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Jo supo, desde el momento en que entraste en casa, que algo te pasaba.
"Bienvenida a casa, cariño." Dijo en cuanto oyó abrirse la puerta de la entrada. Está sentado en el salón, pensando en algunas ideas para su próxima canción. Él levantó la vista hacia ti y frunce las cejas al ver tu rostro tan inexpresivo.
La única respuesta que obtiene de ti es un simple balbuceo. Te quitas los zapatos, dejas tu abrigo a un lado y entras en la habitación que compartes con Jo.
Jo te observa en silencio, preocupado. Se da cuenta inmediatamente de que no te sientes bien, que no has corrido directamente a sus brazos después de volver a casa del trabajo.
"¿___? ¿Amor?" Te llama, haciendo una pausa para escuchar cualquier respuesta.
Y tras unos minutos de obtener el silencio como respuesta, Jo salta del sofá. Tira el cuaderno a un lado y sale disparado hacia el dormitorio que comparten. Detiene su impulso al chocar contra el marco de la puerta, un poco perplejo al verte tirada en la cama, boca abajo, todavía con tu ropa de trabajo.
El inusual cambio en tu comportamiento habitual le inquieta.
"Cariño," dice en voz baja, "¿Estás enojada conmigo?"
Jo pregunta con cautela, recordando que hoy no ha ido a buscarte al trabajo por una reunión con su grupo por la producción de un nuevo álbum. Es parte de la forma en que Jo demuestra su amor por ti: gastará dinero extra en billetes de bus solo para acompañarte de camino al trabajo, aunque tu lugar de trabajo esté completamente al lado opuesto al suyo.
"No...", se te escapa una respuesta amortiguada, débil y cansada. Jo aprovecha la oportunidad y se acerca a ti. Sus pasos son rápidos pero silenciosos y, una vez al borde de la cama, se mete las manos en los bolsillos del pantalón. No está acostumbrado a ser él quien te ofrezca afecto físico, así que está un poco inseguro del siguiente paso que debería dar.
"Entonces... ¿Qué pasa, cariño?"
Jo tiene sus ojos fijos en ti, rápido para captar cualquier tipo de respuesta por tu parte. Está inmensamente preocupado: no sueles ser así. En días normales, pasarías las tardes hablando de tu día, contándole las pequeñas cosas que te han hecho sonreír hoy mientras los dos van en el autobús para volver a casa. Normalmente, Jo disfrutaba de la puesta de sol en el horizonte contigo en su regazo, tomando una siesta para reponer fuerzas después de un largo día.
Te das la vuelta perezosamente, gimoteando. "No sé..."
"¿No te sientes bien?" pregunta Jo, sentándose a tu lado. Todavía tumbada, asientes.