Para siempre."

"Nunca. Nunca podría."

Se deslizó entre las sábanas a tu lado, estrechando tu cara en su pecho y rodeándote con sus brazos.

"Te amo. ___. No lo olvides nunca."

"Yo también te amo, Juju."

Amabas como olía. Te encantaba cómo te abrazaba. Te encantaba cómo vibraba su pecho mientras te tarareaba una dulce melodía para calmarte. Te encantaban los dulces besos que depositaba en tu cabeza. Te encantaban los círculos que dibujaba en tu espalda. Lo amabas. Siempre lo amarías.

"Deberías dormir", susurró.

"No puedo. No sin ti."

"Estoy aquí, amor. También estaré aquí cuando despiertes."

"¿Lo prometes?"

"Prometido."

Te acurrucaste más cerca. Apenas había pasado casi una noche y lo habías echado tanto de menos.

"Hablaremos cuando los dos hayamos descansado bien. ¿sí?"

Asentiste en su camisa.

"Te amo."

"Yo también te amo."

Y así sin más, las garras del sueño te atrajeron. Pero esta vez fue reconfortante. Esta vez tenías a Euijoo a tu lado. Y nunca lo hubieras querido de otra forma.





¡     Muchas gracias por leer     !

&team stuffs !Donde viven las historias. Descúbrelo ahora