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Ver la sonrisa de Charly se había convertido en su cosa favorita en el mundo, y ahora, viéndolo feliz correr a su lado, se convertiría en su recuerdo más preciado

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Ver la sonrisa de Charly se había convertido en su cosa favorita en el mundo, y ahora, viéndolo feliz correr a su lado, se convertiría en su recuerdo más preciado. El otoño había teñido el paisaje con tonos cálidos y dorados, creando un ambiente mágico y nostálgico que envolvía a Charly y David, mientras este último pedaleaba.

Charly extendió los brazos como si fuera un ángel, con los ojos casi cerrados por el viento, pero su sonrisa nunca se desvanecía. Su pequeños rizos rubios se alborotaban y comenzaban a tomar un tono dorado a medida que el sol salía en el horizonte. La ciudad empezaba a desvanecerse a medida que avanzaban hacia su destino, y David deseó agradecer a Charly por permitirle disfrutar de esa hermosa vista.

Rara vez salía de casa, y cuando lo hacía, generalmente se quedaba en la ciudad. Siempre había soñado con vivir en el campo, al menos por un tiempo, para experimentar la paz y la belleza de los amaneceres.

—¡Ya estamos por llegar! —gritó Charly, acelerando el paso.

A ambos lados de la pista, el campo verde se extendía, salpicado de flores de diversos colores que David no podía apreciar claramente, pero que seguramente Charly encontraba hermosas.

David se detuvo y tomó una foto del amanecer. Planeaba colgarla en su pared junto con las otras que había tomado.

—¡Vamos, David, apúrate!

David guardó la cámara y continuó pedaleando. Siempre podría tomar más fotos más tarde.

—¡¡Aquí!!

David notó la gran cantidad de girasoles en esa área. Charly los cruzó sin dificultad, pero David tendría que dejar su bicicleta si quería pasar.

Tomó solo algunas de sus pertenencias, como su comida y la cámara, y siguió a Charly.

—¿Qué es este lugar? —preguntó David.

—Un campo de flores. Según me han dicho, hay muchas y de todos los colores.

Ambos atravesaron el campo de girasoles y finalmente llegaron al campo que tanto buscaban. Charly se dejó caer en el césped y David hizo lo mismo, dejando su comida a un lado.

—¿No es hermoso? —preguntó Charly.

—Lo es. Nunca había oído hablar de este lugar.

—Es más conocido de lo que parece, pero la gente prefiere quedarse en la ciudad en lugar de aventurarse por aquí.

—¿Cómo lo conociste?

—Mi abuela me dijo que conoció a mi abuelo aquí. Decía que era un lugar donde no solo florecían las flores, sino también el amor.

David miró al cielo, observando cómo se aclaraba a medida que avanzaba el amanecer.

—¿Puedo confesarte algo? —preguntó David.

El amor de mi muerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora