Capitulo 9

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CAPITULO 9


La mañana llegó, y como siempre, abrí el restaurante. No le conté a nadie lo que sucedió anoche con esos hombres. ¿Qué iba a decir? Nadie me creería, y sinceramente, solo quería fingir que todo estaba bien.

Pero no lo estaba.

Desde aquel momento, no dejo de sentir que alguien me sigue. Tal vez es paranoia, o tal vez no. Me cuesta concentrarme. Incluso cocinar, lo que más amo, se ha vuelto una rutina automática, sin alma.

Esa mañana, me senté en la barra a intentar ordenar mis pensamientos. Y entonces lo vi.

Ahí estaba. El mismo hombre que me salvó anoche.

—Hola, Kaia. Tienes un restaurante hermoso —dijo, como si nada.

Me puse de pie, desconcertada.

—Gracias... ¿cómo puedo llamarte?

—Eros. Soy amigo de Alaia.

Un frío me recorrió la espalda. ¿Cómo podía presentarse así? ¿Amigo? ¡Él fue quien le hizo tanto daño! Sentí rabia. Quería golpearlo, gritarle. Por su culpa, Alaia desapareció. Y yo... no tenía noticias de ella desde hacía semanas.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está Alaia? ¿Está bien? ¿Qué le hiciste, imbécil?

—Kaia, por favor. Cálmate. Ella está bien. Me envió para cuidarte, pero necesito contarte todo... ¿podemos hablar a solas?

No confiaba en él. Pero si realmente sabía algo de Alaia, tenía que escucharlo.

—Vamos al parque de la esquina. Pero si intentas algo, gritaré tan fuerte que vendrá todo el vecindario.

Nos sentamos en una banca bajo la sombra de un árbol. A pesar del calor, me sentía helada.

—Sin rodeos. ¿Qué le pasó a Alaia?

—Está bien, Kaia. Está en el Inframundo.

—¿Perdón? ¿Por qué demonios está en el Inframundo y no en el cielo, que es donde debería estar?

—Si dejas de interrumpirme con cada frase, puedo explicarlo. Ares me dijo que eras temperamental. Empiezo a entender por qué.

—Tú y Ares son igual de insoportables.

—Jajaja... eso dicen. Mira, si quieres saber todo, tendrás que escucharme. No será corto.

Y así lo hizo. Habló durante más de cuatro horas. Me contó todo: la caída de Alaia, su destierro, la batalla con Rosell, su transformación en hechicera, el poder que estaba adquiriendo, y el deseo de regresar al mundo humano... por mí.

Era demasiado para procesar. Pero, por primera vez en mucho tiempo, sentí alivio. Alaia estaba viva. Y me amaba. Me sentí estúpida por haber dudado.

Hasta que él dijo algo más.

—Soy Lucifer.

Lo miré incrédula.

—¿Perdón?

—Sí. Eros es mi nombre de antes. Pero ahora soy Lucifer, el nuevo regente del Inframundo.

Me quedé en silencio. Toda mi vida me enseñaron que Lucifer era el mal absoluto. El enemigo de la humanidad. Y ahora estaba sentado a mi lado, ofreciéndome su protección.

—Tranquila —añadió con suavidad—. Alaia me pidió que te cuidara. Ella está preparándose para poder vivir entre los humanos. Pero para que eso sea posible... necesitas hacer algo tú también.

—¿Qué cosa?

—Un ritual. Para convertirte en mi protegida. O, más precisamente, en mi hermana.

—¿Hermana? ¿Qué significa eso? ¿Qué implica? ¿Estaré en peligro? ¿Alaia lo aprueba?

—Kaia, haces tantas preguntas que me mareas. Sí, Alaia está de acuerdo. Por eso estoy aquí. Si no, jamás me habría acercado.

—Está bien... dime qué debo hacer.

—Primero, necesito que me invites a tu casa. El ritual debe hacerse allí. También haremos algunas compras en el camino. Y, por cierto, verás mi verdadera forma.

—¿Cómo? ¿Tienes cuernos y cola o algo así?

Solté una carcajada, medio nerviosa.

—Exactamente. Así que, por favor, no te desmayes. La última vez que me invocaron, un humano murió del susto.

¿Estaba bromeando? ¿O hablaba en serio?

—Entonces solo tengo que invitarte, seguir tus instrucciones y... no morir. Sencillo —dije, tratando de sonar tranquila, aunque por dentro tenía un nudo en el estómago.

Cuando llegamos a mi casa, preparamos todo. Él trazó un círculo de sal y fuego a mi alrededor. Me pidió que respirara profundo. Y luego... se transformó.

Ya no era el hombre de antes. Era una criatura imponente, con alas negras, cuernos afilados y una mirada que parecía ver mi alma. Me costó no gritar.

Pero obedecí.

El ritual duró unos minutos. Una energía cálida recorrió mi cuerpo, y luego... todo quedó en silencio. Ya no era solo Kaia. Ahora era... su hermana. De algún modo, parte de algo más grande.

—Felicidades, hermanita —dijo con una sonrisa ladeada.

—¿Eso fue todo?

—Bueno... olvidé mencionar algo.

—¿Qué cosa?

—A partir de ahora, debes evitar el ajo, el agua bendita y todo lo relacionado con lo religioso. También evitar oraciones. Y si te lastimas, sentiré tu dolor.

—¡¿Qué?! ¿Y ahora me lo dices? ¡Soy chef! ¿Cómo se supone que cocine sin ajo?

—No dije que no puedas cocinarlo. Solo que no lo toques directamente con las manos desnudas. Usa guantes. Ah, y otra cosa: no despiertes a tu bestia interior.

—¿Mi qué?

—Todos los humanos tienen una. Pero ahora que tienes poder infernal, si pierdes el control... podrías transformarte por completo en demonio.

—¿¡Y tú ibas a decirme esto cuándo!? ¡Esto es una locura!

—Por eso no te lo dije antes. Sabía que reaccionarías así. Pero tranquila... mientras estés en calma, todo estará bien.

Respiré hondo. Esto ya no era solo magia o romance. Era otra vida. Un nuevo mundo.

Pero si era el camino para volver a ver a Alaia, estaba dispuesta a recorrerlo. Con miedo, sí. Pero también con amor.

Y ahora, con un hermano... demonio.

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