Charly es el alma de un chico que había fallecido hace dos años y vagaba en el mundo de los vivos buscando ese algo que lo dejara descansar en paz. David intenta buscarle el sentido a su monótona vida, además de ser el único que puede ver a Charly.
...
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Era la medianoche. Habían agotado todos los recursos, habían intentado cada estrategia concebible para mantener a Charly en ese mundo, pero él seguía allí, perdido en la penumbra. La desesperación comenzaba a nublar sus mentes. ¿Y si nunca descubrían qué lo mantenía atrapado, condenado a vagar por la eternidad? ¿Habría alguien que vendría a rescatarlo?
Las lágrimas caían silenciosamente por las mejillas de Charly. David no sabía cómo ayudarlo, cómo liberarlo de esta prisión en la que se encontraba.
—¿Por qué lloras? —preguntó David, poniendo su mano en el hombro de Charly.
Charly sintió el toque, una conexión rara y valiosa que había empezado a experimentar con más frecuencia. Cada vez que sentía emociones intensas, se acercaba más a su humanidad perdida. Los sentimientos parecían otorgarle la humanidad que su alma anhelaba.
—No quiero quedarme aquí para siempre, pero tampoco quiero partir sin ti. Puedo esperar hasta que llegue tu hora, pero, ¿y si yo sigo siendo un alma andante cuando tú te vayas?
—Yo tampoco quiero que te vayas, Charly. No sabemos cuánto tiempo nos queda, pero, ¿por qué atormentarnos con eso ahora? Estamos juntos en este momento, eso es lo que importa, ¿verdad?
—Supongo...
A pesar de su falta de fatiga, Charly se sentó en la acera solitaria. Ningún automóvil pasaba; el mundo parecía reducirse a solo ellos dos.
—Voy a extrañarte, David. Si alguna vez me voy antes que tú, te extrañaré.
—Yo también te extrañaré, Charly.
David se sentó a su lado, su mirada fija en el horizonte. En ese momento, sus corazones latían al unísono, una melodía hermosa y casi surrealista.
Una sonrisa nostálgica se dibujó en el rostro de Charly. Empezaba a entender por qué sentía de manera especial hacia David, por qué a veces podía percibirlo. Todo tenía sentido en esa noche.
La mano de Charly se deslizó hasta el pecho de David, sintiendo su corazón latir al igual que el suyo. David sentía lo mismo.
—¿Me amas, David? ¿Me amas?
Los ojos de David se encontraron con los suyos, asintiendo con la cabeza mientras sonreía con ternura.
—Te amo, Charly.
Unas lágrimas de felicidad recorrieron el rostro de David. No sabía si sentirse mejor o peor; después de todo, Charly era un alma sin cuerpo. Pero...
—Todavía puedo sentirte, Charly... Tu mano en mi pecho. ¿Por qué?
—Porque te amo, y el amor es un sentimiento poderoso.
—Charly, hay algo que aún no hemos intentado.
—¿Qué es?
—Sigue amándome con la misma intensidad y cierra los ojos.
Charly obedeció, cerrando los ojos. Sintió algo rozar sus labios, una caricia suave que se intensificaba. Había calor en ese beso, un calor que nunca había sentido en vida, pero que ahora, en su muerte, experimentaba.
Los labios de David eran suaves, como su mano, como su sonrisa, como su corazón. Charly percibió el aroma de su perfume, ¿siempre había olido así? Sintió los dedos de David acariciando su cabello, como él lo había hecho antes. Sintió un breve jadeo y el viento soplando en esa noche fría. La luz de un farol iluminaba sus rostros. Charly sintió todo al mismo tiempo, como si un pedazo de su vida regresara por un instante. Se sintió vivo, tan vivo que olvidó que estaba muerto.
Su alma se volvió más ligera, liberada de alguna manera. Era como si, sin pensarlo, se elevara en el aire. El viento despeinaba sus cabellos mientras buscaba los labios de David, pero no los encontraba.
La figura de David se alejaba, se desvanecía ante sus ojos. Se estaba despidiendo, desapareciendo.
Lo último que escuchó de David fueron cinco palabras que resonaron en su corazón mientras se desvanecía:
—¡Hasta luego, Charly! ¡Lo lograste!
Las manos de Charly se agitaron en el aire, como si quisiera estar más cerca. David no quería que se fuera, pero lo dejó ir.
Cuando Charly estaba vivo, se había enamorado de su mejor amigo, un amor no correspondido. En su muerte, se enamoró de David, quien también lo amaba. Lo que necesitaba para trascender era encontrar un amor mutuo, y ese amor era David.
Quizás no había encontrado el amor de su vida, pero había conocido el amor de su muerte, y ese amor no lo abandonó hasta el final.
—Hasta luego, David. Lo logramos.
Y Charly desapareció. Finalmente se había ido, pero esta vez era para siempre.
El cielo comenzó a llorar, y las lágrimas de David se mezclaron con la lluvia. Recordó cómo a Charly le gustaba la lluvia, y lo último que deseaba era imaginarlo feliz corriendo bajo esta, cuando era imposible que eso sucediera.
David soltó un grito ahogado, uno que tal vez nadie escuchó, pero si alguien lo hubiera hecho, habrían comprendido que su corazón estaba completamente roto.
Había amado por primera vez en su vida. No se había enamorado de un cuerpo, sino de un alma. Algún día, ambos se amarían por toda la eternidad, porque la vida es efímera, pero la muerte promete un amor eterno.