CAPITULO 14

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CAPITULO 14


Después de algunos minutos, mi señorita seguía siendo un pequeño gatito, mientras me explicaba todo lo que tuvo que hacer para lograr esa transformación. Según me contaba, no fue nada sencillo.

Requería mucha práctica, además de una fortaleza mental, emocional y espiritual considerable. Me sorprendía ver cómo Alaia, quien había sido el ángel más bello, ahora era también la hechicera más hermosa.

Poseía una fuerza mucho mayor a la que tenía como ángel. Se había superado a sí misma y demostrado al mundo —y a mí— que podía convertirse en una gran hechicera.

El tiempo pasó sin que me diera cuenta. No tenía idea de la hora. El ambiente del bosque era sereno, apacible... y estaba en buena compañía.

—Kaia, mi pequeña —me dijo con voz suave—, necesitamos hablar sobre lo que Eros mencionó una vez... sobre tu lado salvaje.

Recordé perfectamente aquel momento en que presencié su transformación en Lucifer. Fue entonces cuando Eros hizo alusión a eso, pero después no volvimos a hablar del tema. Solo dijo que tú me darías las respuestas.

—Sí, exactamente. Ser la hermana de Lucifer no es solo un título, Kaia. En realidad, eres parte demonio. Y por eso, hay cosas que necesitas saber —explicó con seriedad.

—¿Cosas como qué? —pregunté sin esconder mi inquietud.

—Por ejemplo... no puedes manejar objetos que sean perjudiciales para los demonios. Y si llegas a sentir emociones negativas muy intensas —ira, odio, deseos de venganza— esa parte demoníaca en ti podría manifestarse... y causar daños irreparables.

Interrumpí, un poco asustada:

—¿Irremediables en qué sentido? ¿Voy a arder en las llamas del infierno o qué significa eso, mi niña?

Ella negó con la cabeza, mirándome con dulzura.

—No al punto de sufrir en el infierno... pero podrías destruir a quienes te hayan herido, sin piedad. Y en el proceso... podrías transformarte. Tu cuerpo podría cambiar y perderías la belleza que me enamora, esa que llevas tanto por dentro como por fuera.

Al oír esas palabras, algo en mí se quebró... y al mismo tiempo, algo se encendió. Saber cuánto valoraba todo de mí, incluso lo que yo no podía ver, me hacía sentir profundamente amada.

No importaba lo que dijera sobre convertirme en una forma demoníaca; lo que ella me hacía sentir era algo que jamás imaginé experimentar en esta vida. Y sé que ella también lo siente. Lo noto cada vez que la miro a los ojos.

—Entonces debes mantener la calma —continuó Alaia—. Conozco parte de tu pasado, pero solo de forma superficial. Necesito que algún día me cuentes realmente las razones detrás de tus acciones... esas de las que tanto te arrepientes.

Sus palabras tocaron fibras muy profundas. Recordé lo que había vivido. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Alaia me tomó la mano con suavidad.

—Esperaré hasta que estés lista para conversar. No te preocupes, mi niña, estaré a tu lado. No estás sola.

Alaia seguía sanando heridas que no había causado. Y estar junto a ella me hacía sentir bien, viva... libre. Me di cuenta de que había intentado llenar un vacío que, en realidad, nunca existió. Solo que no podía sentirme bien conmigo misma, ni siquiera podía aceptarme. A veces me hicieron creer que no valía nada.

Pero con Alaia, todo era distinto. Cada palabra, cada gesto, cada abrazo... eran reales. No tenía que fingir emociones que no sentía. No tenía que ocultar quién era.

Quería contarle todo lo que había hecho. Pero me daba vergüenza. Ni siquiera sé por qué lo hice en su momento. Lo único que sé es que quiero estar a su lado, sin importar el riesgo. Por ella, haría cualquier cosa.

Se acercó, ya de nuevo en su forma humana, y tomó mis manos con esa delicadeza que me derretía el alma. Me miró con ternura, con ese brillo en los ojos que decía más que cualquier palabra.

—Estaré a tu lado siempre —me dijo—. No me importa lo que hayas vivido. Te aprecio por lo que eres ahora, por lo que despiertas en mí. Es algo indescriptible. Soy una hechicera, pero estoy en el mundo humano solo por ti. Porque deseo estar contigo, apoyarte en cada decisión, y celebrar cada uno de tus logros.

No pude contener las lágrimas. Cada palabra hacía latir más fuerte mi corazón. Sentí que iba a salirse de mi pecho por la emoción que me embargaba.

—Gracias, mi amorcito... por confiar en mí, por quererme así. Créeme, me haces inmensamente feliz. Me haces sentir la mujer más valiosa del mundo. Te agradezco con toda mi vida.

Salimos del bosque al amanecer y regresamos al hotel. Todos dormían. Entramos en nuestra habitación y nos relajamos. Yo estaba agotada, y Alaia también. Me confesó que transformarse en gato le resultaba muy demandante.

Cuando amaneció, decidimos desayunar con todos. Estrella y Ares estaban muy cerca el uno del otro. No sabía qué había pasado entre ellos, pero estaba segura de que después me lo contaría todo con lujo de detalles.

Eros, como siempre, no aparecía por ninguna parte. Pero eso ya no nos sorprendía: tenía la costumbre de desaparecer sin avisar.

Mientras desayunábamos, compartíamos chistes y hablábamos de mil temas. Con Ares, todo fluía mucho mejor últimamente. El ambiente era alegre, sin tensiones.

Después salimos a explorar la ciudad. Comprábamos cualquier cosa que llamara nuestra atención. Ares y Estrella paseaban de la mano. Era inusual ver a Estrella así... normalmente sus aventuras eran de una noche y nada más.

Alaia y yo también caminábamos tomadas de la mano. Observábamos vitrinas, nos reíamos de cosas tontas. Nos sentíamos bien.

—¡Hola! ¡Vayamos al cine! —gritó Estrella de repente, emocionada.

Me giré hacia Alaia, y su expresión me causó ternura.

—¿Qué significa eso de cine, mi pequeña? —me preguntó asombrada.

Antes de que pudiera responder, Ares intervino:

—Alaia, es muy obvio. Un cine es donde pasan películas. Puedes comer palomitas y tomar refrescos.

—Ares, ¿desde cuándo sabes tanto del mundo humano?

—Bueno, Estrella ya me explicó sobre las actividades que hacen aquí para divertirse.

—¿Así que tú y Estrella estuvieron lo suficientemente cerca como para hablar de eso? —pregunté, entre broma y curiosidad.

Ellos se miraron con complicidad. Entonces sonreí y propuse:

—Entonces vamos al cine yo invito.

MOON FLOWERDonde viven las historias. Descúbrelo ahora