CAPITULO 6
Había regresado a casa, pero mi mente seguía atrapada en los recuerdos de Alaia. ¿Cómo estaría en el cielo? ¿Pensaría en mí tanto como yo en ella?
Mi madre llamó a la puerta de mi habitación para preguntarme cómo me había ido en la ciudad, y si había conocido a algún chico, pues según ella, parecía que me quedaría soltera para siempre con lo poco que salía.
No podía contarle la verdad. Primero, porque no me creería. Y segundo... porque Alaia era una chica.
La conversación fue breve. Mi padre estaba ocupado trabajando y no sabía mucho de él. Me bañé, me vestí y salí a encontrarme con Estrella para revisar los últimos detalles del restaurante: mesas, sillas, pintura. Faltaba poco.
—¡Hola! Te he tenido esperando mucho tiempo —dijo finalmente al llegar.
—Definitivamente no —le respondí con sarcasmo mientras subía al auto. Ambas nos reímos.
—Lo siento, mamá me tenía agobiada con sus preguntas de siempre... —hizo una pausa—. ¿Por qué no pones música mejor?
Salir sin música no era una opción para nosotras, era un ritual sagrado. Comenzamos a cantar y a bailar. Somos ARMYS, fanáticas de BTS. Ese tipo de conexión nos hacía sentir vivas.
Llegamos al lugar que pronto sería mi restaurante. Faltaban algunos toques, pero lo esencial ya estaba. Lo único que no tenía aún... era nombre.
—Kaia, ¿ya sabes cuándo será la apertura? —me preguntó mientras entrábamos.
—Sí, haré todo lo que pueda para que sea la próxima semana —le respondí sentándome en una de las sillas nuevas.
—Me encanta la idea. Estoy segura de que será un éxito rotundo.
—Gracias por creer en mí, Estrella. De verdad, eres un gran respaldo.
Mientras inspeccionaba la cocina, me preguntó:
—¿Y ya pensaste en un nombre?
Respondí sin pensarlo demasiado:
—Moon Flower.
Reflexionó un instante, luego sonrió.
—Me gusta... sí, me gusta mucho.
—Lo visualizo perfecto aquí —le dije, señalando una pared al costado del restaurante.
—¿Y esa pared por qué no la han pintado?
Me miró confundida. Le expliqué que había decidido dejarla así, sin color.
—¿Por qué?
—Quiero que los clientes dejen ahí sus pensamientos, sus iniciales, lo que sientan. Ya sabes... a veces me pongo sentimental.
—Kaia, no dejas de sorprenderme. ¡Es una idea hermosa! —dijo riéndose a mi lado.
Terminamos el día yendo al supermercado a comprar ingredientes. En el camino de regreso, me contó que después de la apertura se mudaría a la ciudad para continuar con sus estudios. Me llené de alegría por ella. Siempre la apoyaría, como ella lo hizo conmigo.
Los días pasaron volando. El restaurante estaba listo. Llegó el gran día.
No dejaba de pensar en Alaia. ¿Estaría bien? ¿Se acordaría de mí? Mientras me arreglaba, sostuve el collar con la anillo que me dejó y pedí en silencio que, de algún modo, pudiera sentir mi cariño.
Corrí al restaurante; ya se me hacía tarde. Era el día de recibir a mis comensales, a mi nueva familia laboral. La emoción me desbordaba.
Mis padres, mis tíos, incluso todo el pueblo estaba allí. Algunos murmuraban, sorprendidos de que lo había logrado. Otros celebraban con orgullo. Estrella se quedó a mi lado, dándome ánimos para hablar en público. Sabía que el pánico escénico me dominaba.
La apertura fue un éxito. Todos alabaron mi comida, especialmente mis postres. Escuchar sus comentarios me llenó de una dicha indescriptible.
Con el tiempo, logré juntar dinero y comprarme una pequeña casa. Era modesta, pero acogedora. Vivir sola me daba libertad. Mis padres solían decir que poner un restaurante era un error, pero yo les demostré lo contrario.
Seis meses pasaron desde la inauguración. El restaurante seguía siendo un éxito. Siempre lleno, siempre cálido. No llamaba empleados a quienes trabajaban conmigo; eran mi familia. Y esa pared donde dejaban sus mensajes estaba casi llena, así que pinté otra para continuar la tradición.
Estrella logró mudarse y estudiar. Le iba excelente, aunque mis tíos seguían creyendo que trabajaba en el aeropuerto. Así lo preferíamos, de momento.
Y si me preguntas por Alaia... no supe más de ella desde aquella noche en que ese hombre extraño se la llevó. A veces siento su presencia, como si el viento me susurrara su nombre. Su aroma llega de la nada y la busco desesperadamente, pero nunca está.
Sueño con ella todas las noches. Eso me reconforta. El collar que guarda su anillo siempre lo llevo conmigo.
Pero últimamente... algo extraño sucede.
En mi nueva casa, escucho pasos por la noche. Siento que alguien me observa. Voces suaves me llaman por mi nombre. Me incomoda. Nunca me había pasado algo así.
Intenté no darle importancia. El restaurante requería mi atención. Aquella noche, mientras hacía el inventario, noté que ya era más de la 1 a. m. No entendí cómo se hizo tan tarde.
Terminé y me preparé para volver a casa. Las calles estaban desiertas. Al llegar a la esquina, un grupo de ebrios bloqueaba mi camino. Me dio miedo. Pero tenía que cruzar.
Uno de ellos se acercó. Intenté ignorarlo, pero pronto me rodearon. Tiraban de mí, intentaban tocarme. Grité. Patalee. Eran muchos.
Y entonces...
Todo salió volando.
El viento sopló con una fuerza inhumana, empujando a los hombres como si fueran papel. Caí al suelo, me lastimé el rostro.
Cuando abrí los ojos, un hombre me ofrecía su mano. Pensé que era un vecino.
—¿Estás bien, Kaia? —preguntó, ofreciéndome un pañuelo para limpiar la sangre del labio.
—Sí... gracias. ¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre?
—Perdona mi falta de cortesía —dijo con una voz grave, pero serena—. Soy Eros.
Antes de que pudiera decir algo más... desapareció.
Me levanté, entré a mi casa, cerré con llave y me quedé pensando en lo ocurrido. Estaba tan agotada que, sin entender nada, me dormí.
Al día siguiente, me preparé para ir de compras. Frente al espejo, noté que mi herida ya no estaba. Ni rastro. Como si nada hubiese pasado. ¿Lo había soñado?
Fui al supermercado. Me topé con mis tíos. Me preguntaron cómo iba todo. Les respondí que excelente, sin mencionar la madrugada anterior.
Me informaron que Estrella vendría de visita ese fin de semana. Que estaban orgullosos de su trabajo en el aeropuerto. Reí por dentro.
Mientras caminaba por uno de los pasillos, lo vi. Eros. O eso creí. Quise alcanzarlo para agradecerle, pero desapareció otra vez.
Y entonces lo recordé.
Alaia me había hablado de él. Eros. El ángel con quien no quiso casarse. El que odiaba a los humanos.
Mi estómago se hizo un nudo.
¿Qué hace aquí?
¿Por qué me salvó?
Y sobre todo... ¿qué significa su presencia en mi vida?
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MOON FLOWER
FantasyUna chica se enamora de una ángel, hasta que su vida torna un raro giro y tienen que pasar Miles de adversidades para poder estar juntas, la ángel se convierte en hechicera ...
