CAPITULO 15
Ha llegado el momento de regresar al pueblo. Después de salir del cine, pasamos toda la tarde intentando comunicarnos con Eros. Lo llamamos repetidas veces, pero no logramos localizarlo. Ares intentó buscarlo en su forma verdadera, pero tampoco pudo hallarlo.
Lo más inquietante era que ni siquiera se encontraba en el infierno. Hécate y Agatha también lo buscaron sin éxito. Ya no podíamos seguir con la búsqueda. Alaia me aseguró que Ares se encargaría de encontrarlo. No teníamos más opción que volver.
Llegamos al pueblo al anochecer, agotadas por el trayecto.
—Disculpe, mi señorita, debo marcharme. Algo raro está ocurriendo y ya no logramos comunicarnos con Ares —dijo Alaia con seriedad.
—Está bien, mi niña, ten mucho cuidado, por favor. Aquí te estaremos esperando.
—Estrella, Kaia, por favor, no salgan. No abran la puerta si llaman. Podrían parecerse a nosotros, pero no serán quienes dicen ser. Podrían ser entidades oscuras. Nosotros nos pondremos en contacto.
—De acuerdo, Alaia. Aquí permanecemos y nos protegemos entre Kaia y yo —dijo Estrella con firmeza.
La abracé con fuerza, sintiendo el calor de su cuerpo disiparse lentamente entre mis brazos. Luego, simplemente se desvaneció.
Nos quedamos en silencio. La casa era un mausoleo iluminado apenas por la tenue luz del televisor. Cerramos todas las puertas y ventanas con telas negras para evitar cualquier indicio de que estábamos allí.
—Estrella, ¿qué crees que está pasando? Ya son más de la una de la madrugada.
—No lo sé, Kaia... Me asusta que todavía no tengamos noticias de nadie —suspiró con el ceño fruncido.
—Creo que lo mejor será dormir un poco. Debemos estar descansadas para lo que venga.
—Está bien, pero... ¿y si dormimos juntas?
—Claro, vamos —respondí. Nos dirigimos a mi habitación sin encender luces, sumidas en un silencio espeso que solo el cansancio logró romper.
Unos golpes nos sobresaltaron. Abrimos los ojos. Eran las 3:33 am.
Una hora maldita.
Ruidos extraños surgieron afuera: cadenas arrastrándose, crujidos en la madera. Los golpes en la puerta se hicieron insistentes, descompasados y violentos.
Corrimos a la sala, el corazón martillando en el pecho. Afuera, algo se movía con agresividad.
—¡Kaia, las voces! —exclamó Estrella con pánico. Escuchamos con atención.
—Por favor, mi señorita, ábrenos, hemos regresado —dijo una voz que sonaba exactamente como Alaia.
—¡Es Alaia! ¡Y Ares! —añadió Estrella.
Pero de inmediato, algo dentro de mí se estremeció. Recordé sus palabras: "No abriran la puerta... ni siquiera si suenan como nosotros."
—Espera, Estrella... Alaia dijo que no llamarían si regresaban... No pueden ser ellos —dije mientras la sujetaba del brazo.
El silencio cayó de golpe. No más voces. No más golpes.
Solo por un momento.
De pronto, los golpes regresaron, esta vez ensordecedores. Las cadenas golpeaban como látigos metálicos contra la puerta. Un ruido bestial, inhumano. Nos lanzamos al suelo cubriéndonos los oídos, pero, aun así, el dolor era insoportable. Sentí que mi cráneo iba a estallar.
Estrella estaba convulsionando, sus ojos en blanco por el dolor.
Y entonces sucedió. Algo dentro de mí se quebró. Fue como si un volcán dormido despertara. El sufrimiento de Estrella me encendió como una mecha.
Mi cuerpo ardió en fuego invisible. No sabía cómo, pero me vi fuera de la casa.
El aire estaba pesado, olía a azufre. A mi alrededor, decenas de criaturas rodeaban la casa. Sombras humanas, encadenadas entre sí, con ojos sin pupilas que brillaban tenuemente. Arrastraban sus cadenas con movimientos espasmódicos. Y entre ellos, enormes lobos de pelaje oscuro como la noche rascaban las ventanas con zarpas ensangrentadas.
Pero ninguno me notaba aún. Estaban demasiado concentrados.
Avancé hacia ellos sin saber cómo. Algo me guiaba. Pero una mano suave me detuvo.
Me giré.
Era ella.
Alaia.
La vi y todo se detuvo. Mi corazón encontró su ritmo y supe que todo estaría bien. Venía acompañada de Agatha y Eros, quien cargaba a Ares, inconsciente, sobre su espalda.
Agatha alzó su báculo. Un destello azul emergió de su hechizo, expandiéndose como una ola de luz en medio de la oscuridad. Las sombras y los lobos comenzaron a retorcerse, chillando como si ardieran por dentro, y en segundos... se deshicieron en cenizas.
Entramos de nuevo a la casa. Estrella seguía en el suelo, temblando, la mirada fija en la puerta.
Pero al ver a Ares herido, se levantó de golpe y corrió a su lado.
—¿Estás bien, mi niña? —me preguntó Alaia mientras lanzaba otro hechizo desde el umbral, sellando la casa contra futuras presencias oscuras.
—Ahora sí, mi amor. No teníamos noticias de ustedes. Fue una tortura. ¿Sabes quién los envió? ¿Quién hizo esto?
—Sí... no es un ser común. Aunque parece insignificante, es uno de los brujos oscuros más poderosos. Antiguo colaborador de Lucifer. Se llama...
Hizo una pausa.
—...Mafius.
El nombre resonó en la sala como un eco maldito.
—¿Mafius? —repetí, sintiendo un escalofrío.
—Está intentando resucitar a Lucifer. Por eso envió a sus entidades. Pero no te preocupes, mi amor. No permitiré que te toque. Estamos preparados. Todo saldrá bien.
—Gracias por regresar a mí, Alaia. Gracias por cumplir tu promesa. Yo también estaré contigo, siempre.
Afuera, en la oscuridad más allá del bosque, un cuervo se posó en una rama.
Sus ojos rojos brillaron antes de soltar un graznido agudo.
A lo lejos, en un templo olvidado y cubierto de cenizas, una figura encapuchada observaba una piedra flotante con la marca del antiguo Lucifer.
Una sonrisa cruzó su rostro.
—Ya despertaste, pequeña Kaia. Qué interesante será destruirte —susurró Mafius.
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MOON FLOWER
FantasíaUna chica se enamora de una ángel, hasta que su vida torna un raro giro y tienen que pasar Miles de adversidades para poder estar juntas, la ángel se convierte en hechicera ...
