capitulo 3

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                                                                                        CAPITULO 3


—Mi nombre es Alaia —respondió en un hilo de voz.

Le ofrecí mi mano para presentarme.

—Hola, soy...

—Kaia. Sí, sé quién eres —me interrumpió bruscamente.

Me quedé sorprendida. ¿Cómo podía conocerme? ¿Quién era en verdad? Definitivamente no era alguien a quien yo conociera. Por un momento pensé... ¿y si era un demonio? Pero me tranquilizó al decirme que no lo era.

—Soy un ángel —dijo, sonriendo.

¿Podía esta chica leer mis pensamientos?

—No, Kaia, te estás equivocando otra vez. No tengo la habilidad de leer pensamientos. Simplemente los escucho, como si fueran música —su tono era serio, pero con un toque dulce. Esta chica era difícil de entender.

—Tal vez estás tratando de enloquecerme, como si estuviéramos en un programa de televisión de cámaras ocultas. O claro, Estrella no podría evitar hacer una de sus bromas. Seguro te contrató, ¿verdad? —me eché a reír.

—Estrella, tu prima, no tiene nada que ver con esto. Sé que eres escéptica, pero lo que te digo es verdad. Y te lo voy a demostrar.

—¿Qué? ¡¿De qué estás habl...?!

No me dejó terminar la frase. De repente, unas enormes alas emergieron de su espalda. Estaban lastimadas, manchadas de sangre, pero aun así eran majestuosas.

—¿Quién eres tú? —No podía articular bien las palabras. Me sentía asustada, pero también impresionada por su belleza. Parecía salida de otro mundo, como si un personaje de cuento hubiera cobrado vida.

—Ya te lo dije: soy un ángel. No te engañé. Los ángeles somos incapaces de mentir. Pero necesito tu ayuda. Necesito conseguir algunas plantas para sanar. De lo contrario, lejos del cielo, mi vida corre peligro.

Le di papel y lápiz para que anotara lo que necesitaba. Me devolvió la hoja:

1. Flor de luna

2. Albahaca

3. Ruda

4. Flores rojas y blancas

—¿Flor de luna? ¿Qué clase de planta es esa?

—Es una flor blanca que simboliza a la diosa griega de la luna. Se abre solo por las noches y tiene propiedades curativas poderosas, a pesar de su apariencia sencilla.

—De acuerdo. Voy a buscar lo que necesitas. Espera aquí —le indiqué al salir de la habitación.

"¿Hacia dónde prefieres que me dirija, genio?", escuché que murmuraba tras la puerta. Pero lejos de enfadarme, me causó gracia. Había algo en ella que me intrigaba. O me había hechizado, o simplemente... quería ayudarla.

Salí del edificio y tomé un taxi, ya que mi auto seguía averiado. Visité varias florerías en busca de la flor de luna. Tras dos horas de búsqueda, una mujer en una pequeña tienda me dijo que solo los santeros solían tenerla. Le pedí al conductor que me llevara allí. Finalmente la conseguí y regresamos al hotel.

—¡Regresé! —exclamé al entrar.

—Lo noté —respondió desde el baño.

Dejé sus cosas junto a la puerta y me dirigí a la cocina. Como aún se tardaba, decidí preparar un flan.

Pasaban de las cuatro de la mañana cuando me quedé dormida en el sofá. Sentí que alguien me movía y desperté sobresaltada. Pensé que era un temblor, pero no: era Alaia.

—Mira, Kaia —me dijo con entusiasmo—. Mis alas regresaron. Ya estoy mucho mejor. No voy a morir.

Comenzó a girar sobre sí misma, sonriendo. Era la primera vez que la veía así de feliz. Supongo que recuperar sus alas significaba todo para ella.

—Están preciosas... ¿puedo? —pregunté con timidez.

—Por supuesto, ven. No te harán daño.

Se detuvo frente a mí. Era un poco más baja, pero con sus alas extendidas parecía una diosa.

Al tocarlas, sentí lo suaves que eran, como seda. Me llenó de asombro.

—Son impresionantes, me encantan. Ah, se me olvidaba: preparé flan, ¿quieres probar?

—¿Flan? —repitió con una mueca curiosa.

—Sí, es un postre muy común en la Tierra. Te va a encantar.

—Kaia, soy un ángel, no un extraterrestre —dijo, riéndose.

Las dos comenzamos a reír a carcajadas.

Le ofrecí un plato con una porción. Tomó una cucharada y lo probó.

—¡Me encanta! Es dulce y se deshace en la boca. Nunca había probado algo así.

Comenzamos a comer juntas. Me contó su historia, habló de su situación... y de Eros.

Desde que lo mencionó, comencé a detestarlo.

Me parecía absurdo que incluso en el cielo existieran leyes tan opresivas. Pero lo importante era que Alaia estaba aquí. A salvo... o al menos, eso creía.

—Kaia —me dijo con seriedad—, no quiero que enfrentes problemas por mí. Vendrán por mí. Sé que causé un caos y posiblemente me destierren. Si regreso, lo haré sin mis alas.

Escuché en silencio.

—Eres una persona maravillosa. Aunque no te conozco del todo, puedo ver tu bondad. Los ojos son la ventana del alma. Los ángeles leemos a las personas a través de ellos. En cambio, los demonios... ellos pueden arrancar un alma solo con mirar.

—Tu flan estaba increíble —añadió, sonriendo—. Estoy segura de que triunfarás con tu restaurante. Me encantaría comer allí contigo algún día.

Me puse nerviosa. Su sonrisa me llenaba de alegría. Mi corazón latía con fuerza.

—Kaia, cierra los ojos —me pidió suavemente.

Obedecí. Sentí algo liviano en mis manos: una pluma de sus alas.

—Guárdala contigo. Así sabré si estás bien o si algo te pasó. Es mi manera de protegerte.

Nos dimos un beso en la mejilla. Luego, solo nos miramos. En silencio. Felices, pero con una extraña sensación de despedida.

De pronto, seres alados irrumpieron por las ventanas. Uno se detuvo frente a nosotras. Era alto, de presencia imponente, con alas distintas a las de Alaia.

Me sorprendió. Pensé que todos los ángeles tenían alas iguales, pero cada uno tenía las suyas: diferentes en forma, color y tamaño.

—Ares... encontrarte aquí fue una sorpresa —dijo Alaia con una mezcla de ironía y resignación—. Esta vez no tardaste tanto en hallarme.

—¿Cuál fue el motivo de tu huida, Alaia? —respondió él, con una voz suave, pero profunda y firme.

—No tienes idea del caos que provocaste. Tu padre envió tropas para capturarte. Dijo que esta vez no tendrá piedad... ni siquiera contigo, su hija.

Me quedé paralizada. Era como si yo no existiera para ese ser celestial. La tensión en la habitación se volvió insoportable.

MOON FLOWERDonde viven las historias. Descúbrelo ahora